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“Ifigenia en Táuride” incluye una obra en prosa (1779) y otra en verso (1786), ambas escritas por Johann Wolfgang Goethe. Uno de los aspectos más importantes de la versión en verso es la adaptación que Goethe hace de un mito clásico, para destacar los valores propios del Clasicismo de Weimar.

El mito de Ifigenia

La historia de Ifigenia es una de las más trágicas y fascinantes de la mitología griega. Su relato ha sido reinterpretado a lo largo de los siglos en la literatura, el teatro y la ópera, consolidándose como un símbolo del conflicto entre el destino y la voluntad humana.

El sacrificio de Ifigenia: Entre la devoción y el engaño

La leyenda de Ifigenia se desarrolla en el contexto de la Guerra de Troya, y da comienzo cuando su padre, Agamenón, rey de Micenas, está a punto de zarpar con su ejército, sin embargo, los vientos se detienen, dejando las naves griegas inmovilizadas en el puerto de Áulide. El adivino Calcas revela que este infortunio se debe a que Agamenón ha ofendido a la diosa Artemisa, ya sea matando a un ciervo sagrado o alardeando de ser mejor cazador que ella, según la versión; para apaciguarla y obtener vientos favorables, la diosa exige el sacrificio de Ifigenia.
Agamenón, atrapado entre su deber como comandante de la expedición y su amor de padre, finalmente cede a la presión de los otros reyes griegos, engaña a su esposa, Clitemnestra, y lleva a Ifigenia al altar sacrificial.
En las versiones más antiguas, como la de Eurípides en “Ifigenia en Áulide” (409 a.c.), la joven acepta su destino con resignación, comprendiendo que su muerte permitirá la victoria de los griegos. En otras versiones posteriores, como en “Biblioteca mitológica” de Apolodoro (diferente de Apolodoro de Atenas), Artemisa interviene en el último momento y sustituye a Ifigenia por una cierva, llevándola a la región de Táuride, probablemente en la actual Crimea, donde se convierte en sacerdotisa de su culto.

Ifigenia en Táuride: El exilio y la redención

En Táuride, Ifigenia es obligada a servir como sacerdotisa de Artemisa, en cuyo templo debe sacrificar a cualquier extranjero que llegue a sus tierras. Durante años cumple su función, hasta que un día llegan dos prisioneros griegos: Orestes, hermano de Ifigenia, y su primo (o amigo, según la versión) Pílades. Orestes ha llegado hasta allí huyendo de las Furias tras haber asesinado a su madre, Clitemnestra, como venganza por la muerte de Agamenón.
El reencuentro entre los hermanos es uno de los momentos más emotivos de la mitología griega. En la versión de Eurípides (414 a.c.), Ifigenia, al darse cuenta de la identidad de Orestes, urde un plan para escapar. Para conseguir sus fines, Ifigenia engaña al rey de los tauros, Toante, diciéndole que debe purificar a los prisioneros en el mar antes del sacrificio. Aprovechando la confusión, los tres huyen con la estatua de Artemisa y logran regresar a Grecia.
Además de las obras de Eurípides y Goethe, que serán el centro de nuestro análisis, existen otras versiones como “Iphigénie” (1674) de Racine, que ofrece un debate político a partir de la figura de Agamenón; “Ifigenia” (1973) de Mircea Eliade, con un transfondo filosófico basado en el sacrificio; y las óperas “Iphigénie en Aulide” (1774) e “Iphigénie en Tauride” (1779) de Christoph Willibald Gluck, tan influenciadas por el neoclasicismo como la traducción de Goethe.

Goethe ante Ifigenia

Goethe aborda el mito de dos formas diferentes, la primera, en prosa, fue compuesta en 1779 durante su estancia en la corte de Weimar; la segunda, en verso, se publicó en 1787 tras su viaje a Italia. Estas dos versiones reflejan la evolución artística e intelectual de Goethe durante unos años que fueron decisivos para su obra.

