Pensar de nuevo una obra clásica nos permite descubrirla a la luz de un nuevo contexto, Sófocles nos aporta una serie de personajes que, todavía, se siguen explicando con claridad.
“Filoctetes” nos lleva a una de las múltiples tramas que componen la epopeya troyana, un relato crucial para el desarrollo de la guerra que, además, pone de manifiesto varios arquetipos y nos permite ahondar en el análisis de un texto clásico.
Filoctetes como personaje del ciclo troyano
Filoctetes es un personaje destacado en la mitología griega. Este héroe griego fue famoso por haber heredado el arco y las flechas de Heracles (Hércules en su acepción romana) tras encender su pira funeraria, estas armas eran consideradas invencibles.
Durante la Guerra de Troya, Filoctetes fue uno de los grandes guerreros de la expedición griega durante el asedio de la ciudad, sin embargo, en el camino hacia Troya sufrió una herida grave en el pie causada por la mordedura de una serpiente venenosa, la herida se infectó, causando un dolor insoportable y un olor tan terrible que sus compañeros lo abandonaron en la isla de Lemnos.
Años más tarde, los griegos fueron advertidos de que no podrían ganar la guerra sin las flechas de Heracles, Odiseo (Ulises en su acepción latina) y Neoptólemo, el hijo de Aquiles, fueron enviados a la isla para convencer a Filoctetes. Sófocles relata este rescate.
Aunque inicialmente resentido, Filoctetes finalmente se unió a la causa griega siendo clave en la derrota de Troya, pues fue quien disparó la flecha que mató al príncipe Paris.
El mito de Filoctetes nos muestra las consecuencias del dolor, del aislamiento y la superación de estas emociones, así como la complejidad de la naturaleza humana en situaciones de traición y redención.
Primera representación y antecedentes de Filoctetes
Fue representada por primera vez en el festival de Dioniso del año 409 a.c., obteniendo el primer premio. En la Grecia Clásica era común que los dramaturgos presentasen obras de teatro durante los grandes festivales anuales, lo habitual era que cada autor ofreciera tres tragedias y una comedia. Las Grandes Dionisias, celebradas en Atenas a principios de primavera, eran el principal evento teatral en Grecia.
El drama que nos ocupa tiene un contexto previo, el abandono de Filoctetes en Lemnos que apuntamos anteriormente y un oráculo pronunciado por Calcante, o Calcas, adivino Aqueo presente en Troya. El vaticinio fue muy claro, Troya no sería tomada sin las armas de Heracles, cuyo poseedor era Filoctetes. Una nave zarpó de inmediato capitaneada por Odiseo y Neoptólemo, hijo de Aquiles.
El mito de un engaño y la justificación de la victoria
La obra de Sófocles tiene lugar entre los hechos narrados en “La Ilíada” de Homero y el saqueo de Troya. Comienza con la llegada de los aqueos a las costas de Lemnos, Neoptólemo y Odiseo exploran la isla en busca de Filoctetes, abandonado diez años antes.
Para muchos especialistas, el tema central de la obra es la persuasión personificada por Odiseo. Este arquetipo está presente desde el comienzo de la obra, utilizando a Neoptólemo como intermediario para que Filoctetes embarque o, al menos, renuncie a sus armas. El engaño ideado por Odiseo se basa en una historia previa. Las armas de Aquiles le fueron otorgadas al propio Odiseo (hechos que se cuentan en “Áyax”, de Sófocles) sin haber tenido en cuenta a su hijo, por tanto, Neoptólemo tendría razones para despreciar a los jefes aqueos.
Neoptólemo es reacio al embuste desde el principio, reconoce que prefiere ser vencido que utilizar engaños. Odiseo le exhorta, en uno de los pasajes de más mérito en la obra de Sófocles, exponiendo que, cuando era joven obraba con la mano y no con la palabra pero pasados los años, y al tocar la realidad, ve que es la palabra y no la obra la que gobierna. Esta declaración resume los principios de Odiseo.
Neoptólemo cede, debido a las lisonjas de Odiseo. El joven escucha que en el futuro será temido por hábil y valiente, el hijo de Aquiles no puede resistirse a la promesa que le concede Odiseo ofreciéndole un futuro brillante como guerrero y acepta el engaño.
