La bibliografía acerca de la obra de Samuel Beckett es inmensa, lo recomendable es leer sus textos teatrales y sus novelas desde un punto de vista subjetivo, obviando cualquier lectura externa, incluida la siguiente.
Susan Sontag y Theodor Adorno nos ofrecen dos interpretaciones absolutamente contrapuestas acerca del dramaturgo irlandés, es interesante analizarlas y comprender el significado de cada una de ellas.
La interpretación de Sontag, no hablar de lo que no se puede hablar
Podríamos recurrir al séptimo título del “Tractatus logico philosophicus” de Ludwig Wittgenstein para resumir la posición de Sontag respecto a los significados de Beckett, sin embargo, su lectura va más allá del silencio.
Para comprender en profundidad la idea de Sontag acerca del teatro de Beckett, vamos a utilizar tres de sus textos.
“Contra la interpretación”
En este ensayo, Sontag abre la quinta sección haciendo una feroz crítica de la crítica. El hecho que expone Sontag es la simplificación que hace la crítica de la obra de arte, ¿cómo?, atribuyéndole significado.
Sontag indica que la crítica domestica la obra de arte, reduciéndola a significados comprensibles para evitar el efecto que crea el impacto cultural en el sujeto. Una composición de Mark Rothko nos produce una serie de sensaciones que, a menudo, no son placenteras, la crítica es capaz de aportar un contexto fácilmente comprensible para atenuar esta sensación. El ejemplo es propio.
Sontag señala que el “filisteísmo” de la crítica es más evidente en la literatura que en cualquier otra expresión, el crítico se ha arrogado la tarea de traducir en significados los aspectos formales de la literatura. Para evitar este tipo de interpretaciones, que nada tienen que ver con la intención del autor ni con el sentido de la obra, Sontag propone irónicamente anexos en los que el autor explicita sus significados, y cita a Thomas Mann como ejemplo de escritor que incorpora explícitamente su sustrato intelectual a la versión final.
Al contrario que Mann, Sontag ve en Kafka y Beckett el prototipo de textos que han generado un sobresignificado crítico por críptico. De los exégetas de Kafka desprecia las interpretaciones psicoanalíticas y religiosas, las más habituales.
La interpretación en Beckett
Tras optar por la palabra leeches (sanguijuelas) para referirse a los intérpretes de Beckett, Sontag otorga una cualidad básica a su teatro, se trata de dramas of the withdrawn consciousness—pared down to essentials […] (dramas de la conciencia retraída—reducidos a lo esencial […]). El concepto “retraída” hace referencia a la conciencia replegada sobre sí.
Se trataría, dice Sontag, de dramas sobre el inmovilismo del sujeto, carentes, al igual que la obra de Kafka, de cualquier significado religioso o psicoanalítico.
¿Qué obtenemos de las interpretaciones del teatro de Beckett, al que Sontag suma a Joyce, Faulkner, Proust y otros?, el homenaje de la mediocridad al genio. Razón suficiente para que esta sea la última frase escrita en este blog.
Sigamos.
Mención especial merece la reseña acerca de las palabras de Elia Kazan sobre su análisis de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams y la conclusión irónica de Sontag.
“La estética del silencio”
La revista Aspen se editó entre 1965 y 1971, sus números 5 y 6, publicados ambos en 1967, incluían en dos partes “The aesthetics of silence” (“La estética del silencio”). Este texto fue posteriormente integrado en “Styles of radical will» (1969), pobremente traducido al castellano como “Estilos radicales”, obviando el concepto de voluntad.
Sontag atribuye al arte el poder de la negación, el arma con el que ejecuta este poder es el silencio. Los espacios vacíos del silencio se convierten en afirmaciones entre público y artista, que la crítica no debería llenar. Para explicar esta postura, Sontag recurre a la siguiente cita literal de Beckett. Las traducciones son propias.
My dream of an art unresentful of its insuperable indigence and too proud for the farce of giving and receiving.
Mi sueño de un arte insensible a su insuperable indigencia y demasiado orgulloso para la farsa de dar y recibir.
