Segovia, septiembre
Por favor, no acudan al Hay Festival de Segovia. Piensen en una ciudad pequeña, incapaz de dar abasto a hordas y que, además, solo puede ofrecer espacios reducidos para este tipo de eventos. Tengan en cuenta a las personas que asistimos año tras año, nuestro bienestar y nuestro derecho a llegar tarde, cambiar de opinión y cenar sin reserva previa.
Insisto, esto no es ninguna invitación.
Acudí de nuevo a este espantoso espacio cultural donde cada año nos damos cita los mismos, para nuestro regocijo. El domingo por la mañana, el compositor Javier Güell conversaba con Jesús Gacía Calero acerca de Dimitri Shostakóvich, en el marco de una charla cuyo título era “Arte frente a poder”.
“Shostakóvich contra Stalin”
“Shostakóvich contra Stalin” es el tercer libro de la tetralogía “Cuarteto de la guerra” de Xavier Güell. La obra completa analiza el acto creativo de varios compositores durante la Segunda Guerra Mundial, para Güell, una potencia imprescindible para el desarrollo de las artes en Europa durante los años 40 y las décadas siguientes.
El volumen que analizamos se une a los relatos anteriores “Si no puedes, yo respiraré por ti”, sobre el exilio de Béla Bartók y “Nadie llegará a conocerse”, sobre la actitud de Richard Strauss en la Alemania Nazi. Completa la tetralogía “Romperé los cerrojos con el viento”, biografía de Arnold Schönberg, exiliado a Estados Unidos en 1933 (aún no publicada).
Memoria de una vida
El recuerdo de la vida de Shostakóvich, en primera persona, comienza durante su última noche. El relato sigue un orden cronológico exhaustivo, analizando los hechos biográficos más importantes del compositor.
El monólogo es incompatible con ciertos hábitos de la biografía, el personaje no debe aportar datos más propios de un pie de página, aunque el autor considere que son de vital importancia. Una biografía novelada sin omnisciencia puede permitirse excluir ciertas referencias, para eso están las obras técnicas.
La lectura es rápida. La biografía de Dimitri Shostakóvich es lo suficientemente fascinante, además, Güell es capaz de desarrollar tramas breves en cada capítulo, pero con una alta intensidad. La acción continua, sin intermezzos, permite que cualquier persona pueda disfrutar del texto, independientemente de su grado de relación con el protagonista.
La regularidad de los capítulos contrasta con la composición musical propia del personaje, los dos capítulos en los que aparece el Mefistófeles faustiano quizá sean los únicos momentos en los que el autor se permite variar el ritmo sincero del resto de la trama.
Shostakovich y el espacio creativo
En el contexto que propone la tetralogía de Güell, el centro del libro es un análisis de la presión estalinista sobre un compositor angustiado, pero capaz de seguir creando a pesar de la continua reducción de sus espacios. A diferencia de exiliados y colaboracionistas plenos, Shostakóvich compuso en estado de sitio, Güell nos permite ver con claridad la línea que separa la libertad de la censura, la colaboración con la proscripción, y cómo, en ocasiones, se mezclan términos antagónicos, como sucede en la sinfonía No. 5.
El propio Güell, en conversación con García Calero, explicó que veía la realidad como una contraposición continua de opuestos, un principio que, en el relato sobre Shostakóvich, percibimos en cada capítulo. El núcleo emocional de la novela es este conflicto que en la mayoría de los casos acaba en exilio, arresto o fusilamiento, y que en la experiencia de Shostakóvich se mantiene en equilibrio.
Quizá debido al destrozo de la narrativa al que estamos acostumbrados, quizá porque el protagonista hizo de una cierta cacofonía su sello personal, se echan de menos elementos disruptivos que nos enfurezcan durante la lectura, en cualquier caso, se trata de una biografía bien trazada, bien resuelta y una perspectiva interesante tanto para la tetralogía de Güell, como para la bibliografía sobre Shostakóvich.
Alemania, una conversación subyacente
Recuperando el entorno del festival, durante la conversación Güell-García Calero se habló menos de Rusia que de Alemania. Sobre el conflicto en curso fue inevitable hacer referencia al entorno de la música clásica, Xavier Güell expuso una situación heterogénea, en la que los músicos exiliados habían sido opacados por la decisión de Valeri Guérguiyev, director artístico del Mariinski, cuyo apoyo al Gobierno de Putin le ha valido ser nombrado además director artístico del Bolshói.
El tema de conversación latente durante la charla fue Alemania. Más allá de los mojones históricos, insalvables de 1871 en adelante, el repaso cultural constató la superioridad intelectual de este país durante los años que van desde Kant hasta la República de Weimar.