La primera versión: Weimar y el Sturm und Drang

Cuando Goethe llegó a Weimar en 1775, se convirtió inmediatamente en un personaje clave en la corte del duque Carlos Augusto. Su papel como consejero y funcionario le obligó a involucrarse profundamente en la política y en la administración, lo que influyó en su pensamiento filosófico y artístico. En este periodo, Goethe estaba todavía bajo la influencia del Sturm und Drang, un movimiento literario que promovía la emoción, la subjetividad y la rebelión contra las normas clásicas.
En 1779, Goethe escribió su primera versión de “Ifigenia en Táuride” en prosa, adaptando la tragedia de Eurípides para establecer el centro de la narración en la elección moral como posibilidad. Ifigenia se convierte en un símbolo de la lucha por la reconciliación, en contraste con el destino trágico que se le impone en otras adaptaciones del mito.
La obra de Goethe refleja el deseo de superar los conflictos violentos mediante el poder de la razón y la compasión, una idea central en el pensamiento previo a la Revolución Francesa.

La versión en verso: El viaje a Italia y el clasicismo de Goethe

El punto de inflexión sucede entre 1786 y 1788, cuando Goethe viaja a Italia en busca de inspiración. Durante su estancia en Roma, el escritor alemán asimila en profundidad el arte y la filosofía de la Antigüedad, estableciendo una transición del Sturm und Drang al clasicismo. Este proceso le impele a reescribir “Ifigenia en Táuride” en verso, dotándole de una estructura más refinada y acorde con los ideales clásicos (tomado este concepto en su más amplio significado) basados en la armonía y el equilibrio.
Publicada en 1787, esta nueva versión enfatiza aún más el humanismo y la capacidad del individuo para superar el destino a través de la virtud y la razón. Ifigenia se convierte en una heroína moral que rechaza la violencia y el engaño, logrando salvar a su hermano Orestes mediante la verdad y la diplomacia. Esta transformación del personaje es un reflejo de la propia evolución de Goethe, quien, influenciado por su estancia en Italia, abandona la exaltación emocional en favor de un ideal de serenidad y autodominio.
La versión en verso de “Ifigenia en Táuride” se convierte en una obra clave del clasicismo de Weimar y en un testimonio del desarrollo intelectual de Goethe, cuya reinterpretación del mito no solo rescata la herencia grecolatina, sino que añade una visión optimista de un ser humano capaz de trascender la barbarie mediante la razón y la ética.

El ethos de Goethe en “Ifigenia en Táuride” y la versión de Eurípides

Los relatos de Eurípides y de Goethe comparten la misma premisa, pero difieren notablemente en su desarrollo narrativo, estilo lingüístico y trasfondo ideológico. Para Goethe, Ifigenia es una figura perfecta para exponer un cambio de pensamiento decisivo.

Diferencias argumentales

Eurípides presenta una tragedia griega tradicional sin divisiones en actos, con coro y un final deus ex machina provocado por la aparición de Atenea. Goethe, en cambio, transforma la historia en un drama clásico en cinco actos (sin coro) adaptado al teatro moderno.
En la trama clásica, Ifigenia vive resentida como sacerdotisa de Artemisa entre los tauros (o taurios), pueblo considerado bárbaro por los griegos, siendo obligada a oficiar sacrificios humanos​.
Ifigenia añora a su familia y lamenta no haber sido esposa ni madre, además, detesta el culto sangriento que debe practicar. El enfrentamiento moral entre Ifigenia y las costumbres de los tauros le sirve a Eurípides para establecer una división entre los refinados cultos atenienses y las salvajes costumbres que mantienen los pueblos no helénicos.
Con la llegada de los dos extranjeros –Orestes y Pílades–, Eurípides desarrolla una conjura para escapar y, de nuevo, el argumento deviene en un enfrentamiento entre la elevada cultura griega, en este caso presente a través de la persuasión, y la ineptitud de los bárbaros. El rey Toante cae en la trampa, permitiendo que salgan del templo; en el clímax de Eurípides, Toante descubre la trama, pero la diosa Atenea interviene para detener la persecución​.