Beckett pretende superar el intercambio artista-público a través de una expresión que tiende al mutismo casi absoluto.
El comienzo de la sexta parte del ensayo dice que el arte actual apela ruidosamente al silencio, incluso cuando no se tiene nada que decir, se habla ruidosamente. Para Beckett el único arte posible es el que se retira de la expresión, no solo no hay nada que decir, además, no existe cómo decirlo, ni desde dónde decirlo. Sontag añade que es el deseo de muerte lo que empuja la expresión artística a través del silencio.
La exigencia de silencio en Beckett
Sontag ha dicho en un capítulo anterior del ensayo que la belleza de la actuación de Harpo Marx proviene del entorno ruidoso al que se enfrenta, un efecto similar tendría la obra de Beckett en el contexto literario.
El dramaturgo irlandés opta por empobrecer el teatro no como una agresión hacia el público, al contrario, lo que desea es mejorar su experiencia. El objetivo, en palabras de Sontag, sería el siguiente.
Having a more immediate, sensuous experience of art or for confronting the art work in a more conscious, conceptual way.
Disponer de una experiencia más inmediata y sensual del arte o para enfrentarse a la obra de arte de una manera más consciente y conceptual.
Este impacto en la conciencia del público no se efectuaría en base a performances basadas en el ruido y la teatralidad clásica, al contrario, lo que busca Beckett es ejercer una acción disruptiva a través del silencio.
El lenguaje y el espacio de la crítica
En sus apartados finales, Sontag evalúa el lenguaje y la reducción de significado por la que han optado los escritores de principios del siglo XX.
El lenguaje adquiere significado a partir del uso, sin referencias previas. Este préstamo de Wittgenstein sirve para aplicarlo a la obra de Kafka y Beckett, ambos escritores utilizan el lenguaje sin ningún trasunto, las palabras aparecen, exponen un significado palmario y desaparecen sin dejar rastro de segundas lecturas.
¿Dónde quedaría el crítico ante este tipo de contenido?, es irrelevante. El teatro de Beckett es similar al concepto luterano de Dios para uno mismo, es el creyente quien establece su relación con Dios y su propia interpretación, sin mediadores.
“Esperando a Godot” en Sarajevo
Lo que Sontag hace en los textos anteriores es desarrollar un hilo teórico a partir de las propias palabras de Beckett, partiendo de una profunda admiración. El hecho palpable del entusiasmo de Sontag por Beckett es el montaje de “Esperando a Godot” en plena Guerra de Bosnia.
En 1993 Susan Sontag dirigió una adaptación de “Esperando a Godot” de Samuel Beckett en Sarajevo, una ciudad asediada y devastada por el conflicto. Esta manifestación fue un acto cultural y un gesto profundamente político y humanitario. La elección de la obra, que aborda la espera interminable y el absurdo de la existencia, resonó poderosamente en un contexto en el que los habitantes de Sarajevo se enfrentaban diariamente a la guerra, esperando un rescate que parecía no llegar nunca.
Sontag trabajó con actores locales en condiciones precarias, con apagones constantes y el sonido de los bombardeos como telón de fondo. La producción, basada originalmente en el silencio del protagonista y la escasa interacción entre los dos personajes secundarios, fue una demostración del posible impacto de una manifestación cultural introspectiva entre el ruido furioso de una masacre.
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
Theodor Adorno*
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La “Teoría estética” de Theodor Adorno
“Teoría estética” (“Ästhetische theorie”, 1970) de Theodor W. Adorno es una obra póstuma que explora la naturaleza del arte, su autonomía y su papel crítico en la sociedad moderna. Adorno argumenta que el arte auténtico debe desafiar la comercialización y las normas sociales, revelando las tensiones y contradicciones del mundo capitalista.
La obra integra filosofía, estética y crítica cultural, estableciendo el arte como una vía para la reflexión y resistencia social. Es de destacar que la reflexión completa está dedicada en su edición original a Samuel Beckett, Adorno dejó la obra terminada antes de fallecer en el año 1969.