Mann, Goethe y otras relaciones
Los paralelismos son evidentes con el “Fausto” de Mann. Adrian Leverkühn vende su alma como lo hicieron Fausto y la sociedad alemana de preguerra, prácticamente desde el inicio del diálogo la sombra de Mefistófeles estaba presente. Si bien Shostakóvich no llegó a vender su alma al estalinismo, el continuo soborno del Régimen provoca que al menos parte de su esencia deje de pertenecerle.
Con el tema faustiano también aparece Goethe. La relación entre el mal y lo humano, la cuerda floja en la que se encuentra el músico ruso, es el motivo por el que aparece constantemente la tentación. Güell encarna esta relación en un capítulo en el que el propio Mefistófeles dicta el desarrollo de la Sinfonía No. 5, que supuso su reconciliación con el Gobierno Soviético.
Hegel también estuvo presente en varios momentos. La vida de Dimitri Shostakóvich se puede interpretar como una sucesión de tesis y antítesis (conceptos posteriores a Hegel), Güell apuntó que toda vida sigue este patrón, si bien no todas con la misma intensidad. La base dialéctica Hegeliana aparece en esta biografía de manera ambivalente tanto en su carácter individual, con innumerables choques en la vida del protagonista que devienen en síntesis no siempre favorables, como en su carácter histórico. Durante la vida del músico, la historia se materializa con especial crudeza dando lugar a realidades evolucionadas, aunque para conseguirlo la sociedad tenga que pulverizarse.
El ideal kantiano fue también referenciado en un excurso con el que Güell analizó la fuerza del arte actual, cuya responsabilidad recae en el capital. El mercado crea una demanda que exige un arte anestesiado, en el que Kant vale lo mismo que Mickey Mousse. Valga este breve ejemplo, no lo suficientemente literal como para entrecomillarlo, para explicar las sensaciones de Güell sobre el arte actual.
Para acabar, García Calero recitó un poema de Holderlin, apoyando la idea del artista como creador independiente (lamento no recordar el título).
Hago un llamamiento a cualquiera que tenga tiempo y conocimiento para escribir un ensayo plutarquiano comparando a los alemanes y a los griegos clásicos, cuenta ya con un lector.
Xavier Güell y el impulso del arte
Es un hecho constante que cuando la presión política es mayor, incluso cuando llega a ser atroz, se desarrollan expresiones que acaban por ser permanentes. Estas quedan ligadas a los periodos en los que han estado inmersas y, por lo general, sirven para señalar la brutalidad de ciertos regímenes. La tiranía agudiza el ingenio, lo que nos ofrece un arte sublime a la manera del término kantiano. El arte actual, presa del mercado y del gusto de las masas, puede gustar o deleitar, pero el arte que conmueve tiene su origen en tiempos difíciles.
Xavier Güell explica que la potencia del arte se ve sacudida por elementos antidemocráticos, cuya herrumbre, al menos, nos deja un arte inédito y, nuevamente, sublime.
No justifica el arte lo que arrasa el tirano. Güell no llama al conflicto bélico en pos de llenar los museos, pero habla de lo que supone el totalitarismo como estímulo. Si el arte insípido es la contrapartida a largos períodos de paz, bienvenido sea.
Shostakóvich, biografía y obras escogidas
Dimitri Shostakóvich nació el 25 de septiembre de 1906 en San Petersburgo, en el seno de una familia culta y progresista. Mostró un talento excepcional para la música, a los 13 años ingresó en el Conservatorio de Petrogrado (hoy San Petersburgo), donde estudió piano y composición.
Bajo la tutela de Alexander Glazunov y Maximilian Steinberg desarrolló un estilo propio, influenciado tanto por los maestros clásicos como por las corrientes modernistas de la época. La tendencia formalista provocó muchos de sus problemas posteriores con el régimen soviético.
Su primera sinfonía, escrita como tesis de graduación a los 19 años, le condujo a la fama internacional por su originalidad y madurez.
El músico y el poder
La vida de Shostakóvich estuvo marcada por las cambiantes y, a menudo, peligrosas circunstancias políticas de la Unión Soviética. En los años 30, su música fue sometida a un escrutinio extremo. En 1936, después del estreno de su ópera «Lady Macbeth del Distrito de Mtsensk,» fue duramente criticado por el Gobierno de la URSS, que consideró la obra formalista y burguesa. Esta experiencia le marcó profundamente y le obligó a navegar cuidadosamente entre la expresión artística y la supervivencia política.
Shostakóvich respondió a las críticas del régimen con su Sinfonía No. 5 en 1937, que describió como «la respuesta creativa de un artista soviético a una crítica justa». Esta obra fue interpretada como una reconciliación con el Gobierno, o como una expresión velada de resistencia. El éxito de la sinfonía fue inmediato y la obra fue recibida con una ovación de más de media hora en su estreno.