Las variaciones de Goethe

En la versión de Goethe, la esencia argumental se mantiene (Ifigenia se reencuentra con Orestes y planea volver a Grecia), pero los giros narrativos difieren.
Goethe introduce un conflicto adicional: el rey Toante, humanizado, desea tomar a Ifigenia por esposa, lo que tensiona el deber de ella como sacerdotisa agradecida a la diosa y al rey, frente a sus deseos de libertad y retorno al hogar​.
A diferencia de Eurípides, la Ifigenia de Goethe ha logrado abolir los sacrificios humanos en el culto de Artemisa, aunque sigue sirviendo en el templo por imposición del rey. Esta modificación argumental se adecúa a los ideales clasicistas, en los que la acción violenta se sustituye por argumentos racionales.
Cuando Orestes y Pílades aparecen, Goethe omite la presencia de un coro de doncellas griegas y concentra la acción en los diálogos íntimos. El reconocimiento entre hermanos se produce de manera emotiva y directa, y la acción se desplaza al conflicto moral interno de Ifigenia. Una vez urdido el plan de fuga (similar en principio al de Eurípides, implicando llevar la estatua al mar), Ifigenia duda si la mentira será la solución adecuada.
En Eurípides, la mentira y el engaño eran medios justificados para la supervivencia y la resolución, de hecho, uno de los héroes clásicos griegos, Odiseo, era conocido por estos ardides, que los griegos asociaban a un carácter superior. En Goethe, en cambio, el momento culminante llega cuando Ifigenia rehúsa consumar el engaño por fidelidad a sus principios. En la escena decisiva, la heroína se enfrenta a Toante mostrando la verdad, confesando la identidad de los extranjeros y su plan de huida, pese a arriesgar con ello sus vidas.

Durch mich die Wahrheit!-Ja, vernimm, o König,
Es wird ein heimlicher Betrug geschmiedet;
Vergebens fragst du den Gefangnen nach;
Sie sind hinweg und suchen ihre Freunde,
Die mit dem Schiff am Ufer warten, auf.
Der ält’ste, den das Übel hier ergriffen
Und nun verlassen hat-es ist Orest,
Mein Bruder, und der andre sein Vertrauter,
Sein Jugendfreund, mit Namen Pylades.

¡A través de mí la verdad, sí, escucha, oh Rey!,
Se está tramando un fraude secreto;
En vano preguntas a los prisioneros;
Se han ido y están buscando a sus amigos,
Que esperan en la orilla con el barco.
El mayor, de quien el mal se ha apoderado
Y ahora se ha ido es Orestes,
Mi hermano, y el otro su confidente,
Su amigo de la infancia, llamado Pílades.

La traducción es propia. Esto exclama Ifigenia para revelarle a Toante que el prisionero es Orestes, su hermano, y que se llevarán la estatua de la diosa a Grecia​.
La elección argumental de Goethe transforma el desenlace, en este caso no aparece ningún dios a salvar la situación, es la integridad y el poder de persuasión de Ifigenia lo que resuelve el conflicto.
Toante, indignado al principio, termina cediendo ante la sinceridad de la heroína. En Goethe, el final se basa en la reconciliación: Toante, convencido por la nobleza de Ifigenia, libera a Orestes y Pílades y les permite marchar con la estatua, despidiéndolos en paz.
Goethe reelabora la estructura narrativa para eliminar la intervención divina y el ardid, enfatizando el diálogo moral entre Ifigenia y Toante, además, profundiza personajes que Eurípides estereotipa. Toante no es un mero tirano crédulo, sino un hombre que lucha entre su ira y su admiración hacia Ifigenia, e Ifigenia deja de ser una víctima pasiva del destino para ser un agente moral activo, capaz de cambiar su entorno mediante la virtud.

Ifigenia*

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Ifigenia*

Ifigenia*

Ifigenia*

Ifigenia*

Ifigenia*

Ifigenia*

Diferencias formales

El texto griego de Eurípides está escrito en verso clásico: los diálogos en trímetros yámbicos* (medida típica de la tragedia) y los cánticos del coro en métricas líricas variadas. El lenguaje es complejo e incluye fórmulas poéticas, referencias míticas y giros retóricos propios del teatro clásico, como largos relatos genealógicos y alusiones a dioses y héroes.

* El trímetro yámbico es un verso utilizado en la tragedia y la comedia griega, compuesto por tres unidades métricas, o pies yámbicos, en cada hemistiquio.
˘ – | ˘ – | ˘ – || ˘ – | ˘ – | ˘ –. ˘ = sílaba breve / – = sílaba larga / || = cesura central opcional.