La justificación del juicio
El objetivo primordial de Adorno respecto al teatro de Beckett es encontrar un sentido estricto, incuestionable y funcional.
La Escuela de Frankfurt es una crítica al mercantilismo de la sociedad capitalista, en torno a esta premisa, Adorno presenta la obra de Beckett como una búsqueda sin reservas de la desilusión, contraria a las dinámicas impuestas por el capitalismo.
BeckettsWeigerung, seine Gebilde zu interpretieren, verbunden mit äußerstem Bewußtsein der Techniken, der Implikationen der Stoffe, des sprachlichen Materials, ist keine bloß subjektive Aversion: mit dem Ansteigen der Reflexion, und durch ihre gesteigerte Kraft, verdunkelt sich der Gehalt an sich. Freilich entbindet das nicht objektiv von der Interpretation, so als ob es nichts zu interpretieren gäbe; dabei sich zu bescheiden, ist die Konfusion, welche die Rede vom Absurden stiftet.
La negativa de Beckett a interpretar sus creaciones, combinada con su extrema conciencia de las técnicas, de las implicaciones del contenido, del material lingüístico, no es meramente una aversión subjetiva: con el aumento de la reflexión, y a través de su creciente poder, el contenido mismo se oscurece. Por supuesto, esto no nos libera objetivamente de la interpretación, como si no hubiera nada que interpretar; para ser modestos, se trata de la confusión que crea el discurso del absurdo.
Así justifica Adorno la necesidad de interpretación en relación con el trabajo de Beckett. A pesar de la renuncia del propio autor, del absurdo, del oscurecimiento y, en definitiva, del mutismo del texto, es imperativo que exista una crítica capaz de detectar sentidos subyacentes.
Adorno dice a continuación que toda obra que cree poseer en sí misma el contenido es ingenua, extendiendo este juicio desde Shakespeare a Brecht.
La construcción del relato en Beckett
Adorno identifica una serie de métodos que se repiten en el discurso argumentativo de Beckett. Dice que Beckett se ha expuesto a propósito a la crítica a base de la repetición de esquemas, lo cual ya supone una estructura de su discurso. El inmovilismo de “Esperando a Godot” anuncia el inmovilismo de su obra, de la que todo espectador demanda un avance que nunca llega.
En griego, el concepto de καιρός (kairós) hace referencia a un tiempo determinado que es adecuado para un acto, Adorno habla de un kairós negativo, en el que el momento se repite hasta el infinito, es decir, se llena de nada hacia la nada. Beckett es capaz de construir este tiempo en suspenso a través del empobrecimiento del sujeto (concepto similar en Sontag) y no reduciendo la expresión de las relaciones sociales como se cree habitualmente, según Adorno. El absurdo proviene del choque de la realidad con este sujeto desprovisto, construido por Beckett.
Adorno eleva la imposibilidad anterior a las relaciones personales.
Neue Konzeptmusik ist so abstrakt, wie die Beziehungen der Menschen in Wahrheit es geworden sind.
El nuevo arte es tan abstracto como lo son en realidad las relaciones entre las personas.
El sentido general de las obras de Beckett en la crítica de Adorno
Theodor W. Adorno analiza las obras de Samuel Beckett como ejemplos paradigmáticos de lo que considera el arte auténtico y autónomo en la modernidad, viendo en Beckett una encarnación de los principios estéticos que él valora y que incluyen la capacidad del arte para resistir la instrumentalización, desvelar las contradicciones de la sociedad y confrontar a los espectadores con la verdad del sufrimiento humano y la alienación. Adorno interpreta las obras de Beckett como expresiones de un mundo desprovisto de sentido, marcado por la desolación y dominado por el capitalismo tardío.
Según Adorno, la aparente falta de acción y la repetición en las obras de Beckett no son simples características formales, sino estrategias estéticas que critican indirectamente las promesas incumplidas de progreso y redención. Beckett no ofrecería soluciones ni consuelo, su arte es una forma de resistencia que rehúsa caer en el optimismo ilusorio. Su estilo minimalista y su lenguaje fragmentado representan el vacío existencial y encarnan el fracaso de la comunicación, en un mundo donde los significados se han desgastado.
