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Chinua Achebe fue un excepcional narrador. Además de sus novelas, la obra del escritor nigeriano incorpora una excelente producción ensayística en la que trata temas relacionados con cuestiones raciales, colonialismo y racismo latente.
“Una imagen de África, racismo en «El corazón de las tinieblas» de Conrad” permite evaluar un debate actual, con la perspectiva de un texto escrito hace cinco décadas.

La lectura de Achebe, contexto y publicación

El ensayo original reproduce una conferencia pronunciada por Achebe en febrero de 1975 en la universidad de Massachusetts Amherst. El contenido íntegro fue publicado por “The Massachusetts review»* en 1977 y corregido para “Hopes and impediments” (“Esperanzas y obstáculos. 1965-1987”), una recopilación de ensayos del escritor nigeriano, editada en 1988.
Para el lector es importante conocer el contexto académico que da origen al texto. A pesar de su publicación posterior, las palabras de Achebe son, en principio, para un público muy concreto, personas en su inmensa mayoría blancas, en vías de formar parte de la élite intelectual de los Estados Unidos.
La Universidad de Massachusetts, a la que pertenece el campus de Amherst, es la principal universidad pública en un estado que alberga centros privados como el Massachusetts Institute of Technology o la Harvard University.

* “The Massachusetts review” es una revista literaria trimestral, fundada por profesores del campus de Amherst en 1959, aún vigente.

El corazón de las tinieblas*

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El corazón de las tinieblas*

El corazón de las tinieblas*

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El corazón de las tinieblas*

El corazón de las tinieblas*

El corazón de las tinieblas*

La lectura de “El corazón de las tinieblas” de Achebe

Son numerosos los aspectos que denuncia Achebe respecto al texto de Conrad, en su mayoría podemos resumirlos en dos acusaciones: Europa se compara constantemente con una idea deformada de África para calmar su ansiedad y el texto de Conrad despoja a los personajes de origen africano de sus rasgos humanos básicos.

La comparación ventajista entre Europa y África

One might indeed say the need — in Western psychology to set Africa up as a foil to Europe, as a place of negations at once remote and vaguely familiar, in comparison with which Europe’s own state of spiritual grace will be manifest.

Podría decirse que es necesario, en la psicología occidental, situar a África como un espejo de Europa, como un lugar de negaciones a la vez remotas y vagamente familiares, para manifestar el propio estado de gracia espiritual de Europa.

Las traducciones son propias. Esta es una de las principales premisas del texto de Achebe. Europa renueva constantemente la imagen de África como un territorio salvaje e inhóspito, para redimir su propia percepción. El concepto state of spiritual grace, que podemos traducir como “estado de gracia espiritual”, es importante porque no solo habla del desarrollo técnico, la comparación eurocentrista va más allá, concediendo al continente europeo un espíritu elevado frente a la posibilidad espiritual que le atribuye a África, elemental, cuando no carente de todo espíritu.

La literatura como construcción de prejuicios

Achebe habla de una posición constructivista de la literatura. A través de las fábulas Europeas hemos llegado a una perspectiva unificada sobre África, compuesta por valores absolutamente negativos.
Existe una literatura occidental que refuerza los conceptos relacionados con el salvajismo africano, estos relatos pueden ser toscos y rápidamente obviados, o pueden ser permanentes si la obra se considera lo suficientemente meritoria, en este segundo grupo estaría la obra de Conrad.
El contraste entre el espíritu europeo y el espíritu africano tendría, por tanto, un soporte clave en la literatura como constructora de imágenes que, previa deformación, proporcionan un consuelo al imaginario europeo.

