Este es el cierre del ciclo en el que analizo las posibilidades de la crítica actual y su alejamiento del público contemporáneo. “Intersección entre la crítica cultural y la materialidad de lo ordinario” empezó con un juicio a lo viral, continuó con la liquidez del contexto y la hipersubjetividad como problema, y finaliza con la búsqueda de un ámbito propio en un entorno indefinidamente fragmentado.
La tarea del crítico
In einem wahrhaft schönen Kunstwerk soll der Inhalt nichts, die Form aber alles tun; denn durch die Form allein wird auf das Ganze des Menschen, durch den Inhalt hingegen nur auf einzelne Kräfte gewirkt. Der Inhalt, wie erhaben und weitumfassend er auch sei, wirkt also jederzeit einschränkend auf den Geist, und nur von der Form ist wahre ästhetische Freiheit zu erwarten.
En una obra de arte verdaderamente bella, el contenido no debe intervenir, la forma debe hacerlo todo; solo la forma influye en la totalidad del ser humano, mientras que el contenido lo hace sobre las fuerzas individuales. El contenido, por sublime y trascendental que sea, tiene un efecto limitado sobre el espíritu en todo momento, y sólo de la forma puede esperarse una verdadera libertad estética.
La traducción es propia. En esta conclusión incluida en las “Cartas sobre la educación estética del hombre” (1795), Schiller apunta que la obra de arte no es bella por su contenido, sino por su forma. Este principio básico, pero a la vez revolucionario, revela la función esencial del crítico, fundamentada en identificar las formas propias del arte bello.
Ruido*
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Fragmentación y ruido
La figura del crítico ha cambiado drásticamente en los últimos años, debido a la dispersión de los medios de comunicación. Los críticos han dispuesto tradicionalmente de plataformas consolidadas como periódicos, revistas especializadas y programas de televisión, desde donde podían compartir sus análisis con una audiencia interesada en su discurso, su autoridad se sustentaba en medios que proporcionaban alcance y legitimidad. El público, habitualmente mínimo en comparación con otros contenidos, encontraba en las valoraciones de prestigio un filtro para comprender obras, tendencias y corrientes culturales.
Sin embargo, desde principios de siglo, los medios tradicionales han perdido su monopolio sobre la difusión de ideas, dando lugar a un ecosistema de comunicación mucho más fragmentado. Los medios digitales permiten que cualquiera pueda opinar, estos soportes han multiplicado las voces, diluyendo en cierta medida la influencia del crítico tradicional. Las audiencias están fragmentadas en múltiples plataformas en las que el contenido se mide por su capacidad para generar interacciones, sin tener en cuenta su profundidad o rigor. En este contexto, el discurso crítico se enfrenta a la dificultad de destacar, en un entorno saturado de información efímera y entretenimiento ligero.
Sin embargo, el ruido que retumba alrededor del discurso crítico puede ser amortiguado mediante un cambio de hábitos.
La continuación de la secuencia crítica
Lo viral no actúa como cancelación del discurso crítico a pesar de que, como comentábamos en un texto anterior, sería su objetivo a largo plazo a partir de una ridiculización gradual del canon. La opinión popular no apaga la crítica tradicional, no existe un lapso en el discurso crítico; a pesar del ruido, las voces autorizadas han mantenido vigente una secuencia crítica que, aún acuciada por el creciente estrépito, ha continuado el análisis.
El público
Los medios de comunicación masivos nos regalaron las audiencias, la publicidad nos ha vendido al público. Lo que en teoría de la comunicación se identificó como receptor, la modernidad lo ha convertido en una pluralidad. Adoptemos entonces el concepto de público.
El público histórico interesado en los códigos de la crítica ha dispuesto, desde la Ilustración, de varios medios para acceder a un discurso de su interés. El público actual interesado en los códigos de la crítica sigue disponiendo de varios medios para acceder a un discurso de su interés. Esta es la conclusión principal que se infiere de este ciclo de textos.
