“Variaciones del espejo” incorpora muchos de los signos propios del relato borgiano, además, el fascinante recorrido del protagonista le relaciona de forma manifiesta con la estirpe de los personajes autoconscientes.
La publicación de “Variaciones del espejo”
«Variaciones del espejo» es un relato escrito por Jorge Luis Borges en 1947. En una carta a Adolfo Bioy Casares, Borges menciona haber concebido la idea tras recuperar algunos versículos del «Sefer Yetzirá», primer libro de la cábala, que plantea un universo creado a partir de la palabra. Este texto judío incluye también un anexo con las 22 letras del alfabeto hebreo.
Fascinado por la posibilidad de un texto que construyera un universo capaz de incorporar al lector, Borges elaboró el cuento en apenas tres semanas, según sus propias palabras.
El relato fue publicado por primera vez en la revista Los Anales de Buenos Aires, fundada por el propio Borges, en marzo de 1947, en un número dedicado a las narraciones fantásticas. A pesar de la favorable acogida que tuvo el texto, Borges nunca lo incluyó en sus recopilaciones. Según palabras del propio escritor en la revista Sur en 1964, lo consideraba un relato «demasiado literal», cuya estructura resultaba «excesivamente simétrica», una crítica que él mismo aplica en otras circunstancias a varios relatos de Chesterton.
Con los años, “Variaciones del espejo” adquirió un estatus casi mítico entre los estudiosos de Borges, el relato completo solo se encuentra en antiguas ediciones de “Los Anales de Buenos Aires”, cuyo número original se ha convertido en un objeto de culto para coleccionistas.
Algunos críticos han señalado que su temática prefigura la obsesión de Borges con los reflejos y los laberintos textuales, influencias que se harían más evidentes en cuentos posteriores. Su exclusión del canon borgiano ha dejado el relato en una suerte de limbo literario, como si su propia naturaleza le impidiera pertenecer plenamente a la obra del escritor bonaerense.
El influjo de la realidad
Para analizar “Variaciones del espejo”, es preciso tener en cuenta la coyuntura política Argentina en el momento en el que Borges plantea el texto.
El primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) tiene como precedente el golpe de Estado de 1943, que derrocó al gobierno de Ramón Castillo. Perón asumió roles clave en la Secretaría de Trabajo y Previsión.
En 1945 fue detenido por los militares, pero una gran movilización popular el 17 de octubre de 1945 exigió su liberación, consolidando su liderazgo. Con apoyo sindical y una eficaz estrategia de comunicación, ganó las elecciones presidenciales el 24 de febrero de 1946 con el Partido Laborista.
Poco antes de que se cumpla el primer año de gobierno peronista, Borges concibe un relato basado en una realidad que se configura a sí misma de forma permanente, cuyo reflejo hace referencia al individuo, que se ve absolutamente mediado por las variaciones de este espejo metafórico.
Es decisivo tener en cuenta tanto el contexto político, como la opinión de Borges respecto al nuevo gobierno, al que se opuso de forma manifiesta desde su origen.
1949, “El Aleph”
“Variaciones del espejo” apareció dos años antes de la publicación de “El Aleph” (1949), una recopilación de cuentos escritos en su mayoría entre 1944 y 1947. “Variaciones del espejo” nunca fue incluido por Borges en la colección ni en ningún volumen posterior, lo que ha generado diversas especulaciones sobre los motivos de su exclusión.
Algunos críticos sugieren que Borges consideró que el relato era demasiado similar, en estructura y concepto, a “El Aleph”, debido a que ambos textos exploran la percepción total de la realidad a través de un artefacto. Es también posible que el cuento resultara demasiado explícito en su planteamiento metafísico: la idea de un libro que se reescribe y refleja al lector podría haber expuesto de forma evidente las obsesiones literarias de Borges.
En cualquier caso, las palabras que referenciamos anteriormente, en las que Borges reconoce el texto excesivamente simétrico -concepto completamente interpretable para quienes, supuestamente, nos encontramos fuera de la cabeza del escritor bonaerense-, es motivo suficiente para aceptar la exclusión del relato de las compilaciones.
Sea cual fuere la razón, “Variaciones del espejo” fue un texto obviado por el autor, que solo lo evocó ante la solicitud explícita de los entrevistadores más avezados.
Variaciones del espejo*
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Borges en “Variaciones del espejo”
Los conceptos borgianos quedan patentes a lo largo del relato, actuando de la siguiente manera.