La imagen de los ríos

Al comienzo del análisis, Achebe apunta la necesidad de enfrentar el refinamiento europeo a su antítesis, un continente africano dominado por la bestialidad. Conrad utiliza la imagen de los ríos, entorno básico en “El corazón de las tinieblas”, para delimitar ambos campos. Conrad comienza su viaje en el Támesis observando el Nellie, un bergantín atracado en el Támesis a su paso por Gravesend, a unos 40 kilómetros al este de Londres. La novela se refiere al río británico como aliado de la raza que le puebla, un río domesticado que forma parte del espíritu inmenso occidental.
Contrario al Támesis es el río Congo, cuyo caudal remonta Charles Marlow. El personaje británico comprueba su violencia, consecuencia del carácter indómito de las tribus asentadas en sus orillas.
La metáfora que señala Achebe es válida y, además, tiene una presencia constante en la novela.

El adjetivo en Conrad

Para fabricar mitos es imprescindible el uso repetido de adjetivos. Desde el origen de la literatura occidental, Homero nos enseña que el epíteto es la atribución con la que construimos héroes y antihéroes, Achebe apunta a adjetivos como implacable, inscrutable, unspeakable, mysterious (“implacable”, “inescrutable”, “inefable”, “misterioso”) para generar una imagen determinada en el lector a través, en este caso, de la atribuciones del río.
Algunos expertos, dice Achebe, ya habían detectado en Conrad una cierta tendencia a adjetivos relacionados con lo incomprensible, lo inexpresable, lo que el escritor nigeriano expone es que no sería tanto un error de estilo, sino una insistencia consciente con el objetivo de crear una determinada emoción, atribuible a una imagen negativa, en este caso, sobre África.
En torno a la comparación, el adjetivo modela un grupo de personajes racionales, sofisticados, en lucha con un entorno que ni siquiera es posible describir, debido a su naturaleza feroz. Este entorno, continuamente hostil, está formado tanto por elementos naturales como por personas que Conrad deshumaniza, en opinión de Achebe.
En relación con la intención de las palabras, el autor del ensayo reconoce, al final del texto, haber utilizado varias veces la expresión “deliberada/o” para describir la actitud europea hacia África, sin embargo, dice sentir que dicha actitud se mantiene actualmente en el plano inconsciente en la población occidental, en lugar de provenir de una intención consciente.

La imagen del africano en Conrad

Achebe reconoce que los pasajes que más le interesan en la novela de Conrad son aquellos referidos a personas. En el primer extracto de la novela elegido por Achebe, percibimos la opinión de Conrad hacia el europeo que llega a la conquista de África.

We were wanderers on a prehistoric earth, on an earth that wore the aspect of an unknown planet. We could have fancied ourselves the first of men taking possession of an accursed inheritance, to be subdued at the cost of profound anguish and of excessive toil.

Éramos viajeros en una tierra prehistórica, en una tierra que tenía el aspecto de un planeta desconocido. Podríamos habernos creído los primeros hombres que tomaban posesión de una herencia maldita, que había que someter a costa de una angustia profunda y de un trabajo excesivo.

De nuevo adjetivos como “desconocido”, “maldita”, “profunda” y “excesivo” construyen dos experiencias, la del entorno que espera y la del explorador que está subyugado ante la situación y que, a pesar del peligro, decide adentrarse. El relato avanza presentando a los que esperan en las orillas. La masa aplaude y patea, grita, es un torbellino de extremidades. Lo que ven y escuchan desde el barco no son individuos, sino un grupo informe y monstruoso.
Para Marlow, lo más pavoroso es que aquello que le sale al paso no es inhumano. El hombre prehistórico, prehistoric man en el original, es él mismo en un estado infinitamente anterior al homo europeus.

Cada uno en su lugar

La posición de europeos y africanos es fundamental para Conrad, según el relato de Achebe. Cada personaje está en su posición, dominante en el caso de los europeos, supeditada o salvaje en el caso de los africanos.
Achebe indica la rareza de un personaje que sale de su contexto, el hombre africano que está embarcado con la tripulación que trata de encontrar a Kurtz en la jungla. Este improvisado grumete ofrece una imagen bufonesca, debido a que está fuera del lugar que le corresponde.
Al describir las maniobras del barco, Conrad incluye la siguiente frase:

Fine fellows-cannibals-in their place. They were men one could work with.

Buenos tipos-caníbales-en su lugar. Hombres con los que uno podía trabajar.