La persuasión
Una de las novedades del teatro de Sófocles es la profundidad psicológica de los personajes, evidente si comparamos sus tragedias con el ciclo de Esquilo. Odiseo es el personaje perfecto para desarrollar una personalidad compleja, que debe afinarse a lo largo de una historia.
Odiseo es conocido por su astucia, de hecho, suya fue la idea de construir un caballo de madera para entrar en la fortaleza troyana, sin embargo, además de este ardid, Odiseo nos muestra su capacidad en otros pasajes tanto en «La Ilíada» como en «La Odisea».
Maquiavelo nos enseña en el último Renacimiento que el fin justifica los medios, Odiseo es el personaje mítico que encarna la permisividad ante un proceso inmoral, si el fin último lo requiere.
A lo largo de la trama vemos a Odiseo retorcer sus argumentos para tratar de obtener el arco y las flechas de Heracles. Sus argumentos deben convencer primero a Neoptólemo, lo cual no es fácil debido al dilema moral al que se enfrenta el joven guerrero, y a su vez, por boca del hijo de Aquiles, a Filoctetes.
El triunfo del engaño y sus consecuencias positivas es el verdadero tema principal, más allá de los caracteres particulares. Es posible que la guerra de Troya no hubiera tenido un desenlace favorable a los aqueos si se hubiera impuesto la moralidad a la astucia.
El ruego de Filoctetes
Neoptólemo y Filoctetes se encuentran a continuación. El héroe abandonado muestra resentimiento hacia los que fueron sus compañeros y le pide al hijo de Aquiles que le embarque para volver a su hogar. Antes de la partida coge el arco y las flechas que pertenecieron a Heracles, unas hierbas que calman sus dolores y se dispone a zarpar.
Antes de salir de la cueva, el coro interviene para lamentarse por la situación de Filoctetes, cuya supervivencia ha dependido del azar y de los precarios recursos que le ha ofrecido Lemnos. En una imagen evocadora, el coro compara a Filoctetes con Ixión, rey lápita que intentó violar a Hera y fue encadenado a una rueda ardiente que da vueltas eternamente. Este castigo se compara al sufrimiento de Filoctetes durante su abandono. Quien quiera una imagen más sugestiva, existe en el Museo del Prado un Ixión de Ribera en el que el propio verdugo parece horrorizarse ante el castigo que está llevando a cabo.
La compasión
Tanto Neoptólemo como el coro, que lejos de ser un elemento meramente narrativo tiene sus propios sentimientos y opiniones en el teatro griego antiguo, se compadecen de Filoctetes.
Al entrar en la cueva, se encuentran con un hombre deshecho después de una década de abandono. Los rescatadores se preocupan por devolver a la civilización al héroe desamparado más allá del destino de las armas míticas, sin embargo, la compasión no va a ser suficiente para el final decisivo del conflicto, es más, va a resultar contraproducente debido a la presencia de Odiseo, anunciada por un mercader.
Neoptólemo llega a tener el arco en sus manos mientras Filoctetes está dormido, pero la resolución inmediata del conflicto es rechazada debido a sus implicaciones morales, añadiendo complejidad a la disputa.
La compasión de Neoptólemo llega a su culminación con la confesión del engaño. La piedad le obliga a confesar, Filoctetes, a su vez, se compadece del hijo de Aquiles y le concede que sus hechos errados no vienen de su propia maldad, sino de haber sido instruido por gente mala.
El callejón sin salida de la piedad
El velo que cubre las intenciones de Neoptólemo cae y Filoctetes, que se ha mostrado sincero desde el primer momento, llega a compadecerse del joven guerrero. La verdad ha sido expresada con palabras, la situación ha cambiado y las soluciones han desaparecido, ni Filoctetes va a volver a Tesalia, ni Neoptólemo va a volver a Troya con el arco que pone fin a la guerra diez años después.
En el razonamiento de Odiseo el fin justificaba el engaño, en la otra cara del conflicto, la verdad enreda una situación ya compleja en origen.
La situación se muestra a un público, o a un lector, que ya conoce la solución al problema, pero esta solución concede espacio a la mentira. La verdad desnuda no es capaz de redimir a ninguno de los personajes y castiga especialmente a quienes se han mostrado éticos.