Goethe redactó su Ifigenia en prosa y luego la reescribió en verso blanco yámbico (pentámetro sin rima) hacia 1786​, buscando imitar la dignidad rítmica de la tragedia griega en la lengua alemana. Esta versión emplea un idioma depurado, solemne pero comprensible para el público moderno, sin los coros cantados intercalados.
En lugar de coros, Goethe introduce ocasionalmente pasajes líricos a modo de canto (como el “Lied der parzen” o Canción de las Parcas en el acto IV), en boca de personajes que tratan de imitar el efecto coral.
Ifigenia recita un canto legendario sobre la caída de Tántalo con tono sentencioso y métrica particular, evocando la atmósfera fatalista de la tragedia griega​. No obstante, en general Goethe simplifica la estructura métrica, haciendo prevalecer el verso regular yámbico de cinco acentos (el equivalente alemán del verso trágico), frente a la variedad rítmica griega original.

Recursos lingüísticos

Eurípides utiliza el ático clásico, adornándolo mediante abundantes metáforas y recursos como la esticomitia (réplicas rápidas verso a verso) en momentos de agitación. Su lenguaje puede ser conciso, por ejemplo cuando Ifigenia alude con discreción al horror de los sacrificios que está obligada a practicar:

Αρτεμις ἑορτῆς, τοὔνομ᾽ ἧς καλὸν μόνον τὰ δ᾽ ἄλλα σιγῶ, τὴν θεὸν φοβουμένη; θύω γὰρ, ὄντος τοῦ νόμου καὶ πρὶν πόλει, ὃς ἂν κατέλθῃ τήνδε γῆν Ἕλλην ἀνήρ.
κατάρχομαι μὲν, σφάγια δ᾽ ἄλλοισιν μέλει ἄρρητ᾽ ἔσωθεν τῶνδ᾽ ἀνακτόρων θεᾶς.

Artemisa se complace de esta fiesta, de la que solo es bueno el nombre, no hablo más temiendo a la diosa; porque sacrifico según la ley, a todo hombre griego que asciende a esta tierra.
Yo dirijo el rito, pero de las muertes se ocupan otros en las partes interiores del palacio de la diosa.

Este verso elíptico transmite, con apenas unas palabras, la crueldad innombrable del ritual y el pavor de Ifigenia. En la Ifigenia de Goethe, el lenguaje, aunque elevado, es más discursivo y explícito. Los personajes desarrollan ideas éticas en parlamentos más extensos, acordes al ideal de claridad clasicista.
Ifigenia reflexiona sobre su destino en largos monólogos introspectivos, mediante un tono profundamente personal y filosófico, lamentando su condición de mujer exiliada.

Weh dem, der fern von Eltern und Geschwistern
Ein einsam Leben führt! Ihm zehrt der Gram
Das nächste Glück vor seinen Lippen weg,
Ihm schwärmen abwärts immer die Gedanken

¡Ay del que está lejos de sus padres y hermanos!
¡Del que lleva una vida solitaria y está consumido por el dolor!
La próxima felicidad se ha ido de sus labios,
Sus pensamientos siempre decaen.

Estos versos introducen reflexiones generales pero concisas, que Eurípides no expresa de forma manifiesta.
Otro aspecto lingüístico es el vocabulario que incorpora cada autor. Eurípides, dirigiéndose a un público familiarizado con la mitología, menciona nombres y episodios míticos que incluyen a Tántalo, Pélope, Atreo y muchos otros de forma sucinta, a través de las palabras de Ifigenia​. Goethe conserva muchos de estos referentes, pero se detiene en ellos para extraer imperativos morales, de hecho, el poeta alemán amplía el trasfondo mítico cuando Ifigenia narra a Toante la maldición de su linaje comenzando desde Tántalo, personaje que Goethe presenta bajo una luz distinta a la de Eurípides. Para Goethe, Tántalo es una figura noble que sufre un castigo arbitrario de los dioses, esta digresión, ausente en Eurípides, enriquece el lenguaje con una dimensión simbólica nueva, utilizando el paralelismo entre Tántalo e Ifigenia al desafiar la tiranía divina.