Apunta Achebe, refiriéndose a este pasaje, que cualquier costumbre africana está bien, siempre que se mantenga en su lugar. También el traslado de Europa más allá de su policía, dice Achebe, es una tragedia.

Las mujeres de Kurtz

La presencia de las dos mujeres de Kurtz también construyen tanto la imagen del africano, como la comparación África-Europa, en base a estereotipos.
En referencia a la descripción de la mujer africana, voy a rescatar un extracto más extenso que el que reseña Achebe.

“She walked with measured steps, draped in striped and fringed cloths, treading the earth proudly, with a slight jingle and flash of barbarous ornaments. She carried her head high; her hair was done in the shape of a helmet; she had brass leggings to the knee, brass wire gauntlets to the elbow, a crimson spot on her tawny cheek, innumerable necklaces of glass beads on her neck; bizarre things, charms, gifts of witch-men, that hung about her, glittered and trembled at every step. She must have had the value of several elephant tusks upon her. She was savage and superb, wild-eyed and magnificent; there was something ominous and stately in her deliberate progress. And in the hush that had fallen suddenly upon the whole sorrowful land, the immense wilderness, the colossal body of the fecund and mysterious life seemed to look at her, pensive, as though it had been looking at the image of its own tenebrous and passionate soul.”

“Caminaba con pasos medidos, ataviada con telas de rayas y flecos, pisando la tierra con orgullo, con un ligero tintineo y destellos de ornamentos bárbaros. Llevaba la cabeza alta; el pelo peinado en forma de yelmo; polainas de latón hasta la rodilla, guantes de alambre de latón hasta el codo, una mancha carmesí en la mejilla leonada, innumerables collares de cuentas de vidrio en el cuello; cosas extrañas, amuletos, regalos de brujos, que colgaban a su alrededor, brillaban y temblaban a cada paso. Debía de llevar encima el valor de varios colmillos de elefante. Era salvaje y soberbia, de ojos salvajes y magníficos; había algo abyecto y majestuoso en su deliberado avance. Y en el silencio que había caído repentinamente sobre toda la triste tierra, el inmenso desierto, el colosal cuerpo de la fecunda y misteriosa vida parecía mirarla, pensativo, como si hubiera estado mirando la imagen de su propia alma tenebrosa y apasionada.”

Achebe construye su crítica en base a la frase señalada en cursiva, que habla de ojos “salvajes” y una imagen también “salvaje” (savage y wild en el original). En el ensayo, también añade una frase en la que compara a la mujer con la selva y la define como “inescrutable” (inscrutable), adjetivo relacionado con la lista de calificativos anteriormente citada.
Sin embargo, Achebe obvia los rasgos de humanidad que, en este caso, Conrad concede a la mujer de Kurtz. Su actitud de orgullo, el hecho de caminar con la cabeza alta y la dignidad que desprende al moverse, son señales que el escritor nigeriano obvia, y que son fundamentales para juzgar el sentido completo de la construcción de los personajes africanos de Conrad.
Más allá del valor mercantilista de los adornos, atribuibles tanto a la cultura concreta de la mujer como a la occidental, Conrad habla de majestuosidad, eso sí, diluida en una cierta abyección (ominous en el original) entendida como rechazo.
Incluso la descripción llega a conceder al entorno un alma personificada en la mujer, si bien tenebrosa y apasionada, en un juego de contrastes similar a la imagen majestuosa y abyecta de la mujer.
Conrad otorga a la mujer africana numerosos atributos, pero la personifica y la atribuye cierta dignidad, más allá del salvajismo que Achebe rescata de una descripción mucho más compleja.
En cuanto a la mujer europea de Kurtz, se trata de una mujer flotante, enamorada, cuyo único anhelo es conocer las últimas palabras de su amado. Marlow le miente.

