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El tercer capítulo de “Ulises” desarrolla uno de los recursos más significativos de la novela, el flujo de conciencia. Interpretar correctamente este episodio significa profundizar en la parte formal del texto y permite conocer a Stephen Dedalus, uno de sus protagonistas principales.
Los saltos asociativos a través de decenas de referencias hacen de “Proteo” uno de los capítulos más oscuros de la novela, pero también uno de los más interesantes.

Apuntes previos sobre el capítulo 2, “Néstor”

En el capítulo 2 de «Ulises», Stephen Dedalus cumple con sus responsabilidades como maestro. Este capítulo expone la relación de Dedalus con sus alumnos y con el director de la escuela, el Sr. Deasy, y narra la vida cotidiana de Stephen en su entorno laboral.

Clase en la escuela

Stephen comienza con una lección de historia. Durante la clase, Stephen no está completamente involucrado, mostrando un sentimiento de apatía hacia su trabajo, sin embargo, intenta motivar a sus alumnos, aunque sus pensamientos a menudo divagan hacia cuestiones filosóficas y recuerdos personales. Los estudiantes le respetan, pero también se sienten distantes debido a su actitud.

Conversación con el Sr. Deasy

Después de la clase, Stephen tiene una reunión con el Sr. Deasy, el director de la escuela. Deasy le pide a Stephen que le ayude a entregar una carta a los periódicos sobre la fiebre aftosa, una enfermedad que afecta al ganado. Durante esta conversación conocemos al Sr. Deasy, un hombre con una visión conservadora y autoritaria del mundo, que contrasta con la actitud crítica y reflexiva de Stephen. La interacción entre ambos muestra las diferencias entre ellos.

«Néstor» proporciona una visión de la vida cotidiana de Stephen Dedalus en base a sus frustraciones laborales y a su lucha por encontrar un propósito. La continuidad con el capítulo siguiente es mínima, solo hay cierta relación cuando Dedalus recuerda que debe entregar la carta de Deasy a la prensa, sin embargo, ambos episodios nos permiten analizar el carácter de Dedalus.

El monólogo interior en “Ulises”

El monólogo interior para dirigir el flujo de conciencia encauza los pensamientos y sensaciones de un personaje tal como se producen, sin la estructura lógica y ordenada del lenguaje hablado o escrito convencional. Esta técnica permite que el lector tenga acceso directo al mundo interno del personaje, creando una experiencia íntima y subjetiva que refleja el caos, la espontaneidad y la complejidad de la mente humana. Es una forma de presentar el discurso mental sin filtros, acercándose al funcionamiento real del pensamiento.
En «Ulises», el monólogo interior se convierte en una herramienta fundamental para el desarrollo de la novela. Este recurso permite a Joyce explorar el mundo interior de los personajes y su compleja vida interior. Joyce emplea el monólogo interior para representar los pensamientos de sus personajes de una manera que desafía la narrativa convencional.

Monólogo y lenguaje en “Ulises”

El monólogo interior en «Ulises» es particularmente notable por la manera en la que Joyce utiliza el lenguaje para captar la esencia de los pensamientos en tiempo real, sin orden ni jerarquía. A través de esta técnica, el lector se adentra en el flujo constante de ideas, recuerdos, impresiones y sentimientos que pasan por la mente de los personajes. En varios capítulos, la novela no sigue una estructura narrativa tradicional, sino que imita la forma en la que los pensamientos aparecen en la mente, a menudo de manera fragmentada e inconexa, predominando las asociaciones libres.
Un ejemplo destacado del monólogo interior en “Ulises” es el capítulo final. Joyce lleva al extremo la técnica del flujo de conciencia mediante el monólogo, permitiendo al lector acceder directamente a los pensamientos más íntimos y personales de Molly Bloom. El texto carece de signos de puntuación convencionales, el lector navega por la corriente de pensamientos de Molly sin ninguna intervención externa. La falta de puntuación refleja la naturaleza libre y fluida de la mente, y contribuye a la sensación de autenticidad en la representación del pensamiento humano.