Temática

La obra de Eurípides es, ante todo, una tragedia de evasión con elementos típicos de la mitología griega: la intervención caprichosa de los dioses, la fuerza del destino y la importancia de la astucia humana para sobrevivir.
Aunque con un final feliz inusual para una tragedia (nadie muere y la familia de Atreo se reúne), los valores subyacentes de Eurípides son propios de la visión griega del mundo, exaltando la lealtad familiar y también la piedad religiosa, entendida de forma ambigua, pues Artemisa exige sacrificios atroces, mientras Atenea impone su autoridad al final. Eurípides explora con insistencia la contraposición entre lo griego y lo bárbaro, los tauros son presentados al inicio como un pueblo brutal que realiza sacrificios humanos, mientras los griegos traen consigo civilización (aunque, irónicamente, la familia de Ifigenia carga con crímenes terribles).
En el texto clásico subyace la idea de que la barbarie puede ser doblegada mediante la astucia griega y, en última instancia, por la voluntad divina que favorece a los helenos. Los dilemas morales no son primordiales en Eurípides, Ifigenia está dispuesta a mentir y robar la estatua sagrada porque así lo manda Apolo y porque desea escapar, la mentira queda como un medio legítimo si con ello se evita un crimen mayor.
La Ifigenia clásica encarna valores de su tiempo: la fe en los dioses, admiración por la inteligencia ingeniosa y una ética en la que el fin justifica los medios.

La ética de Ifigenia en Goethe

Goethe transforma profundamente a la protagonista para adecuarla a los ideales del Clasicismo de Weimar, tratando de aunar el clasicismo con los principios de la Ilustración.
Goethe enfatiza el valor de la Humanität (humanidad), a partir de valores tales como la capacidad de compasión, la racionalidad y la nobleza moral universal del ser humano.
Un diálogo clave ilustra esta transformación. Cuando Ifigenia confiesa toda la verdad, Toante exclama sorprendido si ella realmente cree en su capacidad.

Du glaubst, es höre
Der rohe Scythe, der Barbar, die Stimme
Der Wahrheit und der Menschlichkeit, die Atreus,
Der Grieche, nicht vernahm?

¿Crees que escucha
el tosco escita, el bárbaro, la voz
de la verdad y de la piedad humana, que Atreo,
rey griego, no escuchó?

Con esta pregunta, Goethe pone en boca del rey una idea impensable para Eurípides: incluso un bárbaro puede actuar con humanidad, quizá más que un heleno, si se deja guiar por la razón.
Ifigenia responde que la voz de la verdad y la bondad la puede oír cualquier mortal, nacido bajo cualquier cielo, este intercambio condensa el ideal ilustrado de Goethe basado en valores morales universales y no privativos de una cultura, que Kant pone de manifiesto en su obra.
Otro cambio evidente es la relación con lo divino. En Eurípides, los dioses son personajes reales que imponen su voluntad, Goethe, influido por un concepto más ilustrado y personal de lo religioso, evita la intervención directa de los dioses en escena.
Aunque la misión de Orestes aún proviene del oráculo de Apolo, el desenlace depende de elecciones humanas. Ifigenia representa una espiritualidad personal y autónoma, siendo capaz incluso de cuestionarse si debe temer a dioses tiránicos o fiarse de una imagen de la divinidad más bondadosa, aquella que siente en sí misma​. Esta reflexión entronca con el clima intelectual de la época de Goethe, que buscaba reconciliar la religión con la razón y la conciencia moral.
El poeta alemán presenta el acto moral de decir la verdad como si se tratara de un imperativo sagrado, es a través de la sinceridad como se obra el milagro final de la salvación, no por intervenciones externas. El valor de la honestidad ocupa el lugar central en una tragedia en la que Ifigenia se convierte en símbolo de la integridad absoluta.
La insistencia en la verdad se enlaza con otro valor propio del Clasicismo, la reconciliación. La obra de Goethe no busca el choque trágico, sino mostrar cómo los conflictos se superan cuando las partes actúan noblemente. El final propone una reconciliación entre pueblos: Toante renuncia a su ira y respeta a los griegos, e Ifigenia promete que Táuride será siempre recordada con agradecimiento. Este desenlace pacífico, basado en la razón y la moderación, refleja claramente los ideales humanistas de Weimar, en contraste con la tensión fatalista que subyace incluso en el final feliz de Eurípides.