Las obras de Beckett se convierten, para Adorno, en objetos estéticos negativos que no afirma nada, pero representan el discurrir de la realidad. Esta negatividad no implica la desvalorización de Beckett, al contrario, el filósofo alemán admira el modo en que el dramaturgo desarrolla una crítica profunda a través del arte, precisamente al negarse a ofrecer respuestas claras.
Adorno ve en Beckett un apoyo esencial para su teoría estética, su obra se convierte en una crítica implacable de las condiciones sociales, y en un testimonio del potencial del arte para revelar la verdad de un mundo que solo puede ofrecer desilusión.
Una última referencia en Adorno
Daß große Künstler, der Goethe des Märchens und Beckett gleichermaßen, mit Deutungen nichts zu schaffen haben wollen, hebt einzig die Differenz des Wahrheitsgehalts von Bewußtsein und Willen des Autors, […]. Die Werke, vollends die oberster Dignität, warten auf ihre Interpretation. Daß es an ihnen nichts zu interpretieren gäbe, daß sie einfach da wären, radierte die Demarkationslinie der Konzeptmusik aus. Am Ende mögen sogar Teppich, Ornament, alles nicht Figürliche am sehnsüchtigsten der Dechiffrierung harren. Den Wahrheitsgehalt begreifen postuliert Kritik. Nichts ist begriffen, dessen Wahrheit oder Unwahrheit nicht begriffen wäre, und das ist das kritische Geschäft.
El hecho de que los grandes artistas, el Goethe del cuento o Beckett, no quieran saber nada de interpretaciones no hace más que subrayar la diferencia entre el contenido real de la conciencia y la voluntad del autor, […]. Las obras, sobre todo las de mayor dignidad, esperan su interpretación. Que no haya nada que interpretar en ellas, que simplemente estén ahí, borra la línea de demarcación del arte conceptual. Al final, incluso la alfombra, el ornamento, todo lo que no es figurativo puede esperar ansiosamente ser descifrado. Comprender la verdad postula la crítica. No se comprende nada cuya verdad o falsedad no se haya comprendido, y ése es el asunto de la crítica.
Con esta sentencia Adorno establece la función de la crítica más allá de la voluntad del autor. Siempre sería una mano ajena a la autoría quien desentrañase los significados auténticos del texto.
Dos visiones contrarias y válidas para la obra de Beckett
El teatro de Beckett es un terreno excepcionalmente fértil para el desarrollo de teoría crítica. Susan Sontag y Theodor Adorno plantean dos posiciones diferentes, el culto al silencio y la conversación permanente, ambas apoyadas aparentemente por Beckett.
Para el lector, el fin es evaluar sin llegar a juzgar categóricamente cada teoría. No se trata de concluir quién está equivocado, sino de asimilar dos puntos de vista contrarios pero válidos, en torno a la lectura de un escritor fundamental para la cultura del siglo XX.
Samuel Beckett
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Samuel Beckett, biografía y obras escogidas
Samuel Beckett (1906-1989) fue uno de los escritores y dramaturgos más influyentes del siglo XX. Su obra, caracterizada por su exploración de la existencia humana y el absurdo, marcó profundamente el teatro contemporáneo y la literatura.
Primeros años y formación
Samuel Barclay Beckett nació el 13 de abril de 1906 en Foxrock, un suburbio de Dublín, Irlanda, en una familia protestante. Su infancia estuvo marcada por la exigencia de una educación rigurosa en el Portora Royal School, donde también se formó Oscar Wilde. Beckett ingresó posteriormente en el Trinity College de Dublín, allí estudió literatura y lenguas modernas, especializándose en francés e italiano.
En 1928 Beckett se trasladó a París, trabajando como asistente de James Joyce. Este encuentro fue decisivo en su carrera, ya que Joyce influyó significativamente en su estilo literario. Durante este período, Beckett comenzó a desarrollar su interés por las complejidades del lenguaje y la exploración de la psique humana.
