Arthur Schopenhauer y Georg Wilhelm Friedrich Hegel fueron dos filósofos idealistas postkantianos, que redefinieron los principios de la realidad y el ser. Sus teorías son recuperadas periódicamente debido a su originalidad y coherencia, en este caso, vamos a analizar brevemente los conceptos de voluntad y espíritu, fundamentales en sus respectivas ontologías, y su relación con el arte.
La voluntad en Schopenhauer
El concepto capital que Schopenhauer desarrolla a lo largo de toda su obra es el de voluntad (wille). Para entender el efecto del arte sobre el sujeto es básico conocer en profundidad este término.
Los antecedentes de la voluntad
En “La cuádruple raíz…”, un Schopenhauer que contaba con 25 años nos desvela los 4 principios causales:
- Devenir. Tiempo y espacio hacen de la representación algo aprehensible.
- Conocer. Se trata de los juicios y pensamientos abstractos, representaciones de representaciones.
- Ser. El tiempo aporta un sentido interno y el espacio un sentido externo al sujeto, generando sensaciones.
- Obrar. Viene del impulso de la voluntad, cuyo principio último es inexplicable.
Para Schopenhauer, existe una causa fundamental que nos impulsa a obrar y que nos permite conocernos a nosotros mismos como voluntad, esta es la causa suficiente real para actuar tal y como lo hacemos.
La raíz negativa de la voluntad
Para otros teóricos, determinar la voluntad como causa habría supuesto una reacción de cariz optimista, sin embargo, Schopenhauer la percibe como un castigo, atribuyéndole cualidades nocivas.
No solo cada individuo, la existencia entera se ve impelida por la voluntad, una fuerza irracional que nos obliga a actuar continuamente. Esta necesidad continua de obrar nos hace permanentemente infelices en dos tiempos, por una parte, tenemos necesidad de llegar a un fin (similar al deseo en el budismo), y por otra parte, una vez alcanzamos este fin, nos sentimos vacíos y frustrados.
Abandonar el círculo de la voluntad
La teoría completa de Schopenhauer, culminada en 1818 con la publicación de “El mundo como voluntad y representación”, establece tres salidas ante la presión que ejerce la voluntad.
- Abandonarse a los demás, suprimiendo cualquier deseo propio.
- Retirarse a una vida de soledad sin contacto con el otro.
- Contemplar la estética a través del arte.
El arte ofrece una de las salidas al efecto negativo de la voluntad sobre el individuo, sin embargo, esta alternativa tiene una serie de restricciones que analizamos más adelante.
El espíritu en Hegel
El equivalente a la voluntad en Hegel es el espíritu, sin embargo, la interpretación que le da Hegel a este concepto no es paralela a la de Schopenhauer.
La filosofía de Hegel identifica un espíritu (geist) presente en todo, este espíritu es una síntesis de realidad y conciencia y su fin último es la libertad, de ahí su carácter positivo si lo comparamos con el wille de Schopenhauer.
La aprehensión del espíritu
Mediante el objeto, es decir, el otro, la conciencia se llega a hacer autoconciencia, de esta forma captamos además la conciencia ajena. El espíritu se reconoce primero en el otro, para volverse a continuación a sí mismo, entonces se percibe como presente en todo.
La autoidentificación del espíritu no se queda en el sujeto y el objeto inmediato, desde la percepción espacial pasa a una percepción temporal que le hace consciente de sí en el pasado, el presente y el futuro y, por tanto, en todos los espacios y tiempos.
Dialéctica y lucha
El espíritu libra una batalla continua consigo mismo, produciendo una lucha de contrarios que no pueden convivir, pero que se producen. A esta pugna Hegel la denomina dialéctica, y genera un tercer estado del espíritu que, de inmediato, entra en conflicto con otro contrario.
El movimiento perpetuo del espíritu no es exclusivo del individuo, esta fuerza impersonal empuja la acción conjunta de la realidad, dando lugar a la Historia.
El fin del espíritu
La misión del espíritu culmina en la autoconciencia plena y la libertad absoluta, un estado en el que el individuo se reconoce a sí mismo en la totalidad del mundo y, a la vez, es capaz de actuar conforme a su voluntad racional. El espíritu absoluto simboliza el momento en que se alcanza la unidad entre el sujeto y el objeto, la razón y la realidad.
El Espíritu es, por tanto, la manifestación progresiva de la libertad y del entendimiento del ser, alcanzando su plena expresión en la sociedad, la cultura y la filosofía.
Schopenhauer, el arte como apaciguador de la voluntad
Entregarse a los demás y practicar el ascetismo son las dos soluciones que, según Schopenhauer, nos van a desligar del acecho de la voluntad de manera permanente. Cambiar radicalmente de vida es la única solución que le queda al ciudadano contemporáneo para liberarse del yugo del sufrimiento.