Orestes

Goethe también adapta la culpa y la redención de Orestes a los valores de su tiempo. En Eurípides, el hermano de Ifigenia sufre la persecución de las Erinias (o Furias) por matricidio, y su salvación viene dada objetivamente por el traslado de la estatua de Artemisa a Atenas, pero para Goethe, las Furias se interiorizan.
Orestes aparece aquejado de una enfermedad del alma, caracterizada por una sensación de remordimiento, una locura lúcida melancólica que desemboca incluso en deseos de muerte debido a su culpa​. Este tratamiento psicológico es propio de una era que comenzaba a explorar la mente humana, Goethe mismo había escrito profundamente sobre la melancolía en “Werther” (1774).
La curación de Orestes no proviene de un ritual expiatorio externo, sino del encuentro humano y afectuoso con Ifigenia, es el amor fraternal y la pureza de la protagonista lo que sana la enfermedad de Orestes​. El argumento sugiere que el equilibrio emocional y moral se recupera mediante el afecto y la verdad, el conflicto se resuelve cuando Orestes recupera la razón al abrazar a su hermana.
La idea ilustrada y prerromántica de Goethe se traduce en una catarsis moral en la que Ifigenia cumple un rol salvador, cercano a la santidad cristiana, que sana tanto a Orestes como al resto de los personajes implicados.

De la acción a la reflexión

Goethe añade un ofrecimiento matrimonial de Toante a Ifigenia que no solo crea tensión dramática. Cabe recordar que el teatro del XVIII demandaba a menudo un conflicto sentimental, este conato de romance responde a los temas del tiempo de Goethe. Es también importante destacar que Goethe aumenta los monólogos internos para explorar la psicología del personaje.
Estos añadidos imprimen a la obra un ritmo distinto al que establece Eurípides, reduciendo en general la acción externa en favor del diálogo reflexivo.
Fundamental en Goethe es el proceso para infundir los ideales de Weimar en la médula del mito. La Ifigenia goethiana propone un paso más hacia el ideal de humanidad respecto al original, convirtiendo el final en una alegoría de sinceridad y benevolencia ante la barbarie. No es casual que Goethe subtitulase la obra Ein Schauspiel (“Un espectáculo” o “Una obra dramática”), cancelando el concepto de tragedia, puesto que su objetivo era ofrecer al público un modelo edificante.

El proceso de traducción de Goethe

Cabe, por último, referir algunos aspectos concretos del proceso de adaptación de Goethe, una traducción desde el texto de Eurípides que, en realidad, no es tal.

La traducción del título

Los títulos de las obras reflejan ya una perspectiva diferente. Eurípides tituló su obra “Ἰφιγένεια ἐν Ταύροις” (Iphigeneia en Taurois), que se suele traducir como “Ifigenia entre los tauros”. Este título enfatiza la ubicación de Ifigenia en un contexto que no es el suyo, destacando las ideas de exilio y tensión entre la cultura griega y la bárbara.
Goethe, en cambio, tituló su obra “Iphigenie auf Tauris” (“Ifigenia en Táuride”), usando Tauride en alemán (en realidad se trata de una latinización) para referirse a la región. Su elección sugiere una visión idealizada, donde el énfasis no está en el conflicto cultural, sino en el dilema moral de Ifigenia.

Aspectos de la traducción

Goethe no traduce a Eurípides de forma literal, sino que reinterpreta la tragedia en favor de la sensibilidad de su época.
El proceso creativo pasó por varias etapas, en 1779 Goethe escribió la primera versión en prosa, influido todavía por el estilo Sturm und Drang, y que incorpora una gran carga de emoción interna. Posteriormente, durante un viaje a Italia, revisó profundamente el texto para dotarlo del tono sereno y equilibrado adecuado​.
Esta labor supuso desafíos lingüísticos importantes más allá del ritmo propio del verso. El alemán literario de la época aún estaba asentando su prosodia para la tragedia, Goethe aspiraba a crear un idioma poético equiparable al griego clásico en nobleza​, lo que le exigió una cierta experimentación métrica y estilística. En cartas de aquellos años, comenta las dificultades de encontrar un tono adecuado y melodioso en alemán para los versos elevados​.
El resultado final es un lenguaje depurado, que recupera arcaísmos cuando es preciso, pero que es claro en la expresión de ideas, buscando objetividad de forma que armoniza contenido y estilo​.