El perfil inmutable
También del marketing recogemos el concepto perfil; de la sociología, el cuestionable clivaje. El público interesado en la crítica ha constituido un perfil con inclinaciones hacia el análisis y el debate, he aquí una premisa obvia. Se trata de personas que rechazan, en ciertas circunstancias, el consumo inmediato y superficial, este tipo de audiencia valora la profundidad, el rigor y la capacidad de argumentación, entendiendo que la crítica no es solo una opinión, sino la posibilidad de interpretar y contextualizar una obra dentro de un marco más amplio.
A pesar de la fragmentación de los medios y la democratización de la opinión, este público conserva las mismas necesidades y, a favor de todo pronóstico, se mantiene invariable tanto a los cambios tecnológicos, como al sesgo de clivajes que varían con rapidez. Aunque los canales de difusión han virado hacia un discurso rápido, emocional y superficial, la esencia del discurso crítico se mantiene y su audiencia sigue siendo la misma.
El sector informativo, tomado este concepto en un sentido amplio, sí se ha transformado, con el objetivo de emanar noticias que se consumen de manera rápida y desordenada; pero la crítica sigue siendo un refugio para quienes buscan un discurso fundamentado, orientado a un público perpetuado en sus deseos y necesidades.
La transformación de los medios
La evolución de los canales de los que se valía el discurso cultural general ha sido un proceso inevitable provocado por la era digital, pero lejos de significar su desaparición, ha supuesto nuevas oportunidades para el acceso y difusión de nuevos contenidos analíticos. La crítica cultural se ceñía a programas de televisión especializados, espacios de radio habitualmente en horario de madrugada, suplementos de periódicos y revistas especializadas, lo que limitaba su alcance, hoy, gracias a la diversificación de las plataformas, el análisis cultural ha encontrado múltiples espacios de difusión.
Una de las causas de la intersección a la que hago referencia es que el público definido anteriormente debe hacer un esfuerzo por desentumecer costumbres hasta ahora inamovibles, que además exigen un período de aprendizaje. Como apuntamos en un texto anterior, las redes sociales tienen poco fundamento como plataforma de contenido crítico, sin embargo, los blogs o los podcasts ofrecen canales más que adecuados para disponer de discursos críticos interesantes. Al esfuerzo del primer contacto, sigue un proceso de desbroce abrumador, dada la intensa oferta de contenido intrascendente. Es esta tarea de selección lo que permite acallar el ruido ambiental.
Conclusiones
Conclusiones
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Conclusiones
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Catástasis y hamartia
En el texto anterior vaticiné un cambio a corto plazo respecto a la crítica de nicho y la necesidad de recuperar un método integral sujeto a un canon, capaz de acoger las conclusiones de la crítica especializada. Sin embargo, el cambio no será crucial para el núcleo de un discurso crítico que conserva sus fundamentos desde finales del siglo XVIII, y sí lo será para sus contenidos.
Una tenue evolución
Al principio del análisis me refería a la “Poética” de Aristóteles como el primer discurso crítico sistematizado, recupero aquí esta obra para disociar dos conceptos aristotélicos de la trayectoria de la crítica contemporánea.
La hamartia (ἁμαρτία) en Aristóteles es el error fatal que comete el protagonista en una tragedia, provocando su caída. No implica necesariamente un defecto moral, sino una falta de juicio o ignorancia, esta decisión provoca la catarsis (κάθαρσις) del público, generando una respuesta moral.
Es muy común pensar que, tanto el discurso crítico como gran parte de la alta cultura, han incurrido en una especie de confusa hamartia, no se sabe si por haberse vendido a los medios digitales, por no haberse adaptado a tiempo, o por haber abandonado, de alguna manera imprecisa, las actividades que les son propias. En cualquier caso, existiría una especie de pecado original cometido en tiempos recientes, pero percibido ya como remoto, que obliga a la cultura a vagar por los confines de lo popular. En realidad, esta trayectoria por los márgenes es inherente a la propia de la cultura de la que estamos hablando.
Ni la crítica ni la cultura en general han cometido ninguna afrenta contra la tecnología, simplemente se ha producido una adaptación extraordinariamente más lenta que la de otros discursos.