La ampliación de los personajes mediante monólogos y su influencia posterior

El monólogo interior en «Ulises» también permite explorar temas complejos como la identidad, la alienación y la lucha por encontrar un sentido a la vida cotidiana. Leopold Bloom, por ejemplo, es un personaje lleno de dudas, inseguridades y deseos reprimidos, y el monólogo interior permite al lector entender sus conflictos internos y su visión del mundo. A través del acceso a sus pensamientos, el lector percibe la riqueza de su vida interior, sus reflexiones sobre temas como la paternidad, la muerte y el amor, y su capacidad para encontrar belleza y el hastío en los detalles más mundanos de la vida cotidiana.
La manera en la que Joyce hace uso del monólogo interior en «Ulises» tuvo un gran impacto en la literatura moderna. Su uso radical del flujo de conciencia influenció a numerosos escritores posteriores como Virginia Woolf y William Faulkner, quienes también emplearon esta técnica para explorar el mundo interno de sus personajes de manera profunda y compleja.

Proteo*
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Proteo, el personaje mitológico

Cada capítulo de “Ulises” corresponde a una referencia mitológica, en este caso es Proteo quien se asocia a la mutabilidad del pensamiento de Dedalus.
Proteo es un antiguo Dios marino relacionado con el conocimiento y la profecía. Hijo de Poseidón, Proteo poseía la habilidad de cambiar de forma y podía transformarse en cualquier criatura o cosa para evadir a quienes buscaban respuestas. Debido a esta habilidad, el término proteico se usa hoy en día para describir algo cambiante o versátil.
Se decía además que Proteo tenía el don de la profecía, pero no le gustaba compartir sus conocimientos. Aquellos que deseaban conocer el futuro debían atraparlo, lo cual resultaba extremadamente difícil debido a sus constantes transformaciones. El carácter evasivo es lo que relaciona a este ser mitológico con el pensamiento de Stephen Dedalus, cuyo paseo por la costa dublinesa bordea los dominios de Proteo.

“Pensando a través de mis ojos”

Así termina la primera frase de este capítulo, un aviso de lo que va a suceder a continuación. A través de las cualidades de lo visible, “ineluctables” según Joyce, Stephen Dedalus va a crear un universo de pensamiento mediante conceptos que se retoman una y otra vez, literales o transformados. Es el paisaje de Sandymount lo que punza su imaginación, y la conexión entre ideas lo que consigue crear un monólogo completo.
Las referencias al comienzo también son importantes, porque van a generar una idea de retorno con conceptos como los mocos o las botas que se retoman al final y que, además, se repiten durante el episodio.

Poniendo a prueba la teoría de Aristóteles

Stephen Dedalus, en realidad, explora la percepción del mundo a través de sus sentidos, una idea aristotélica que enuncia que todas las ideas provienen de la experiencia sensorial. Aristóteles establece que las impresiones sensoriales del mundo exterior son la base de todas las ideas, en este capítulo Stephen reflexiona a partir de lo que percibe con sus ojos y, en menor medida, sobre otras percepciones sensoriales.
Al cerrar los ojos y concentrarse en los sonidos, Stephen está mostrando cómo los sentidos construyen sus pensamientos y sus percepciones del mundo, aceptando, en principio, que la experiencia sensorial es la fuente del conocimiento.
Stephen observa el entorno y deja que estos estímulos deriven en reflexiones más complejas. La experiencia perceptiva de Dedalus confirma la idea aristotélica del origen sensitivo de las ideas, amplificadas posteriormente por la mente.

Pensamiento puro y monólogo interior

El flujo de pensamiento comienza de inmediato, se trata de una representación fiel de la primera eclosión de una idea.
Si reflexionamos un instante, a la parte consciente de nuestra mente llegan frases completas que podemos relacionar con ideas concretas o abstractas, sin embargo, para llegar a obtener un mensaje íntegro es necesario crear una o varias frases fragmentadas que se desechan o se desarrollan. Este proceso está presente en cada pensamiento y es la materia que Joyce manipula para construir este capítulo.
A través de un pensamiento puro, primigenio, conocemos la estructura mental básica de Stephen Dedalus, que se compone de una decena de temas que identificaremos más adelante.