El lenguaje como rasgo humano

Achebe identifica en el lenguaje un rasgo propio del espíritu humano, despojando de idioma inteligible a los africanos. Los personajes europeos que remontan el río Congo no tienen contacto con su idioma materno más allá de la embarcación, exceptuando dos momentos puntuales que Achebe recoge en su ensayo.
Despojar a los personajes africanos de habla es un recurso que, indudablemente, los ubica en una posición inferior respecto a los europeos, Achebe incorpora también la ruptura del lenguaje a las dos mujeres anteriormente descritas.
La mujer africana que se pasea con la cabeza alta tiene un idioma propio, se trata de un hecho sabido por Conrad, por Achebe y por el lector, sin embargo, llevar el lenguaje materno del personaje al contexto narrativo en el que aparece sería muy difícil y, aunque se produjese, no dejaría de ser anecdótico. ¿De qué le sirve al lector una vaga descripción sobre los sonidos fonéticos o la entonación de un idioma ajeno al que está leyendo?
La incapacidad para aprender un idioma europeo, inglés en este caso, puede ser visto como una condena más de Conrad hacia las personas africanas, pero la crítica sería aplicable a unos tripulantes que no tienen ningún interés en aprender siquiera las expresiones básicas de las lenguas que pueblan el río Congo.

La distinción narrador-autor

Respecto a los sesgos racistas en “El corazón de las tinieblas”, la mayoría de los lectores estarán de acuerdo con que existen y forman parte del carácter del relato. Sin embargo, Achebe sentencia que es Conrad quien habla por boca de Marlow, aún reconociendo que entre el protagonista y el autor hay, incluso, un segundo intermediario que no llegamos a conocer.
A la seguridad con la que Achebe habla del racismo latente de Conrad, añade que debería existir un subtexto alternativo que sirviera para compensar el racismo de la tripulación. Achebe habla de un liberalismo anglosajón que enlaza a Marlow y Conrad, este punto de vista sería, según Achebe, compartido por otras personas, reales, como Albert Schweitzer (tío de Jean-Paul Sartre por parte de madre), que tampoco llegan a asimilar la relación europeos-africanos en igualdad de condiciones.
Achebe sabe, porque es un narrador experimentado, que la novela, así como otras manifestaciones literarias, establecen un muro infranqueable entre autores y personajes. Juzgar la obra en base a la ideología del autor o autora puede ser discutible, pero lo que es injustificable es establecer una opinión acerca del autor en base al tono general de una novela. La distinción autor-personaje es obligatoria y Achebe deberá bordearla mediante un análisis profundo del autor, más profundo que el que lleva a cabo en este ensayo, independiente de la actitud de Marlow o de cualquier otra narración de Conrad.

La deshumanización de los personajes africanos

En el análisis de los personajes de “El corazón de las tinieblas” percibimos sesgos que tienden a despersonalizar al personaje africano, bien incluyéndole en una masa indivisible, bien otorgando al personaje rasgos inhumanos, bien despojándole de capacidades humanas básicas. Achebe incluye las siguientes conclusiones en su ensayo.

Certainly Conrad had a problem with niggers

Ciertamente Conrad tuvo un problema con los negros*

*El término hace referencia a la palabra niggers, un término peyorativo hacia la población negra.

Además del juicio anterior, Achebe habla de offensive and deplorable book (“libro ofensivo y deplorable”) y establece este desenlace debido a la deshumanización de los personajes de Conrad. Para Achebe, la mayor ofensa es que Conrad cuestiona la humanidad de la gente africana.
Para desmantelar la visión deshumanizada de las civilizaciones africanas presente en la novela de Conrad, Achebe recurre al impulso que obtuvo el arte europeo a partir de la inspiración africana. El novelista africano cita a Frank Willett, especialista en arte africano, para identificar el momento en el que Europa acepta por vez primera la influencia africana en el arte.
La máscara que recibe Maurice Vlaminck es una manifestación de arte fang, un pueblo de origen bantú, cuya disposición actual se reparte entre Guinea Ecuatorial, Gabón y Camerún en su mayoría. La copia en bronce de Vollard se exhibe actualmente en el museo du Quai Branly-Jacques Chirac. A través de esta influencia, Achebe establece, sin duda, que en el momento en el que Conrad remonta el río Congo, existen manifestaciones artísticas extremadamente elevadas, propias de pueblos con rasgos humanos e inquietudes muy superiores a un primitivismo salvaje.