Para los que tenemos responsabilidades ineludibles, existe una tercera vía que nos permite vislumbrar fugazmente el albedrío más allá de la voluntad, la contemplación estética.
El arte y su función liberadora
Son muchas las partes de la obra de Schopenhauer en las que el filósofo expone su idea estética, en resumen, el efecto que producen las manifestaciones artísticas es la desaparición provisional de la voluntad.
Mientras estamos en una platea, frente a un Cézanne o memorizando un poema clásico, la voluntad desaparece, somos nuestros propios dueños y el principio de razón que opera en nosotros es el intelectual, sin que la voluntad interfiera en nuestro ser.
El carácter temporal del efecto estético
El reposo de la voluntad dura el tiempo que pasa usted abandonado o abandonada a la contemplación estética. Una vez finalizada la experiencia, la voluntad vuelve a caer plúmbea sobre su ser, recordándole lo que debiera haber estado haciendo y ha osado eludir.
Suspender los deseos personales, aunque sea brevemente, es la función principal del arte si atendemos a sus propiedades metafísicas. El arte nos conecta con una verdad más profunda, similar al mundo platónico de las ideas.
Los grados de liberación del arte
Schopenhauer establece una curiosa clasificación, teniendo en cuenta el grado de liberación que nos proporciona cada manifestación artística.
La pintura, la escultura y la poesía nos permiten contemplar las representaciones de las ideas, lo cual ya supone un consuelo. Estas expresiones son un reflejo de realidades más elevadas y, por tanto, podemos rozar su esencia y, a la vez, desprendernos de la agitación que nos causa permanentemente la voluntad.
Sin embargo, quien desee liberarse por completo de la acción perjudicial de la voluntad, deberá recurrir a la música. La música es la expresión directa de la voluntad misma, según el filósofo alemán, la música es una especie de rastro de la acción de la voluntad, su escucha atenta nos libera de se empuje y a la vez, nos permite atisbar su recorrido.
La música, por tanto, tendría preponderancia porque no representa objetos específicos del mundo, sino que es una manifestación directa de la voluntad. Schopenhauer la describe como un lenguaje universal que comunica el sentir más profundo de la existencia, logrando una conexión emocional que trasciende lo racional.
Hegel, el arte como autoconciencia del espíritu
Los mecanismos propios del geist hegeliano se relacionan con el arte de una forma particular. Lo que para Schopenhauer supone un medio para el individuo, para Hegel es un medio para el propio espíritu, mediante el arte, el geist se hace consciente de sí y de su libertad, percibiendo la insuficiencia de lo sensible en comparación con su propia aparición.
El espíritu en movimiento
Estableciendo un paralelismo con el movimiento inocuo de la voluntad en la música, Hegel describe el arte como la representación de la acción del espíritu en las manifestaciones estéticas que percibimos como bellas.
Hegel propone un ejemplo, las pinturas mitológicas. En “Las bodas de Tetis y Peleo” de Jacques Jordaens, en el Museo del Prado, el espíritu lanza una manzana por mano de la Discordia, que provoca una discusión en pleno banquete. La decisión sobre la pertenencia de la manzana de oro es el hecho que hace avanzar la historia hacia el conflicto troyano. Probablemente también fuera la acción de la voluntad la que empujara a Aquiles presto a la batalla desde el himeneo, siendo víctima de una de las flechas de Paris.
En la obra elegida percibimos el geist hegeliano actuando en plenitud.
La realización del espíritu puro
En la filosofía de Hegel, la realización del espíritu puro es uno de los momentos culminantes de su sistema. El filósofo alemán concibe la historia del pensamiento y de la conciencia como un proceso dialéctico en el que el espíritu se despliega y se reconoce a sí mismo, este desarrollo culmina en la manifestación del espíritu puro, realizado a través de tres formas fundamentales: el arte, la religión y la filosofía.
El arte es la primera forma de manifestación del espíritu puro y, por tanto, la más elemental. En el arte, la verdad se presenta de manera intuitiva y sensible. A través de la belleza, el arte logra expresar la esencia del espíritu, pero lo hace de una forma todavía concreta y perceptible por los sentidos, como podemos apreciar en la actitud de la Discordia de Jordaens.
La intuición estética permite captar la unidad entre lo sensible y lo espiritual, pero esta unidad es todavía imperfecta, ya que depende de la materialidad de la obra de arte sin alcanzar un concepto plenamente desarrollado. Para Hegel, la intuición que se logra a través del arte es siempre limitada, pues el arte se dirige al sentimiento y a la sensibilidad.