La escritura y el Teatro del Absurdo
Beckett comenzó a escribir ficción y poesía en los años 30, pero su éxito llegó tras la Segunda Guerra Mundial, fue entonces cuando comenzó a explorar un estilo minimalista que desafió las convenciones literarias. En 1948 escribió “Esperando a Godot”, estrenada en 1953, en la que Vladimir y Estragón esperan inútilmente a un tal Godot que nunca llega. La obra incorpora diálogos absurdos y situaciones repetitivas.
“Esperando a Godot” es un pilar del teatro del absurdo. A través de su estilo minimalista y simbólico (o no), Beckett exploró diversos temas que pueden, o no, ir más allá del silencio.
Premio Nobel y reconocimiento internacional
En 1969 Beckett recibió el Premio Nobel de Literatura “por su escritura, que —en nuevas formas para la novela y el drama— en la miseria del hombre moderno adquiere su elevación». A pesar del reconocimiento, Beckett siempre se mantuvo alejado de los focos y llevó una vida discreta. Rechazó las celebraciones y las entrevistas, priorizando su trabajo y su deseo de mantenerse fiel a su escritura.
Filosofía y legado
Beckett abordó preguntas fundamentales sobre la condición humana, con una visión filosófica profundamente influenciada por el existencialismo y el nihilismo. Sus obras despojan la existencia de adornos superficiales, exponiendo la lucha constante del ser humano con el tiempo, la muerte y la falta de sentido.
El minimalismo de Beckett no solo influyó en el teatro, sino también en otras disciplinas artísticas como la música, el cine y las artes visuales. Su obra sigue siendo objeto de estudio y puesta en escena.
Últimos años
Samuel Beckett pasó los últimos años de su vida en París, una ciudad que consideraba su hogar. Continuó escribiendo hasta finales de la década de 1980, cuando su salud comenzó a deteriorarse. Falleció el 22 de diciembre de 1989 a los 83 años, dejando un legado monumental. Algunas de sus obras principales son las siguientes.
Esperando a Godot (1953)
“Esperando a Godot” es, sin duda, la obra más conocida de Samuel Beckett y un pilar del teatro del absurdo. La trama gira en torno a dos personajes, Vladimir y Estragón, que esperan a Godot en un paisaje desolado, pero nunca llega. Durante su espera, los personajes llenan el tiempo con conversaciones. Hoy en día sigue siendo una de las piezas más representadas y estudiadas del teatro contemporáneo.
Final de partida (1957)
Es un retrato sombrío y claustrofóbico cuya trama se centra en cuatro personajes: Hamm, un hombre ciego e inválido; Clov, su sirviente; y Nell y Nagg, los padres de Hamm, que viven en cubos de basura. A diferencia de “Esperando a Godot”, “Final de partida” se desarrolla en un espacio cerrado.
La última cinta de Krapp (1958)
En esta obra de un solo acto, Beckett muestra a un escritor envejecido que escucha grabaciones de su yo más joven, mientras reflexiona sobre su vida. Las cintas, que él mismo grabó años atrás, revelan sueños, arrepentimientos y momentos de ambición que ahora parecen inalcanzables.
Molloy (1951)
Molloy es la primera novela de la llamada “Trilogía de Beckett”, que incluye también “Malone muere” y “El innombrable”. Esta obra marca un punto de inflexión en su estilo literario, Beckett adopta un tono más experimental en base a dos partes diferentes, la primera sigue a Molloy, un vagabundo que busca a su madre en un viaje plagado de reflexiones existenciales; la segunda sigue a Moran, un detective encargado de localizar a Molloy.
Leer a Samuel Beckett
Más allá de percepciones ajenas, acérquese a Beckett con el único prejuicio de embarcarse en una lectura única, de la que podrá extraer conclusiones tan válidas como las que obtendría cualquier miembro de algún eminente círculo teórico centroeuropeo.
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