Otras influencias

Además de los aspectos moralizantes analizados anteriormente, derivados de las últimas etapas de un siglo ya impregnado de Idealismo, es curioso apreciar la influencia del pensamiento de Johann Joachim Winckelmann y la estética neoclásica.
Winckelmann fue un historiador del arte y arqueólogo alemán, considerado el padre de la historia del arte clásico. Uno de sus principales aportes a la cultura de su tiempo fue la idea de que el arte griego representaba una noble sencillez y una serena grandeza, principios que Goethe asimiló.
También quiso Goethe que su Ifigenia fuera una suerte de estatua griega viviente, encarnación de la belleza moral. Para obtener esta imagen se inspiró su amiga y musa espiritual Charlotte von Stein, cuya imagen idealizaba como una especie de referencia inaccesible (“Thomas Mann. Lotte in Weimar”, traducido habitualmente como “Carlota en Weimar” de Thomas Mann, ofrece más información sobre el círculo de Goethe en Weimar, que también incluía a la madre de Schopenhauer, Johanna).
Goethe tomó decisiones decisivas para actualizar la historia, eliminando a personajes menores y al coro, para concentrar la obra en cinco personajes principales: Ifigenia, Orestes, Pílades, Toante y su consejero Arcas. La reducción de la plantilla de caracteres permite, además, cumplir con la regla neoclásica de los tres actores en escena para crear un espacio más íntimo​.

Leer hoy a Ifigenia

Ifigenia es uno de esos personajes clásicos que, como Antígona, nos ofrecen múltiples imágenes en base a tiempos y pensamientos muy distintos. Más allá de la literatura, existen Ifigenias en el cine y en la ópera que nos demuestran que la literatura clásica mantiene su espacio propio en el acervo cultural de cualquier actualidad.

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Goethe

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Johann Wolfgang von Goethe, biografía y obras escogidas

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) es uno de los escritores más influyentes de la literatura alemana, su vida personal estuvo marcada por experiencias que influyeron en su visión del mundo, desde su infancia en Frankfurt hasta sus últimos años en Weimar.

Infancia y juventud: Formación en Frankfurt y Leipzig

Goethe nació el 28 de agosto de 1749 en Frankfurt del Meno, en el seno de una familia acomodada. Su padre, Johann Caspar Goethe, era un funcionario imperial con grandes ambiciones para su hijo, y su madre, Katharina Elisabeth, fue una mujer de gran imaginación que le transmitió su amor por las historias. Desde pequeño, Goethe recibió una educación rigurosa en casa, aprendiendo latín, griego, francés e italiano, además de dibujo y música. Su padre, aunque estricto, fomentó en él un espíritu autodidacta y le expuso a la cultura clásica y el arte.
En 1765, a los 16 años, Goethe se trasladó a Leipzig para estudiar derecho, cumpliendo con los deseos de su padre, sin embargo, la vida académica no despertó en él un gran entusiasmo. Se sintió más atraído por la vida bohemia y el arte, frecuentando los círculos intelectuales y teniendo su primera gran relación sentimental con Anna Katharina Schönkopf, hija de un posadero, que le inspiró sus primeros poemas de amor. Esta etapa estuvo marcada por los excesos y por una crisis de salud en 1768 que le obligó a regresar a Frankfurt.
Durante su convalecencia, se volcó en estudios de misticismo, alquimia y filosofía, influenciado por autores como Paracelso y Spinoza. Esta fase de introspección tuvo un gran impacto en su pensamiento y en su búsqueda del significado de la existencia.

