La presencia de Tiresias es constante desde el origen de la literatura occidental. Después de ser interrogado por Odiseo, el adivino ha revivido en multitud de narraciones que, aún hoy, siguen renovando el mito de Tiresias.
La voz de Tiresias en la literatura occidental
No pretendo llevar a cabo una memoria bibliográfica exhaustiva, las siguientes referencias son suficientes para explorar en profundidad al personaje.
“La odisea”, Homero
La primera presencia de Tiresias en el canon está en la voz de Circe. La hechicera vaticina a Odiseo que deberá visitar la morada de Hades para consultar a Tiresias. El adivino tebano, dice Circe, es el único habitante del Averno que conserva la inteligencia, debido a la gracia de Perséfone.
La imagen real del adivino se materializa, por tanto, en el inframundo clásico. Odiseo percibe a un personaje corpóreo que empuña un cetro de oro, la imagen parece vaticinar la presencia incólume de Tiresias durante los próximos siglos, rodeado de relatos superfluos.
Tras beber la sangre sacrificial, Tiresias ve hechos pasados y futuros. Su intervención en el Averno le permite a Odiseo ser consciente de la dificultad de su nostos, aún deberá superar numerosas etapas hasta regresar a Ítaca. Tiresias advierte al héroe de que no debe dañar los rebaños de Helios tras escapar de Escila y Caribdis, también ve la corte que tienta a Penélope en su hogar, y que Odiseo deberá vengar a su llegada. Tiresias advierte al héroe acerca de varios sacrificios una vez finalizado el viaje por mar, si cumple, podrá disfrutar de una vejez placentera.
Antes de marchar, Tiresias le aconseja a Odiseo que ofrezca la sangre a Anticlea, madre del héroe, si desea conversar con ella. No será esta la última vez que veamos al adivino tebano vagar por el infierno.
La presencia de Tiresias en “La odisea” es a la vez trágica y halagüeña. El adivino aparece en el entorno dramático del Hades griego, pero conserva sus capacidades. Las palabras que pronuncia ante Odiseo son esperanzadoras, vaticinando un retorno favorable aunque complejo, y una vejez placentera para el héroe. Este Tiresias arquetípico es muy diferente a los augures que va a crear la literatura subsiguiente.
“Edipo rey”, Sófocles
Tiresias era el adivino encargado de aclarar los designios de la ciudad de Tebas, en varias obras relacionadas con el ciclo tebano aparece el adivino ciego con mayor o menor protagonismo. En la obra de Sófocles “Edipo rey” es presentado por el corifeo como un adivino tan perspicaz como el propio Apolo, esta referencia proviene de la capacidad adivinatoria de Apolo, de hecho, era el Dios protector del oráculo de Delfos.
Tiresias ha vaticinado con anterioridad que aquel que supere a la esfinge deberá ser el nuevo rey de Tebas, es finalmente Edipo quien resuelve el enigma. Sófocles presenta a un adivino ahora atormentado por conocer el origen de los males de la ciudad.
Tiresias llega ante la presencia del rey Edipo acompañado de un lazarillo, curiosamente, también Edipo necesitará ser guiado debido a la mutilación que se inflige tras cumplirse el vaticinio de Tiresias. La conversación entre el rey y Tiresias se tensa cuando el adivino apunta a Edipo como culpable de la muerte de Layo y, por tanto, origen del maleficio sobre Tebas. Tras ser acusado de traición, Tiresias se retira con el guía que le acompaña, sabiendo cuál será el porvenir de Edipo.
También vemos aquí a un hombre atormentado, sin embargo, al contrario que en el infierno homérico, Tiresias no está revestido de dignidad ante el espanto que le circunda, el adivino está también cubierto por el oprobio que ha caído sobre Tebas, horrorizado por conocer la verdad acerca de Edipo y Yocasta.
“Antígona”, Sófocles
Creonte gobierna Tebas tras la muerte de Polinices y Eteocles, manteniendo como consejero a Tiresias, como habían hecho sus predecesores. En este drama conocemos a un Tiresias mundano, capaz de predecir en base a augurios como el graznido de los pájaros y los movimientos del fuego.