Cadenas de pensamientos

La velocidad y la dirección del capítulo parten de la concatenación de pensamientos. Es muy interesante leer cómo las ideas se asocian de manera absurda, incomprensible, clara, histórica, etc. Lo que vemos son pulsiones conectadas de la manera más leve, un pensamiento puede llevar a otro de muchas maneras.
En ocasiones, el salto mental no se produce por relaciones entre ideas, sino por la influencia de un paisaje y lo que es capaz de evocar. El entorno de la Bahía de Dublín induce numerosos pensamientos en Dedalus que hacen que el monólogo varíe.

Un ejemplo de la sucesión de ideas consecutivas

Existen muchas partes de la vida personal de Joyce implícitas en la novela. Nora Barnacle, su mujer, sufrió dos abortos y este es un tema que se repite de manera intermitente en “Ulises”.
A partir de la evocación de unas mujeres en una playa, Dedalus percibe una bolsa que, cree, contiene un feto, el cordón umbilical le lleva a la contemplación de los monjes místicos que, a su vez, le transportan a la Eva bíblica, una mujer sin ombligo. El vientre pecaminoso de Eva le sugiere el acto sexual de sus padres en el momento en el que fue engendrado, lo que le lleva a su madre fallecida, otro de los temas constantes de esta obra.

Las sensaciones de Stephen Dedalus

En referencia al entorno, el capítulo relata muchas de las sensaciones que percibe Stephen Dedalus a partir, por ejemplo, de la impresión que le produce pisar la arena de la playa.
En el segundo párrafo, Dedalus cierra los ojos, escucha, camina, ahora es lo audible contra lo que no se puede luchar. El flujo de conciencia cesa un instante.
Las percepciones físicas son muy importantes en este capítulo. Las botas son un leitmotiv que se repite de forma constante, y que se relaciona con las percepciones físicas de Dedalus a partir del contacto de sus pies. Cuando Dedalus, al final del capítulo, se ordena a sí mismo abandonar las cavilaciones, lo primero que percibe son sus botas, esta imagen reduce el pensamiento y le permite retomar las percepciones sensoriales.

El uso de varios idiomas

Otro de los recursos importantes de esta novela es el uso de varios idiomas. El propio Joyce era políglota, de hecho, su primera formación universitaria en el University College de Dublín se centró en el aprendizaje de francés, italiano y gramática comparada. Stephen Dedalus es capaz de articular pensamientos en distintas lenguas, en este capítulo leemos términos en inglés, alemán, francés, latín, castellano e italiano. El uso de vocablos de varios idiomas provoca una dislocación aún mayor de las ideas, licuando el significado de las palabras.
Los términos Nebeneinander y Nacheinander permiten apreciar cómo funcionan los términos no ingleses en la novela. Al principio del capítulo, Dedalus reflexiona rápidamente acerca de espacios cortos de tiempo sobre los que se apoya su pensamiento, de forma abrupta piensa en el término Nacheinander, palabra alemana cuyo significado podría traducirse como “sucesivamente”. Este término evoluciona de inmediato en Nebeneinander, que podemos traducir como “uno junto a otro”. Nebeneinander habla de pensamientos que coexisten y aparece también en otros contextos, refiriéndose a sus botas, por ejemplo.
El lenguaje como materia es fundamental en “Proteo” y los términos extranjeros cumplen una función importante como descomponedores.
Por si el uso de varios idiomas no fuera suficiente, Joyce también incorpora decenas de neologismos en “Ulises”.

Arrio

Las evocaciones históricas son una parte importante del substrato mental de Dedalus. Los excursos a los que hacíamos referencia en el capítulo 2 se repiten, para incorporar innumerables anécdotas como la de Arrio.
Arrio fue un presbítero cristiano de Alejandría del siglo IV fundador del arrianismo, una doctrina que negaba la naturaleza divina absoluta de Cristo. Arrio enseñaba que Jesús, aunque hijo de Dios, era una criatura creada y no coeterna con el Padre, lo cual chocaba con la doctrina de la Trinidad. Sus enseñanzas causaron gran controversia y fueron declaradas heréticas en el Concilio de Nicea en el año 325, donde se afirmó la consustancialidad del Hijo con el Padre.
Después del concilio, Arrio fue exiliado, pero gracias a sus seguidores fue rehabilitado y regresó a Alejandría. Sin embargo, murió en el año 336 en circunstancias dramáticas y sospechosas, cuando iba a ser readmitido en la Iglesia. Según la tradición, sufrió un colapso repentino que algunos interpretaron como un castigo divino, desangrándose por los intestinos, lo cual selló su destino como figura herética. El excurso, que finaliza con la frase “con el trasero coagulado”, habla del presbítero al que ya se nombra en el primer capítulo en una lista de heresiarcas, y volverá en el capítulo 15 cuando Stephen se refiera a la “agonía en el retrete” del clérigo.