Viajes y transformación: Estrasburgo, Weimar e Italia

En 1770, con la necesidad de terminar sus estudios, Goethe se trasladó a Estrasburgo, donde finalmente obtuvo su título en derecho. En esta ciudad conoció a Johann Gottfried Herder, quien le introdujo en las ideas del Sturm und Drang, un movimiento que enfatizaba la emoción, la naturaleza y la rebeldía frente a las normas establecidas. Durante este tiempo, vivió un intenso romance con Friederike Brion, hija de un pastor, que terminó abruptamente, algo que atormentó a Goethe durante años.
Tras ejercer brevemente como abogado en Frankfurt, su creciente fama como escritor le llevó a ser invitado en 1775 a la corte del duque Carlos Augusto de Weimar, donde se convirtió en consejero. En Weimar, donde Goethe vivió casi toda su vida, desempeñó altos cargos administrativos en el gobierno que incluyeron desde la gestión de minas, hasta la reorganización del ejército y la administración de carreteras. Esta etapa le apartó momentáneamente de la literatura, pero le convirtió en un hombre de estado con gran influencia en la vida cultural y política de la época.
En 1786, sintiéndose asfixiado por la rutina y el peso de sus responsabilidades, emprendió un viaje secreto a Italia, que se convirtió en una de las experiencias más trascendentales de su vida. Allí se maravilló con el arte renacentista y la arquitectura clásica, lo que consolidó su adhesión al clasicismo. Este viaje también le permitió redescubrir su libertad personal, alejándose del protocolo cortesano y disfrutando de una vida más relajada en Roma, Nápoles y Sicilia.

Vida sentimental, últimos años y legado personal

A lo largo de su vida, Goethe tuvo numerosas relaciones amorosas, pero una de las más importantes fue con Charlotte von Stein, una dama de la corte de Weimar. Su relación, que duró más de una década, fue platónica y se basó en una profunda conexión intelectual.
Tras su regreso de Italia en 1788, Goethe comenzó una relación con Christiane Vulpius, una mujer de origen humilde con la que tuvo a su hijo August en 1789. Aunque no se casaron hasta 1806, Christiane fue su compañera más estable, a pesar de la desaprobación de la aristocracia de Weimar.
En sus últimos años, Goethe se sumergió en la contemplación filosófica y científica, interesándose por la botánica, la óptica y la teoría de los colores. En 1830 sufrió un golpe devastador debido a la muerte de su hijo August en Roma, lo que le sumió en una profunda tristeza.
Goethe falleció el 22 de marzo de 1832 en Weimar a los 82 años. Sus últimas palabras fueron «Mehr Licht!» («¡Más luz!»), una frase enigmática que ha sido interpretada tanto literal como metafóricamente, debido a su búsqueda constante de conocimiento y claridad.
Sus obras más significativas son las siguientes.

Las desventuras del joven Werther (1774)

Esta novela epistolar convirtió a Goethe en una celebridad literaria en toda Europa. Narra la trágica historia de Werther, un joven apasionado que se enamora de Lotte, una mujer comprometida con otro hombre. A medida que su amor imposible le consume, Werther cae en una profunda desesperación que le lleva al suicidio. La obra es un reflejo de la lucha entre la razón y el sentimiento.

Fausto (1808 y 1832)

Considerada la obra maestra de Goethe, “Fausto” es una tragedia en dos partes que explora la búsqueda del conocimiento, la ambición y la redención. El protagonista, Fausto, un erudito insatisfecho, hace un pacto con el demonio Mefistófeles para obtener sabiduría y placer ilimitados. En la primera parte (1808), el foco está en la tragedia amorosa con Margarita, mientras que la segunda (1832) es más filosófica y simbólica, abarcando temas como el poder, la creación y la salvación. La obra sintetiza elementos del clasicismo, el romanticismo y la filosofía.

Torquato Tasso (1790)

Esta obra dramática explora el conflicto entre el arte y la realidad, basándose en la vida del poeta renacentista Torquato Tasso. La historia sigue al protagonista, un artista brillante pero emocionalmente inestable, que lucha por encontrar su lugar en la corte de Ferrara. Su sensibilidad y su búsqueda de reconocimiento chocan con las normas rígidas de la sociedad aristocrática, llevándole a un estado de desesperación y aislamiento.

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