La primera advertencia del vidente es la necesidad de enterrar el cadáver de Polinices. Este hecho es central en la obra y desatará la acción de Antígona frente al poder político, personificado en Creonte. Como le sucede ante Edipo, Tiresias es acusado por el nuevo rey de aprovechar sus oráculos en beneficio propio, buscando un perjuicio para el monarca.
Mediante el mismo recurso que utiliza en el drama anterior, Sófocles desarrolla una discusión entre Tiresias y Creonte que se violenta gradualmente, hasta que Tiresias pronuncia su vaticinio final, confirmado por el desenlace del relato. Lo que Tiresias advierte es la llegada de los siete reyes que conquistarán Tebas, la batalla que narra Esquilo en “Los siete contra Tebas” y que acabará finalmente con el linaje de Creonte, a consecuencia de su intransigencia con los deseos de Antígona.
Aunque en un contexto dramático, en esta obra vemos a un Tiresias ajeno a los hechos principales. El adivino advierte acerca de sucesos que, acontecidos o no, le serán más o menos ajenos. Sin embargo, la decisión de Creonte sí tiene una consecuencia dramática para Tiresias, y es que serán los epígonos, hijos de los primeros hostigadores de las murallas tebanas, los que acabarán con su vida.
“Las bacantes”, Eurípides
No dejamos los epígonos para hablar de los dramas de Eurípides. El último gran dramático clásico recurre a Tiresias para acompañar a Cadmo, fundador de Tebas, ambos advierten al rey Penteo sobre la importancia de honrar a Dioniso.
Eurípides nos muestra otra faceta muy diferente de Tiresias, la de un anciano desinhibido capaz de seguir bailando para honrar a Dioniso. En este caso, el vidente comprende la importancia que va a tener el culto a Baco y corona su cabeza de hiedra, sumándose al nuevo rito que habrá de unir la Hélade.
Tiresias llega a celebrar el culto cubierto de pieles de ciervo junto a Cadmo, el rey Penteo, al verlos, confiesa sentir vergüenza ajena. Ambos ancianos están llevando a cabo el primer ritual en honor a Dioniso en la ciudad Beocia y, una vez más, el rey de Tebas acusa a Tiresias de actuar movido por la avaricia. En uno de los discursos más bellos del drama griego clásico, Tiresias justifica el origen de Dioniso y su capacidad para incentivar la adivinación y la valentía en la guerra. Como en anteriores ocasiones, se retira siendo guiado, en este caso por Cadmo.
El teatro griego tenía por costumbre incorporar moralejas acerca de las consecuencias de contrariar a un Dios. En Homero vemos como Odiseo es advertido acerca de respetar los rebaños de Helios, en “Las bacantes”, la participación del adivino es un recordatorio constante de la obligatoriedad de seguir los deseos divinos, de lo contrario, incluso un rey como Penteo puede sufrir un terrible destino.
“Las fenicias”, Eurípides
Retomamos el ciclo tebano para encontrar a Tiresias mediando entre Creonte, Eteocles y Polinices. En una imagen similar al sacrificio de Ifigenia vaticinado por Calcas en “La Ilíada”, Tiresias ve necesaria la ofrenda de Meneceo, hijo del rey Creonte, para salvar la ciudad.
Tiresias se acompaña en este caso de su hija y de Meneceo, que le conducen hasta Creonte. El rey de Tebas recibe al augur con agrado, sin embargo, de nuevo se produce una disputa agonística entre el adivino y el rey tebano, debido a que el vaticinio exige la muerte del hijo del rey para apacentar la situación entre Creonte y sus sobrinos.
Eurípides pone en boca de Tiresias un excepcional discurso con el que viste su augurio. Quizá sea este poeta trágico quien mejor haya conversado con un Tiresias que, de nuevo, desea abandonar el palacio antes de ofrecer su vaticinio, el rey le retiene y es obligado a desvelar el necesario sacrificio de Meneceo, que finalmente el príncipe cumple por propia mano.