La importancia del entorno académico

El análisis de este ensayo pierde gran parte de su significado si se obvia el lugar donde fue expuesto por primera vez. La intención de Achebe es impactar a un público joven, altamente cualificado y poco consciente de las circunstancias de las que habla Achebe.
Los estudios etnográficos llevados al análisis literario eran en aquel momento (1975) marginales, la voz del conferenciante debía resonar con fuerza impactando en una obra de una solidez hasta entonces incuestionable.
Achebe concede en la última conclusión de su discurso:

Conrad saw and condemned the evil of imperial exploitation but was strangely unaware of the racism on which it sharpened its iron tooth.

Conrad vio y condenó el mal de la explotación imperial, pero extrañamente ignoraba el racismo sobre el que afilaba su diente de hierro.

No se trata de una capitulación, ni reduce la potencia de la acusación, pero acepta la parte de la obra a la que no se refiere, precisamente para mantener el poder de su discurso.

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Chinua Achebe

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Chinua Achebe, biografía y obras escogidas

Chinua Achebe, nacido como Albert Chinualumogu Achebe el 16 de noviembre de 1930 en Ogidi, al sureste de Nigeria, es ampliamente considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Reconocido como el padre de la literatura africana moderna, su obra literaria rompió con las narrativas coloniales tradicionales, al presentar la complejidad y riqueza de las culturas africanas antes y después de la colonización europea.

Infancia y educación

Achebe creció en una familia cristiana que también respetaba las tradiciones igbo, lo que influyó profundamente en su perspectiva dual sobre las tensiones entre las tradiciones africanas y el cristianismo importado por los colonizadores. Su padre, Isaiah Okafor Achebe, fue un maestro catequista y su madre, Janet Anaenechi Iloegbunam, se dedicó al cuidado del hogar y la educación de sus hijos.
Achebe asistió a escuelas misioneras con una educación formal en inglés. En 1948 ingresó en la University College of Ibadan donde inicialmente estudió medicina, pero acabó cursando inglés, historia y teología, lo que marcó el inicio de su carrera literaria. Fue durante su paso por la universidad cuando comenzó a cuestionar las representaciones occidentales de África.

Carrera literaria, el impacto de «Todo se desmorona»

En 1958 Achebe publicó su novela más famosa, “Todo se desmorona» (“Things fall apart”). La novela no solo mostró la riqueza de la cultura igbo antes de la colonización, sino que también expuso los traumas sociales, políticos y económicos que el colonialismo impuso a las comunidades africanas. “Todo se desmorona” recibió reconocimiento internacional y se convirtió en una de las obras literarias africanas más leídas y traducidas, vendiendo millones de copias en todo el mundo.

Achebe como crítico del colonialismo

Además de su carrera como novelista, Achebe fue un crítico cultural feroz del colonialismo y su legado. En su ensayo «An image of Africa: Racism in Conrad’s «Heart of Darkness»», acusó a Joseph Conrad de racismo por su retrato de África como un lugar primitivo y deshumanizado. Este ensayo generó un debate significativo en los círculos literarios, subrayando la importancia de desafiar las narrativas eurocéntricas sobre África.
Achebe también utilizó su escritura para examinar la política postcolonial. Obras como «Anthills of the Savannah» (1987) abordaron la corrupción, el autoritarismo y los desafíos de construir naciones africanas independientes.

Vida política y exilio

La vida de Achebe estuvo marcada por los principales eventos políticos de Nigeria. Durante la Guerra Civil de Biafra (1967-1970), apoyó el movimiento independentista del pueblo igbo y trabajó como embajador cultural para la causa de Biafra. Tras el desenlace de la guerra, Achebe se enfrentó a un clima político inestable en Nigeria, lo que le llevó a exiliarse temporalmente.
En los años siguientes trabajó como profesor en universidades de los Estados Unidos, incluyendo Bard College y Brown University. Durante este tiempo siguió escribiendo y promoviendo la literatura africana para convertirla en una disciplina académica respetada.