Tío Richie y el primo Walter

Una de las partes más largas del capítulo es la que hace referencia al tío y al primo de Dedalus. Dedalus piensa en la posibilidad de ir a casa de su tía Sara, a continuación, se mofa de que su primo bizco trate de usted a su padre, el tío Richie, que está postrado en su cama y silba el “Aria di sortita” de Ferrando en “El trovador” de Verdi.
Hay también una referencia al tío Si, se trata de Simon Dedalus, el padre de Stephen Dedalus en “Retrato del artista adolescente”.

Burla de la eucaristía

Como sucede en el primer capítulo, cuando Mulligan consagra una bacinilla con espuma de afeitar, en la conversación imaginaria entre Stephen Dedalus y su tío también se produce una mordaz crítica a la eucaristía y a los curas en general. Entre otras acusaciones, se les llega a culpar de engullir la comunión debido a su glotonería.
El primo Walter increpa a Dedalus por haber rezado a la Santísima Virgen antes de que el flujo de conciencia cambie de dirección, de nuevo a partir de la percepción de sus botas.

Santos y teólogos

En “Proteo”, Joyce alude a varios doctores y teólogos cristianos, como vimos anteriormente con Arrio, despachándolos en una o dos frases. De Occam dice que fue un “doctor invencible”; Fiacre y Escoto brindan con cerveza en el cielo y a “Panzo Tomás de Aquino” le recuerda su juicio sobre la “delectación morosa” en las pasiones de la “Suma teológica”, confrontando su teoría con el placer que no sentía Adán cuando “montaba y no se ponía cachondo” antes de su expulsión del Paraíso.

Stephen Dedalus en París

Al abandonar la idea de la casa de la tía Sara, Dedalus se transporta a París, durante su época de estudiante. En la capital gala era socialista y no creía en Dios, al contrario que su padre. A continuación, recuerda el telegrama que recibió de su padre para que volviera a Dublín, debido al estado de salud de su madre. La muerte de su madre le trae la imagen de Mulligan, aquella mañana le había dicho que su tía pensaba que él había matado a su madre.
Es el recuerdo de su vida en París la que le lleva, finalmente, a Kevin Egan.

¿Quiénes son Kevin Egan y Joseph Cassey?

Kevin Egan es presentado como un irlandés exiliado en París, un nacionalista que había participado en la lucha por la independencia de Irlanda y había terminado exiliado y solo en Francia. Stephen recuerda a Egan, a quien conoció durante su estancia en París, y describe su situación como la de un hombre atrapado en la nostalgia y los recuerdos de su lucha política fallida.
Kevin Egan está inspirado en Joseph Casey, un verdadero activista irlandés miembro de los Fenianos, una organización revolucionaria que luchó por la independencia de Irlanda del dominio británico en el siglo XIX. Casey, como Egan, se exilió y vivió en Francia después de haber participado en actividades revolucionarias. Los Fenianos buscaban la independencia de Irlanda mediante la acción violenta si fuera necesario, y Casey fue una figura importante en estos movimientos. La derrota y los fracasos de los Fenianos forzaron a muchos de sus miembros al exilio, donde quedaron aislados de su tierra.
A través del personaje de Kevin Egan, Joyce ilustra la lucha irlandesa por la independencia y las consecuencias personales del fracaso. Egan, como otros exiliados, se convierte en un símbolo de la lucha irlandesa, atrapado en la memoria del pasado mientras su vida en el exilio le aísla.
Es importante señalar que Joyce conoció a Joseph Casey en París en 1903, probablemente a través de su padre, que tenía relación con Joseph Casey y con su hermano.