Una curiosidad acerca de este drama es que Creonte saluda a Tiresias aludiendo a un vaticinio anterior, en el que el tebano ha anunciado a Erecteo, rey ateniense, que debe sacrificar a sus hijas, a continuación es el rey tebano quien conoce los deseos de los dioses respecto a su propio hijo.
Al final del drama, en un recurso también repetido en otros relatos, Creonte rememora uno de los vaticinios de Tiresias y Edipo es arrojado de Tebas. El posterior destierro y muerte de Edipo es narrado por Sófocles en “Edipo en Colono”.
“Las metamorfosis”, Ovidio
Tiresias también es evocado por escritores clásicos romanos como Ovidio, que relata una de las crónicas más conocidas del adivino, muy alejada de sus habituales diálogos tebanos.
Tiresias aparece en el Libro III de “Las metamorfosis”, donde conocemos cómo adquirió su don para la profecía y cómo se quedó ciego. Según Ovidio, Tiresias se encontraba caminando por el bosque cuando se cruzó con dos serpientes apareándose. Al golpearlas con su bastón fue transformado en mujer como castigo por haber interrumpido el acto. Durante siete años Tiresias vivió como mujer, experimentando la vida desde esa perspectiva, incluso casándose y teniendo hijos.
Tiresias volvió a encontrar a las mismas serpientes en el bosque y las golpeó de nuevo, recuperando así su forma masculina. Más adelante, Zeus y Hera le convocaron para resolver una discusión: ¿quién disfrutaba más del sexo, el hombre o la mujer? Tiresias, habiendo vivido ambas experiencias, respondió que la mujer disfrutaba más, asegurando que obtenía nueve partes del placer frente a una del hombre. Hera, enfurecida por su respuesta, le castigó quitándole la vista, pero Zeus, para compensar la pérdida, le otorgó el don de la profecía y una vida excepcionalmente larga.
“Nemeas”, Píndaro
También en la poesía lírica se nombra a Tiresias, por ejemplo en las “Nemeas”, una serie de odas triunfales escritas por Píndaro a los vencedores de los Juegos Nemeos, una de las cuatro competiciones panhelénicas de la Antigua Grecia.
En la primera Nemea, estrofa 4, Píndaro menciona a Tiresias como el adivino que profetizó la grandeza de Heracles antes de su nacimiento. Este pasaje destaca a Tiresias como intermediario entre los dioses y los mortales, destacando su sabiduría y su capacidad para prever el destino de los héroes.
En la oda, Píndaro celebra a un atleta victorioso en los Juegos Nemeos y, como es característico en su poesía, entrelaza el triunfo con referencias mitológicas. La mención de Tiresias subraya la conexión entre los eventos contemporáneos (la victoria del atleta) y los mitos heroicos, proporcionando un marco más amplio al triunfo.
La evocación de Tiresias en esta oda es breve pero significativa, ya que vincula la profecía, el destino y la gloria de los héroes míticos, con los valores que se celebran en los Juegos Panhelénicos, reforzando la idea de que los logros atléticos están bajo la influencia de los dioses, siendo parte de un legado que trasciende lo mortal.
Píndaro nos ofrece una imagen de Tiresias similar a la de los profetas del Antiguo Testamento, glorificado como si fuera un semidiós, debido a sus capacidades para actuar como intermediario.
“La divina comedia”, Dante
Descendemos al octavo círculo del Infierno de Dante para encontrar de nuevo a Tiresias en el Hades. Entre los aposentos de los fraudulentos, ubicados en la cuarta fosa, los visitantes se topan con un grupo de personas cuyo mentón ha girado 180 grados, son estos los adivinos que, como castigo por pretender ver el futuro, ahora solo pueden mirar en dirección a sus espaldas.
En las anteriores referencias hemos conocido a un Tiresias loado como sabio capaz de revelar la verdad en cualquier circunstancia, Dante nos presenta un adivino castigado con un ridículo contrapaso, típico del infierno dantesco.
También Dante reseña la transformación de género que relata Ovidio, para distinguir a Tiresias de otros. Vemos aquí a un hombre humillado por sus engaños, en lugar del sabio consejero que elogian los poetas griegos.