Otra de sus sinfonías notables es la Sinfonía No. 4, compuesta en 1936 (mis disculpas por la anacronía), pero retirada antes de su estreno debido a la censura estatal. Finalmente, fue estrenada en 1961 y es conocida por su complejidad y su tono oscuro, que refleja la angustia personal y las difíciles circunstancias políticas del compositor. Esta sinfonía es una de las obras más ambiciosas de Shostakóvich, combinando elementos de disonancia y estructura sinfónica tradicional.
Guerra y éxito
Durante la Segunda Guerra Mundial, Shostakóvich compuso su Sinfonía No. 7, «Leningrado», en honor a la resistencia de la ciudad durante el asedio nazi. Se convirtió en un símbolo del espíritu indomable del pueblo soviético y fue interpretada mundialmente como un acto de solidaridad y esperanza. El propio Shostakóvich sufrió el asedio, en Leningrado escribió los tres primeros movimientos de la sinfonía. Finalmente, fue rescatado junto a su mujer y sus dos hijos por el Gobierno soviético.
Además de sus sinfonías, Shostakóvich compuso piezas más ligeras pero igualmente memorables, como su Vals No. 2, que forma parte de su Suite de Jazz No. 2. Este vals ha perdurado como una de sus composiciones más reconocidas, destacando por su melancólica elegancia.
Dimitri Shostakóvih falleció en agosto de 1975 debido a un cáncer de pulmón, siendo una celebridad en Europa y en el resto del mundo. A lo largo de su vida, Shostakóvich mantuvo un equilibrio entre su creatividad y la necesidad de conformarse con las demandas del régimen, dejando un legado musical que resuena con fuerza hoy en día.
Otras obras importantes de Shostakóvich
Además de las obras mencionadas, cabe destacar la siguiente selección como parte de sus composiciones más populares:
- Cuarteto de Cuerda No. 8 en Do menor, Op. 110 (1960):
Este cuarteto es uno de los más personales de Shostakóvich, dedicado «a las víctimas del fascismo y la guerra». Incluye referencias autobiográficas, como el motivo D-S-C-H (las iniciales musicales de su nombre). La obra es profundamente emotiva y se ha interpretado como una reflexión sobre la desesperación y la opresión.
- Preludios y Fugas, Op. 87 (1950-1951):
Inspirada en «El clavecín bien templado» de Bach, esta colección de 24 preludios y fugas para piano es un testimonio del dominio técnico y emocional de Shostakóvich. Cada pieza explora diferentes estados de ánimo y estilos, mostrando su habilidad para la forma y la estructura.
- Concierto para Piano No. 1 en Do menor, Op. 35 (1933):
Esta obra combina elementos de humor y sarcasmo con momentos de gran lirismo. Es una pieza llena de energía y contrastes, muy popular entre los pianistas por su virtuosismo y carácter.
- La nariz, ópera en 3 actos (1927-1928):
Basada en el cuento homónimo de Nikolái Gógol, la obra relata la historia surrealista de un funcionario que pierde su nariz, adquiriendo esta vida propia. Musicalmente, la ópera destaca por su estilo vanguardista y experimental con elementos de atonalidad, propios de Shostakóvich, ritmos irregulares y una orquestación colorida que desafía las convenciones operísticas tradicionales.
Xavier Güell, trayectoria
Xavier Güell es un destacado director de orquesta y promotor cultural español. Su formación musical es notable, habiendo estudiado bajo la tutela de Leonard Bernstein, uno de los grandes maestros del siglo XX. Esta experiencia con Bernstein le permitió perfeccionar su técnica y comprender profundamente la interpretación y el significado de la música, desarrollando un estilo propio que combina rigor y pasión.
Explicó el propio Güell en Segovia que Leonard Bernstein exhortaba a sus alumnos a convertirse en el propio compositor, adquiriendo su personalidad.
Güell es reconocido por su proyecto «Musicadhoy», una iniciativa que revolucionó la escena musical contemporánea en España. Fundada en 1985, esta plataforma se ha dedicado a la difusión de la música contemporánea, impulsando a compositores y artistas emergentes. Bajo su dirección, «Musicadhoy» se convirtió en un espacio esencial para la innovación y experimentación sonora, acercando al público a las creaciones más vanguardistas y rompiendo barreras entre la música clásica y las nuevas tendencias.
También ha trabajado incansablemente para democratizar la música clásica, haciéndola accesible y relevante para nuevas audiencias. Su pasión por la educación y la cultura le ha llevado a impartir conferencias y clases magistrales, compartiendo su experiencia con las generaciones futuras. Xavier Güell es, sin duda, una figura clave en la escena cultural contemporánea, cuya influencia se extiende más allá de los límites de la música.
Dicho esto, manténgase alejados del Hay Festival Segovia. En septiembre, Berlín y París celebran sus festivales de literatura y de otoño respectivamente, a lo que se suman las ligas de fútbol europeas, comenzadas desde finales de agosto.
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