El libro infinito
El protagonista encuentra un libro que, al abrirse, reordena sus páginas. Este libro no tiene un orden fijo y parece contener todas las posibilidades que podría experimentar el lector, un planteamiento similar al de “La biblioteca de Babel” (1941). La idea del texto infinito es recurrente en Borges y sugiere, probablemente, la utopía del conocimiento absoluto, además de la idea de que toda búsqueda del saber es, en sí misma, un laberinto sin salida.
El doble
A lo largo del relato, el protagonista se encuentra con versiones de sí mismo en diferentes épocas y lugares. A veces, estas apariciones son ambiguas: un anciano que le advierte sobre el libro, un desconocido que parece reconocerlo, una sombra reflejada en un espejo. Borges utiliza el doble como un reflejo de la identidad fragmentada, una idea que explora en cuentos como “El otro” (1975) o “La trama” (1960).
En este caso, el doble no es solo una manifestación de la multiplicidad del ser, sino la confirmación de que el protagonista es, él mismo, un personaje del libro.
El destino circular
El protagonista intenta descifrar el libro, pero cada vez que cree haber entendido su significado, descubre que ha vuelto al mismo punto de partida. Al final, comprende que su propia existencia es solo una variación más dentro del texto.
La estructura circular es una constante en Borges, el tiempo se repliega sobre sí mismo y los eventos no tienen un origen claro, sino que forman parte de un ciclo eterno nietzscheano.
El laberinto
El espacio donde el protagonista consulta el libro es un edificio de pasillos interminables.
Los pasillos se bifurcaban en rincones imposibles, formando ángulos donde la geometría parecía obedecer una lógica ajena a la nuestra. Filas interminables de estanterías, cuyas sombras se prolongaban como túneles sin fin, albergaban volúmenes de títulos ilegibles, cubiertos de polvo y olvido. La luz era escasa, tamizada por vitrales de un color incierto, y el silencio, más que una ausencia de sonido, era la opresión de todas las palabras aún no pronunciadas.
Caminaste sin rumbo, convencido de que cada giro te devolvía al mismo punto. En algún estante, oculto en su propio extravío, aguardaba el libro-espejo.
A medida que avanza en su lectura, el protagonista se da cuenta de que el verdadero laberinto no es físico, sino conceptual: el libro le lleva a una estructura de significados donde cada interpretación abre nuevas posibilidades, alejándole de la verdad definitiva.
El manuscrito maldito
El libro que encuentra el protagonista ha pasado por varias manos a lo largo de la historia, algunos de sus antiguos propietarios dejaron anotaciones en los márgenes, tratando de descifrar su significado. Estas notas suman sustratos cada vez más confusos.
El concepto de un texto maldito, que arrastra la realidad desde sus páginas, se encuentra en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (1940). En este caso, el manuscrito mutable sugiere que la verdad nunca es absoluta, sino un cúmulo de interpretaciones superpuestas.
El espejo
El protagonista se mira en un espejo en el que anteriormente ha visto signos de maldición, como las sombras que comienzan a moverse con autonomía, y ve reflejado un texto que no existe en el libro, pero que desaparece si la página se lee sin mediar. Borges asocia los espejos con el infinito y con la duplicidad ilusoria de la realidad, como en “Mañana, en Banfield” (1963), relato en el que un adolescente llega a leer en un espejo el pensamiento de sus allegados.
El lector como prisionero
A medida que avanza la lectura, el protagonista nota que ciertas frases parecen describir sus propios pensamientos y acciones en tiempo real. Esta idea, esencialmente relacionada con “El Aleph”, implica que la lectura no es pasiva, sino que transforma al lector en parte del texto.
Al final del relato, el protagonista es consciente de que no puede dejar de leer, su existencia permanecerá atrapada dentro del libro, y cualquier intento de abandonarlo solo le va a devolver a sus páginas, como ha sucedido durante las semanas previas.
La escritura como creación de mundos
El protagonista se encuentra con una sección del libro que describe un universo paralelo, donde las palabras no representan objetos, sino que los generan. Cada lectura altera ese mundo, cambiando su estructura.
Borges juega aquí con la idea de que la escritura no solo representa la realidad, sino que la moldea. Esta noción deriva de su fascinación por el filósofo irlandés George Berkeley y su idea de que la realidad es percibida y creada simultáneamente por el observador.
La desaparición del libro
El protagonista trata de mostrarle el libro a uno de los lectores recurrentes de la biblioteca, alguien con quien nunca había hablado, pero la cercanía del libro parece alejar al lector anónimo como dos imanes del mismo polo. Cuando el protagonista consigue acercarse a él, el libro se desvanece hasta convertirse en un tenue rastro vaporoso.
De nuevo, la escena implica la idea de la subjetividad como origen de una realidad que sería un constructo, que afecta tanto al sujeto como a los objetos que este percibe.