En “Las fenicias” de Eurípides, el adivino hacía su entrada junto a su hija, Manto, que también aquí le acompaña, castigada por sus falsos augures. Una curiosidad que une a Virgilio con la hija del adivino es que el mito cuenta que, tras la muerte de su padre, Manto vagó hasta llegar a lo que hoy es Mantua, provincia que tomó el nombre de la adivina. Virgilio nació en un municipio de la provincia mantuana, por eso el guía insiste en la presencia de la adivina.
Curiosamente, son muchos los personajes relacionados con el ciclo tebano que aparecen en “La divina comedia” incluido Eurípides, que acompaña a Virgilio en el limbo.
“Las tetas de Tiresias”, Apollinaire
Tiresias trasciende la literatura clásica alcanzando obras contemporáneas como “Las tetas de Tiresias” de Guillaume Apollinaire. El escritor francés parte del mito del adivinador para crear, en 1917, una obra teatral vanguardista, considerada una pieza clave del surrealismo. Ambientada en una Zanzíbar irreal, la obra relata la historia de Thérèse, la protagonista, que se rebela contra los roles tradicionales de la mujer y decide convertirse en hombre, transformándose en Tiresias. En el proceso se desprende físicamente de sus pechos, que flotan como globos, simbolizando su rechazo a la feminidad impuesta.
Mientras Tiresias adopta un rol masculino, su esposo asume las tareas reproductivas logrando, en un día, traer al mundo miles de hijos para solucionar el problema de la despoblación.
Existe también una ópera de Francis Poulenc titulada “Les mamelles de Tirésias”, inspirada en la obra de teatro de Apollinaire.
En este caso, la reinterpretación del mito es absoluta. Tiresias es la consecuencia de una transfiguración que deriva en situaciones caóticas, aunque Thérèse finalmente recupera sus atributos femeninos.
“Kafka en la orilla”, Haruki Murakami
Tiresias llega a nuestro tiempo como Nakata en “Kafka en la orilla”, una de las novelas más celebradas de Murakami.
Nakata ha sufrido un misterioso accidente durante su infancia que ha mermado sus capacidades, sin embargo, ha adquirido la capacidad de comunicarse con los gatos, pudiendo percibir además sensaciones que van más allá de la comprensión humana. Su limitación intelectual, equivalente en parte a la ceguera de Tiresias, le libera de ciertos prejuicios lógicos a los que los demás estamos sometidos, conectándole con fenómenos sobrenaturales.
En esta novela conocemos a un Tiresias trasmutado en un joven japonés inocente, cuyo hado es absolutamente contrario al que le otorga Dante. Veinticinco siglos después de Sófocles, Tiresias vuelve a ser un sabio cuyo interés personal se supedita a las exigencias de las circunstancias.
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Adivinos*
Los adivinos en la literatura griega
La adivinación fue una práctica central en la literatura griega, en las obras literarias los adivinos no solo eran intérpretes de la voluntad divina, también actuaban como figuras clave en el desarrollo de los relatos. Estos personajes encarnaban la tensión entre un destino predeterminado y la libertad de las elecciones humanas.
Los adivinos como intermediarios entre dioses y humanos
En la literatura griega, los adivinos son intermediarios entre el mundo humano y el divino. A través de su capacidad para interpretar señales enviadas por los dioses, estos personajes transmiten verdades ocultas o advertencias sobre el futuro.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es Tiresias, símbolo de la paradoja entre la ceguera física y la clarividencia espiritual. Aunque, como hemos visto, Tiresias a menudo se enfrenta al escepticismo o al rechazo, su autoridad como portavoz de los dioses es indiscutible, signo de la importancia de la adivinación en la narrativa griega.
Métodos de adivinación en la literatura griega
Los adivinos de la ficción utilizaban diversos métodos para interpretar la voluntad divina, uno de los más comunes era la ornitomancia, o el estudio del vuelo de las aves. En “La ilíada” de Homero, Calcas, el adivino del ejército griego, interpreta el comportamiento de los pájaros para aconsejar a los líderes en decisiones cruciales durante la guerra de Troya.