Premios y legado

Achebe recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera, incluyendo el prestigioso Man Booker International Prize en 2007 por su contribución a la literatura.
Su obra y filosofía influyeron a generaciones de escritores africanos como Wole Soyinka y Chimamanda Ngozi Adichie.

Últimos años y fallecimiento

En 1990 Achebe sufrió un accidente automovilístico que le dejó paralizado y le obligó a usar una silla de ruedas durante el resto de su vida. Falleció el 21 de marzo de 2013 en Boston, Estados Unidos, a los 82 años. Su muerte marcó el fin de una era, pero su legado literario sigue vivo cuando encontramos en sus páginas una ventana a la rica diversidad y complejidad de las culturas africanas.
Las siguientes son algunas de sus obras más significativas.

«Todo se desmorona» (1958)

La primera y más famosa novela de Chinua Achebe, «Todo se desmorona» (“Things fall apart»), se publicó en 1958 y marcó un antes y un después en la literatura africana. La obra narra la vida de Okonkwo, líder de una comunidad igbo en Nigeria, cuyo mundo se ve trastornado con la llegada de los colonizadores británicos y los misioneros cristianos.
Achebe utiliza la historia de Okonkwo para presentar una detallada descripción de la cultura igbo, sus tradiciones, rituales y estructura social antes de la colonización. A través de su protagonista, explora temas como el conflicto entre el progreso y la tradición, la masculinidad, la comunidad y el impacto devastador del colonialismo en las culturas indígenas.
La novela también aborda la disonancia entre dos visiones del mundo: la de los igbo y la impuesta por los colonizadores. Achebe describe la vida africana desde una perspectiva interna, desafiando las representaciones estereotipadas de África como un continente primitivo. «Todo se desmorona» se convirtió en un símbolo de la literatura poscolonial y ha sido traducida a más de cincuenta idiomas, consolidándose como un clásico universal.

«La flecha del Dios» (1964)

Es considerada por muchos críticos como la más compleja y madura de las novelas de Achebe. La obra se sitúa en una aldea igbo y sigue la historia de Ezeulu, el sumo sacerdote del dios Ulu, quien se enfrenta a una lucha interna y externa, mientras intenta mantener su autoridad religiosa y cultural frente a la influencia colonial británica.
La novela se centra en el choque de poderes: el conflicto entre el liderazgo espiritual de Ezeulu, las divisiones dentro de su comunidad y el sistema administrativo colonial. Achebe presenta a Ezeulu como un personaje profundamente humano, atrapado entre su deber hacia los dioses y su lucha por preservar la integridad de su pueblo frente a los cambios inevitables.
Esta novela examina temas como la religión, la autoridad, la resistencia cultural y la fragilidad del liderazgo en tiempos de crisis. La narrativa de Achebe es rica en simbolismo y se enfoca en la disolución de la cohesión comunitaria bajo las presiones de la modernidad y la colonización.

«Un hombre del pueblo» (1966)

Achebe aborda la corrupción política y el declive moral en las naciones africanas poscoloniales. La historia se desarrolla en un país africano ficticio y sigue la relación entre Odili, un joven idealista, y Chief Nanga, un político corrupto que encarna los abusos del poder tras la independencia.
Achebe utiliza la sátira para criticar la desilusión que muchas naciones africanas experimentaron después de lograr su independencia. Los ideales de libertad y progreso son empañados por el nepotismo, la codicia y el autoritarismo.

Leer a Achebe

Si las cinco novelas y los cuentos de Achebe le parecen una obra escasa, recuerde que el escritor niegriano nos dejó una serie de ensayos que, más allá de opiniones subjetivas, permiten entender el contexto africano y, en particular, las transformaciones que ha sufrido Nigeria en la segunda mitad del siglo pasado.
Si no ha leído las novelas de Achebe, tiene la oportunidad de explorar el alma de África a través de un viaje cautivador.

 

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