La religión eleva aún más la concepción del espíritu, un camino que culmina en la filosofía, en lo que supone el fin del proceso dialéctico del espíritu puro.
El espíritu en el arte y las religiones naturales
Hay en Hegel una comparación curiosa entre el estado de autoconciencia del espíritu en el arte y el desarrollo de las religiones que él llama naturales.
Las religiones que basan su creencias en procesos naturales perceptibles conocen un espíritu, pero no llegan a ahondar en él, siendo como un artesano que puede admirar su obra pero no puede contemplarse a sí mismo como creador.
El mundo animal y el vegetal también se establecen en este nivel, en ambos casos el espíritu actúa en estos seres, pero sin autopercibirse. La obra de arte sería otra de las exteriorizaciones espirituales de forma todavía no autoconsciente, pero en vías de serlo a través de la fe y la conceptualización filosófica.
Obras de referencia sobre estética de Arthur Schopenhauer y Georg Wilhelm Friedrich Hegel
A nadie se le puede recomendar leer a Hegel. Si desea ahondar en sus puntos de vista estéticos, la “Fenomenología del espíritu” incluye pasajes sobre el arte y la cultura, pero es en las “Lecciones sobre estética”, un compendio póstumo publicado entre 1835 y 1838, donde entendemos in extenso el efecto del arte sobre el espíritu hegeliano.
Respecto a la comprensión del arte en Schopenhauer, el libro tercero de “El mundo como voluntad y representación” nos guía a lo largo de la teoría estética del autor.
Arthur Schopenhauer, biografía y obras escogidas
Arthur Schopenhauer nació el 22 de febrero de 1788 en Danzig (actual Gdansk, Polonia). Su filosofía, profundamente pesimista y crítica, le convirtió en una figura única dentro del pensamiento occidental. Schopenhauer es conocido por su obra “El mundo como voluntad y representación”, en la que presenta su visión de la realidad como una lucha perpetua impulsada por una voluntad irracional. Su pensamiento influyó en corrientes filosóficas posteriores, incluyendo el existencialismo, el nihilismo y el psicoanálisis.
Infancia y formación
Hijo de Heinrich Floris Schopenhauer, un comerciante próspero, y Johanna Schopenhauer, una conocida escritora, Arthur tuvo una infancia marcada por la educación rigurosa y un ambiente cosmopolita. Su padre, un hombre de carácter fuerte, insistió en que Arthur recibiera una formación internacional, lo que le permitió viajar por varios países y aprender múltiples idiomas. Tras la muerte de su padre, en 1805, Schopenhauer abandonó los negocios para dedicarse al estudio de la filosofía.
Estudió en las universidades de Gotinga y Berlín, donde recibió la influencia de figuras como Johann Gottlieb Fichte y Friedrich Schleiermacher. Sin embargo, el pensamiento de Immanuel Kant y la filosofía oriental, particularmente el budismo y el hinduismo, fueron las mayores influencias en el desarrollo de su sistema filosófico.
A pesar de vivir en la misma época que Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Schopenhauer fue un crítico acérrimo del idealismo hegeliano, al que consideraba abstracto y carente de sentido práctico.
Reconocimiento
Schopenhauer vivió gran parte de su vida en soledad y sin que sus obras tuvieran ningún impacto. Durante mucho tiempo sus teorías pasaron desapercibidas, eclipsadas por el éxito del idealismo hegeliano, sin embargo, con el tiempo su filosofía comenzó a obtener popularidad. La visión pesimista de Schopenhauer influyó en figuras como Friedrich Nietzsche y Richard Wagner, quienes encontraron en sus ideas una fuente de inspiración para sus propias obras.
Schopenhauer murió el 21 de septiembre de 1860 en Frankfurt, Alemania, dejando un legado que, aunque controvertido, se convirtió en uno de los pilares del pensamiento moderno. Su visión del mundo como un lugar dominado por el sufrimiento y la insatisfacción fue un contrapunto al optimismo de otros filósofos de su época, y su análisis del comportamiento humano sigue siendo relevante hoy en día.
Algunas de sus obras más importantes son las siguientes.
Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813)
En la que sería su tesis doctoral, Schopenhauer profundiza en el concepto del principio de razón suficiente, estableciendo que nada ocurre sin una razón. Schopenhauer identifica cuatro formas distintas en las que este principio se manifiesta: el devenir, el conocer, el ser y el actuar, esta última movida por la voluntad. Esta obra es crucial, porque establece la base epistemológica de su sistema filosófico, sirviendo como introducción a su visión del mundo y a la lógica que subyace a toda su filosofía.