Nacionalismo en Ulises

Hablar en términos absolutos acerca del sentido de Ulises es un error, pero si cruzamos la vida personal de James Joyce y las referencias de “Ulises”, podemos afirmar que existe un sentimiento nacionalista latente.
Uno de los temas más recurrentes en la novela es la cultura irlandesa, que se presenta en la mayoría de los casos supeditada injustamente al Reino Unido, estado al que perteneció hasta el año 1922. “Ulises” se publica el mismo año, por lo que es normal que el tema de la soberanía irlandesa estuviera muy presente en la literatura hibernesa de esta época.
Las evocaciones irlandesas son las más complejas de ubicar por su carácter local y por la amplitud de referencias que incorpora Joyce, sin embargo, algunos pasajes son bastante explícitos en este capítulo, como la descripción de la Reina Victoria como una “vieja bruja de dientes amarillos”. Una gran parte de la sociedad irlandesa de principios del XX no guardaba un recuerdo grato de la reina.
Otra mención explícita es la de Ricard O’Sullivan Burke, un revolucionario irlandés y miembro de los Fenianos. Nació en 1838 en Irlanda y emigró a Estados Unidos, donde se unió al ejército durante la Guerra Civil Americana, tras la guerra, se involucró activamente en la Hermandad Feniana, una organización secreta dedicada a lograr la independencia de Irlanda.
“Ulises” contiene numerosas loas y menciones a personas relacionadas con el movimiento independentista irlandés, por eso Joyce se cuenta entre la intelligentsia​ que posibilitó la separación de Irlanda del Reino Unido.

Ansiedad y ensueño

Llegado a la orilla sur, Dedalus siente de nuevo sus botas, esta vez hundiéndose en la arena.
La vuelta a sus pensamientos le lleva a un ensueño nocturno, a Elsinor. Son innumerables las referencias de “Ulises” a Hamlet, esta es una de ellas. De su propia imaginación le despierta el cadáver de un perro entre sargazos y fucos.

La ansiedad tras la vuelta a la realidad

El relato del encuentro de Dedalus con el perro (vivo) en la playa es una muestra de la excepcional capacidad narrativa de Joyce. Un perro que comienza siendo un punto en la lejanía, se acerca y acorrala a Dedalus progresivamente hasta hacerle perder el control de sus actos y de su pensamiento.
Dedalus se aferra al bastón de fresno que le acompaña durante todo el capítulo, pero siente un miedo irracional que deriva en un episodio de ansiedad (“sencillamente me quedé pálido, silencioso, acorralado”). Una caterva de irlandeses ilustres lo observa, mientras Stephen Dedalus queda inmóvil.
Joyce hace un preciso relato de los sentimientos que se perciben durante un ataque de ansiedad, desde las primeras palpitaciones hasta la pérdida de la consciencia. Al divisar a los dueños del perro, Dedalus se tranquiliza de inmediato y recupera el ensueño.

Sueño y diálogo con el lector

Dedalus vuelve a Hamlet, a la noche, a los cielos estrellados, sin embargo, durante un momento el que nos interpela es Joyce. El autor habla de la oscuridad de sus propias palabras, se pregunta “¿Quién me observa aquí? ¿Quién, jamás, en algún sitio, leerá estas palabras escritas?”, habla de la oscuridad de “nuestras almas”, de “nuestros pecados” y de nuevo, de una visualidad ineluctable.
Joyce es aquí consciente de la existencia de un lector que, además, sabe que Dedalus es un trasunto, cuando no directamente él. La oscuridad de su ensoñación se vuelve extremadamente densa, sin embargo, al fondo encontramos a Joyce hablándonos directamente, acusándonos de haber juzgado su alma con lo que ya sabemos sobre Dedalus. Para vengarse, dice conocer el alma del lector, tan negra como la suya.

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El final de “Proteo”

Dedalus se prohíbe seguir cavilando, percibe de nuevo sus botas y comienza una sucesión subconsciente de significantes que resumen los temas anteriores: París, Irlanda, el mar, el catolicismo, el erotismo y la muerte se precipitan, incluyendo imágenes escatológicas.
La traca de ideas culmina con la vista de un barco de tres mástiles y un moco que Dedalus ha extraído de su nariz y ha pegado en una roca, como vaticinaban los primeros párrafos del capítulo.

A continuación…

El moco de Dedalus señala el final de la primera parte de “Ulises”, “La Telemaquia”. El capítulo 4, “Calipso”, da comienzo a “La Odisea”, parte central de la novela. Lo siguiente será el desayuno de Leopold Bloom.

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