El símbolo judío
En “Variaciones del espejo”, Borges utiliza símbolos de la mística judía para construir un relato donde el lenguaje, la identidad y la realidad se entrelazan. El libro infinito que se reescribe con cada lectura proviene del «Sefer Yetzirá», volumen cabalístico que introduce la letra como origen. Esta idea también se relaciona con el origen verbal del logos de San Juan.
La búsqueda del nombre secreto refleja la tradición del Shem ha-Mephorash, el nombre oculto de Dios, mientras que el poder creador del libro alude al Tsimtsum, el proceso de retirada de la luz divina que hace posible la creación, según la tradición hebrea.
Símbolos
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La tradición del personaje autoconsciente
La idea de un personaje que toma conciencia de su propia naturaleza ficticia ha sido explorada en múltiples ocasiones. Este recurso ha servido para cuestionar la relación entre la realidad y la ficción, desdibujando la frontera entre ambas y llevando al lector a una reflexión metanarrativa.
En “Variaciones del espejo”, Borges lleva esta tradición al extremo: el protagonista no solo descubre que es un personaje de un libro que es capaz de leer, sino que el mismo acto de lectura le atrapa para siempre. Sin embargo, no llega a descubrir que es personaje también del libro que lee el lector.
Personajes que descubren su ficción
Uno de los antecedentes más evidentes es Augusto Pérez, el protagonista de “Niebla” (1914), de Miguel de Unamuno. En esta “nivola”, Augusto, un hombre común que vive atormentado por su amor y su destino, acaba descubriendo que no es más que una invención de su autor, llegando a enfrentarse directamente a Unamuno, quien le revela que su existencia depende del relato y que, una vez concluido el libro, él desaparecerá.
Otro ejemplo notable es el de Don Quijote, que, en “Segunda parte del Quijote” (1615), sabe que es el protagonista de un libro y que su historia ya ha sido contada. Cervantes introduce así un contexto irónico, en el que el personaje se enfrenta a versiones de sí mismo creadas por otros autores.
En textos más recientes, encontramos casos como Kilgore Trout, el escritor ficticio recurrente en las novelas de Kurt Vonnegut, quien, en “Desayuno de campeones” (1973), descubre que no es más que un personaje creado por su autor.
Otros casos más complejos son los de Tristam Shandy en “La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy” (1759) de Laurence Sterne, o “Ulises” (1922) de James Joyce, donde el escritor es personaje y, por tanto, consciente de la ficción como hecho.
El protagonista atrapado en su propio libro
En “Variaciones del espejo”, Borges lleva este concepto a un planteamiento más intrincado. El protagonista, un erudito obsesionado con un libro imposible, descubre que su historia está escrita, pero, a la vez, existen más historias que incorporan todas las posibilidades que manan de su existencia. Al principio cree que es un error, una casualidad literaria, pero a medida que avanza en su lectura, comprende que el libro no solo describe su pasado y su presente, sino que también anticipa su futuro. En un momento aterrador, se da cuenta de que cada palabra leída es una acción que debe ejecutar, como si su libre albedrío hubiera sido reemplazado por la estructura narrativa del texto.
El descubrimiento final es devastador: el libro no solo le describe, sino que le absorbe por completo, obligándole a cumplir todos los destinos posibles. Intenta cerrar el volumen, huir de la biblioteca donde lo encontró, pero cada acción ya ha sido escrita en sus páginas. Cuando alcanza un final, vuelve al inicio, repitiendo la misma secuencia de eventos una y otra vez, con variaciones que le enloquecen y que le devuelven a la biblioteca.
La literatura como trampa metafísica
Borges juega habitualmente con la idea de una realidad indistinguible de la ficción. En este cuento, la literatura no es solo una forma de representar el mundo, sino un mecanismo que consume a quienes intentan comprenderlo. El libro es un símbolo del infinito, del destino circular y de la imposibilidad de alterar lo ya escrito.
En última instancia, el protagonista de “Variaciones del espejo” descubre que es un personaje ficticio y que ese conocimiento no le otorga poder alguno. A diferencia de otros personajes autoconscientes, capaces de interactuar con el mundo que los ha creado, él solo puede leer y releer su propia prisión narrativa, experimentando parcialmente el relato.
El libro, que parecía contener todas las posibilidades, se convierte en su celda, y su única certeza es que seguirá leyéndose mientras viva.
Referencia a un lenguaje perdido
Más allá de los símbolos habituales propios del relato de Borges, aparece una alusión aislada acerca de un lenguaje desaparecido.