La catástasis (κατάστασις) (diferente a catarsis) es un término aristotélico menos conocido, en retórica se refiere a la situación estable previa al clímax o al momento de máxima tensión antes del desenlace. Es el punto en que la trama alcanza su mayor complejidad antes de resolverse, estructurando la transición entre la crisis y la resolución.
La crítica va a variar tanto sus objetivos como sus objetos, pero no estamos ante una circunstancia cercana a la catástasis. Es poco probable que el análisis de textos se enfrente próximamente a un cambio dramático que, como es común vaticinar, acabe de una vez con el análisis de textos culturales. La prescripción y el análisis popular no van a dar fin a una crítica tradicional que, si bien cada vez más orillada ante las detonaciones de lo vulgar, ya ha encontrado sus propios espacios de desarrollo.
Una verdad evidente
Debemos partir de la evidencia: la crítica cultural nunca ha sido un discurso masivo. Por mucho que haya quien se recuerde a sí mismo viendo un programa de televisión cultural en prime time, este tipo de contenido nunca ha sido popular, como no lo son los suplementos culturales, a pesar de la longevidad de algunas cabeceras.
La decadencia del análisis crítico no es tal, se trata de una transformación en un discurso que, aunque crucial para la cultura, nunca se ha acercado a la popularidad de manifestaciones como el arte expuesto en museos o la narrativa formal.
El título de este ciclo incluía el término intersección, este aparente cisma ha existido siempre. Numerosos textos críticos han dado origen a hechos históricos inmensamente populares, pero entre el texto y la masa hay un número reducido de intérpretes que moldean la idea original, para que el urtexto se manifieste como realidad. Esta circunstancia sigue vigente, existe una intersección entre el consumidor y el receptor, entre el usuario y el interlocutor.
La escisión entre contenidos, entre la crítica válida y lo que he llamado, de manera absolutamente innecesaria, materialidad de lo ordinario es palpable, pero ha existido desde mucho antes de que Aristóteles elevara al sabio a las alturas.
Y una mirada resentida
El asentamiento del paradigma digital ha acelerado el consumo de contenido, sin embargo, la alta cultura y la crítica referida a esta se mantienen, como decíamos, en los márgenes del consumo popular. Para los creadores y el capital asociado a la alta cultura la actualidad será un fracaso, una oportunidad perdida que podía haber popularizado ciertos productos potencialmente rentables, pero ese proceso es inaccesible para la mayoría de los objetos culturales más exclusivos, incluida la crítica.
El crítico podrá imprecar contra la novela por mantener su vigor cuando se la daba por muerta, el escritor de blog podrá maldecir las cifras de monetización de espacios dedicados a temas insustanciales, pero el discurso crítico, como parte de la alta cultura, se mantendrá semioculto a pesar de las fabulosas novedades que nos puedan ofrecer las próximas eras tecnológicas.
La mirada resentida hacia los textos que han multiplicado su predicamento tras su paso por el acelerador tecnológico es absurda, salvo si viene de alguien que espera ser espléndidamente recompensado por sus meditaciones acerca de la Paradoja de Epicuro.
Conclusiones finales
Las varias conclusiones del ciclo “Intersección entre la crítica cultural y la materialidad de lo ordinario” quedan dispersas por los cuatro textos, las más relevantes son las siguientes.
- Lo viral no puede desgastar la cultura tradicional, porque no forma un canon estable.
- Los espacios de crítica siguen siendo en esencia los mismos, así como la forma de su argumentario, aunque los contenidos y algunos canales se actualicen.
- El crítico debe mantener una perspectiva amplia, que parta del texto objeto.
- Es preciso abandonar del todo el gusto, en favor de la referencia intertextual.
- No existe un desapego al texto crítico superior al habitual, la intersección se mantiene estable.
- No se puede comparar la ágil adaptación de los textos superficiales al entorno digital con el proceso particular del discurso crítico que, aunque a un ritmo menor, también ha logrado cierta adaptación.
No existe, por tanto, un cese del crítico como árbitro. Mientras existan interlocutores dispuestos y creadores culturales que antepongan la forma al contenido, habrá canales adecuados para el discurso crítico.
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