El mundo como voluntad y representación (1818)
Es la obra más influyente de Schopenhauer, en ella el autor desarrolla su visión metafísica del mundo, en la que la voluntad es el principio fundamental que subyace a toda la realidad. Schopenhauer describe la voluntad como una fuerza irracional, sin propósito y siempre insatisfecha, que impulsa a todos los seres vivos. Esta obra también expone la idea de que la vida es esencialmente sufrimiento, ya que la satisfacción de un deseo solo conduce a la aparición de nuevos deseos. La obra es famosa por su pesimismo, pero también por ofrecer una vía de escape a través de la contemplación estética y la renuncia.
Wilhelm Friedrich Hegel, biografía y obras escogidas
Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació el 27 de agosto de 1770 en Stuttgart, Alemania. Hegel es reconocido como una de las figuras más importantes del idealismo alemán, corriente filosófica que se desarrolló en el siglo XIX. Su pensamiento se basa en la dialéctica, un proceso mediante el cual el conocimiento y la realidad evolucionan a través de contradicciones. La influencia de Hegel fue fundamental para el desarrollo de otras corrientes filosóficas, incluidas las teorías del existencialismo, el marxismo y la fenomenología.
Juventud y estudios
Desde pequeño mostró una gran aptitud para los estudios y desarrolló un profundo interés por la filosofía, la teología y la historia. En 1788, Hegel ingresó en el seminario protestante de Tubinga, donde estudió teología y comenzó a centrarse profundamente en la filosofía. Durante su etapa en Tubinga conoció a Friedrich Hölderlin y Friedrich Schelling, dos figuras también relevantes para la cultura germánica.
Trayectoria
Después de finalizar sus estudios, Hegel trabajó como tutor privado mientras desarrollaba sus ideas filosóficas. En 1801 se mudó a Jena, donde empezó a enseñar en la universidad, fue en esta ciudad donde Hegel comenzó a madurar sus teorías, especialmente gracias al ambiente de efervescencia intelectual que ofrecía el entorno académico. En 1807 publicó su primera gran obra, “Fenomenología del Espíritu”, que le encumbró como una voz capital dentro de la filosofía europea. Parte de esta obra la escribió con el sonido de la batalla de Jena de fondo.
Más tarde, Hegel trabajó en Bamberg como editor de un periódico y como director de un gimnasio (escuela secundaria) en Núremberg. En 1816 aceptó un puesto de profesor de filosofía en la Universidad de Heidelberg, donde desarrolló y publicó su “Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas”. Este trabajo le permitió sistematizar sus ideas filosóficas, pero no fue sino hasta su traslado a la Universidad de Berlín, en 1818, cuando se consagró definitivamente como uno de los grandes pensadores de la época.
Filosofía
La construcción hegeliana del proceso dialéctico, no solo en el ámbito del pensamiento, sino también en el de la historia, ha sido influyente en la manera en que entendemos el progreso y el cambio. Según Hegel, la historia es el proceso a través del cual el espíritu humano se desarrolla y se manifiesta en el mundo, hasta alcanzar la libertad absoluta.
A pesar de la complejidad de su obra, Hegel tuvo un impacto duradero en el desarrollo de la filosofía moderna. Sus ideas fueron adoptadas, criticadas y reinterpretadas por otros grandes pensadores. Karl Marx, por ejemplo, transformó la dialéctica hegeliana para formular su propia teoría del materialismo histórico. Del mismo modo, otros filósofos como Søren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche reaccionaron a las ideas de Hegel, cada uno en su propia dirección.
Las siguientes son algunas de sus principales obras.
Fenomenología del espíritu (1807)
Es una de las obras más importantes de Hegel, fundamental en el desarrollo del idealismo alemán. Publicada en 1807, la obra busca explorar la evolución de la conciencia humana desde su forma más simple, hasta su manifestación más elevada como espíritu absoluto. En esta obra, Hegel describe el desarrollo de la conciencia individual a través de una serie de etapas dialécticas que incluyen la percepción, el entendimiento y la razón. El objetivo último es la obtención del conocimiento absoluto, donde el individuo se reconcilia consigo mismo y con el mundo a través del reconocimiento mutuo.
Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817)
Se trata de una introducción completa a todo el sistema filosófico hegeliano. La enciclopedia se divide en tres partes principales: Lógica, Filosofía de la Naturaleza y Filosofía del Espíritu. En la primera parte, Hegel presenta su teoría lógica, el fundamento de su método dialéctico. La segunda parte trata sobre el desarrollo de la naturaleza como manifestación de la idea, y la tercera sección explora el desarrollo del espíritu humano. Esta obra es crucial para entender cómo Hegel organiza el conocimiento y cómo cada aspecto de la realidad está interrelacionado, dentro de un sistema filosófico unificado.
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