Inca Garcilaso de la Vega
Inca Garcilaso de la Vega (nacido Gómez Suárez de Figueroa) (1539-1616) fue un cronista mestizo nacido en el Virreinato del Perú. Hijo de un noble español y una princesa inca, fue criado en Cuzco y creció escuchando las historias de su linaje materno y el pasado glorioso de su cultura. Ya en España, adoptó el sobrenombre «Inca» para reivindicar sus raíces y escribió, entre otras narraciones, los “Comentarios reales de los incas”, una de las crónicas tempranas más importantes sobre esta cultura precolombina.
Este texto, publicado en 1609, es una obra híbrida que mezcla historia, mitología y memoria personal. A diferencia de otros cronistas españoles, que describieron a los incas desde una perspectiva colonial, Inca Garcilaso ofrece una visión en primera persona, para rescatar la grandeza de su civilización.
Entre los aspectos más fascinantes de su relato están los quipus, un sistema de registros basado en cuerdas y nudos que los incas utilizaban para gestionar censos y cálculos tributarios.
Los quipus como lenguaje
Los quipus estaban compuestos por cuerdas de diferentes colores y grosores, con nudos ubicados en distintas posiciones. El sistema de nudos constituía un lenguaje alternativo, permitiendo que los quipucamayoc (especialistas en la lectura de quipus) interpretaran datos complejos.
Inca Garcilaso reconoce en los quipus la memoria de su pueblo, y un lenguaje inalcanzable asociado a un vasto conocimiento que jamás podrá recuperarse del todo.
Los quipus en “Variaciones del espejo”
En “Variaciones del espejo”, Borges introduce el signo de los quipus de manera significativa. En una de sus búsquedas, el protagonista descubre una sección del libro que contiene una secuencia de patrones geométricos palpables, unidos por un cordón, similares a una transcripción de un quipu incorporada a un libro impreso.
La idea de que los quipus puedan haber sido textos narrativos codificados refuerza el símbolo del libro infinito. El protagonista se obsesiona durante varios días con la posibilidad de que el texto sea, en realidad, un sistema alternativo de escritura, reflejo de una concepción arcaica del tiempo y la memoria. Su intento por descifrarlo le lleva a perderse aún más en su lectura, quedando atrapado en una estructura de significados imposibles de desentrañar.
Borges, fascinado por los sistemas de conocimiento no convencionales, convierte los quipus en un símbolo del lenguaje como trampa, una escritura que no solo preserva el pasado, sino que crea y altera la realidad.
Korzybski-Borges-Houellebecq
Alfred Habdank Skarbek Korzybski (1879-1950) fue un científico y filósofo polaco-estadounidense, creador de la semántica general, una disciplina que estudia la relación entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad. Su obra más influyente, “Ciencia y sensatez” (1933), introdujo la idea de que el lenguaje no refleja la realidad de manera objetiva, sino que la estructura y limita.
Korzybski es célebre por la frase «El mapa no es el territorio», que expresa cómo nuestras representaciones del mundo nunca son el mundo en sí mismo. Su pensamiento ha influido en la cibernética, la lingüística y la programación neurolingüística (PNL).
Mapa y territorio
[…] hojeó el libro con la ansiedad de quien busca un error que lo absuelva de su destino. Pero cada palabra, cada giro de la trama, lo encerraba más. «El mapa no es el territorio», recordó con amarga ironía. Intentó encontrar una grieta en la narrativa, una incongruencia que le permitiera escapar.
Korzybski plantea que el lenguaje y las representaciones nunca son la realidad en sí misma, sino abstracciones. Jorge Luis Borges, fascinado por esta idea, la aplica en relatos como “Del rigor en la ciencia”, donde un imperio crea un mapa a escala 1:1, inútil porque coincide exactamente con el territorio que pretende representar. Esta obsesión por la relación entre la realidad y sus representaciones se repite en “Variaciones del espejo”, en este caso como reflexión metafórica de la relación entre la lectura del protagonista y su propia experiencia.
Michel Houellebecq parte también de esta idea en su novela “El mapa y el territorio” (2010), donde la distinción entre arte, realidad y simulacro se desdibuja. En su relato, en el que el propio escritor aparece como personaje, el arte llega a suplantar a la vida, como si el mapa se impusiera finalmente sobre el territorio.
De este modo, tanto Borges como Houellebecq transforman la idea de Korzybski en una reflexión literaria sobre percepción y ficción.
Lectura y análisis
Es seguro que este relato tiene su origen en una lectura teológica hebraica, y es posible que la circunstancia política coyuntural en la Argentina de 1946-1947 impulsara su escritura, sin embargo, el análisis de “Variaciones del espejo” se dispersa en tantas realidades como caben en el libro que apresa al protagonista.
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