Otro método frecuente era la lectura de entrañas animales, conocida como aruspicina. Este tipo de rito refuerza la conexión entre el mundo físico y el espiritual, mostrando que los dioses se comunican a través de signos tangibles.
El oráculo era también una forma institucionalizada de adivinación, el más famoso de ellos, Delfos, es visitado en varias obras clásicas como en “La orestíada” de Esquilo. En este relato aparece también Casandra, otra de las grandes videntes de la literatura clásica.
El destino y el libre albedrío en torno a los adivinos
Uno de los temas recurrentes en la literatura griega es la tensión entre el destino predeterminado y las decisiones humanas. Los adivinos frecuentemente representan esta dualidad al revelar un futuro que parece inevitable, pero que es desencadenado por las decisiones de los personajes.
En Edipo Rey, por ejemplo, Edipo intenta evitar la profecía que dicta que matará a su padre y se casará con su madre, pero en su esfuerzo por escapar, termina cumpliéndola. Este topos es también común en otras culturas, es célebre el cuento persa “El criado y la muerte” en el que el protagonista huye a Ispahán, donde le espera su fin.
Este tema plantea preguntas profundas sobre el libre albedrío y el papel de los adivinos en el cumplimiento del destino. ¿Son simples mensajeros de lo inevitable, o su intervención contribuye a que se materialicen las predicciones? Este dilema refuerza la centralidad de los adivinos en las narrativas griegas y su capacidad para generar conflicto.
Los adivinos como figuras ambiguas
Aunque los adivinos son una figura de autoridad en la literatura griega, también aparecen como figuras ambiguas. Su conocimiento los coloca en una posición de poder, pero los hace vulnerables al rechazo y al conflicto con quienes buscan evitar las verdades que revelan.
Tiresias, por ejemplo, a menudo es ridiculizado o ignorado por personajes que temen enfrentarse a la realidad de sus predicciones. Esta ambigüedad hace que los adivinos sean personajes complejos, simultáneamente venerados, satirizados y temidos.
La adivinación en la cultura griega clásica
En la Grecia clásica, la adivinación ocupaba un lugar central en la vida cotidiana, política y religiosa, siendo considerada un medio esencial para comprender la voluntad de los dioses. Los griegos creían que los dioses influían en todos los aspectos de la existencia humana, y que estos enviaban señales que podían interpretarse a través de diferentes prácticas adivinatorias. Estas costumbres no eran vistas como parte de la superstición, sino como una ciencia sagrada profundamente integrada en la sociedad.
Uno de los métodos más comunes de adivinación era la consulta a los oráculos, siendo el de Delfos el más famoso. Allí, la Pitia, sacerdotisa de Apolo, entraba en trance y transmitía mensajes divinos que eran interpretados por sacerdotes. Estas consultas eran fundamentales en decisiones estatales que abarcaban desde estrategias militares, hasta la fundación de colonias. Paralelamente, los adivinos (μάντις/mantis), expertos en interpretar signos naturales, eran figuras respetadas y solicitadas en la vida pública. Nótese la similitud etimológica con el nombre de la hija de Tiresias, μαντώ/mantó.
La adivinación no solo tenía una función religiosa, además ofrecía un marco para tomar decisiones en momentos de incertidumbre. En una sociedad donde el destino se tenía por ineludible, la adivinación ofrecía una manera de comprenderlo y, quizás, mitigarlo.
Augures
Augures
Augures
Augures
Augures
Interpretar a los augures
Los adivinos ocupan un lugar destacado en la literatura griega, no solo como personajes sobrenaturales y simbólicos, sino como caracteres imprescindibles en tramas que plantean temas fundamentales para la sociedad griega clásica como el destino, el libre albedrío y la conexión con los dioses. Leer e interpretar sin prejuicios a los adivinos nos permite comprender mejor las sociedades clásicas, a partir de un elemento clave en la vertebración de la cultura helénica.
Últimas publicaciones
Todas las categorías