Disputa y destino
El encuentro entre Odiseo y Filoctetes se resuelve sin que se produzca una conclusión aceptable, fruto del razonamiento ético. La riqueza de la trama de Sófocles se agudiza en el último tercio de la obra, cuando Filoctetes reconoce a Odiseo y se produce un enfrentamiento abierto entre ambos. La lucha entre los hechos pasados y el destino es permanente, Filoctetes recuerda el abandono y maldice a los Átridas y a Odiseo, amenazando con despeñarse para poner fin a su vida.
El conflicto ético se traslada a la decisión tomada por Filoctetes. Tanto el coro primero, como Neoptólemo después, le culpan de provocar un destino nefasto para sus propios intereses debido a su intransigencia. El héroe tesalio duda, recupera la idea del suicidio, le es devuelto su arco y convence a Neoptólemo para que le lleve a su hogar, sin embargo, el final ético, inane para el desarrollo de la guerra, se deshace ante la presencia del Dios.
Deus ex machina y profecía
En el teatro griego eran comunes los finales provocados por mandato divino. “Medea” de Eurípides termina con la protagonista huyendo en un carro que le proporciona Helios, Esquilo también utiliza esta solución en “Las euménides” cuando Orestes es juzgado por los propios dioses, siendo Atenea la que pone fin al conflicto. En la “Poética” de Aristóteles, el filósofo estagirita critica este tipo de finales, promoviendo una resolución natural al propio desarrollo de la obra.
En el caso de “Filoctetes”, el final se resuelve con la aparición de Heracles, que obliga a Filoctetes a embarcarse hacia Troya con Neoptólemo. El héroe mítico desvela que será Filoctetes quien mate a Paris, el causante original de la guerra de Troya debido al secuestro de Helena. Esta solución redime la incapacidad de Odiseo para convencer a Filoctetes, que, a pesar de sus mermadas condiciones, fue capaz de resistirse a la inteligencia del rey de Ítaca. Finalmente, ni la persuasión ni la piedad han resuelto el nudo y será la incursión brusca de un Dios, o un semidiós, la que devuelva los hechos al cauce de su destino.
Sófocles, el desarrollo del drama helénico
Sófocles (496 a.C. – 406 a.C.) fue uno de los grandes dramaturgos de la Antigua Grecia y una figura clave en la evolución del teatro clásico. Nacido en Colono, un pequeño suburbio de Atenas, Sófocles vivió durante la época dorada de la ciudad, cuando las artes, la política y la filosofía alcanzaron un auge sin precedentes. Junto a Esquilo y Eurípides es considerado uno de los tres grandes autores trágicos de la literatura griega y su influencia ha perdurado a lo largo de los siglos, siendo un referente esencial en la historia del teatro occidental. Con Aristófanes, escritor de comedias, componen la tetrarquía del teatro griego clásico que ha llegado a nuestro tiempo.
A lo largo de su vida, Sófocles escribió más de 120 obras, aunque solo siete tragedias completas han llegado hasta nosotros. Su obra es conocida por su complejidad psicológica y por el tratamiento profundo de los dilemas morales que conectan a los dioses, el destino y la voluntad humana.
Las aportaciones de Sófocles al teatro griego
A diferencia de Esquilo, anterior a él, Sófocles redujo el papel del coro y otorgó mayor protagonismo a los personajes individuales y al diálogo entre ellos, lo que permitió un desarrollo más rico y profundo de las personalidades en escena. También es reconocido por haber introducido el tercer actor en la escena teatral, una innovación que amplió las posibilidades narrativas y dramáticas del teatro.
Sófocles dejó un legado imborrable, aportando una nueva profundidad emocional y moral al teatro griego, cuyas influencias aún están presentes en la literatura y el teatro actual.
Entre sus obras más destacadas se encuentran:
Edipo Rey
Considerada su obra principal, «Edipo Rey» explora el destino ineludible de Edipo, quien, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. La obra trata sobre la búsqueda de la verdad y el destino, tocando temas profundos sobre la culpa y la responsabilidad.
Antígona
Antígona, la hija de Edipo, desafía las órdenes del rey Creonte para enterrar a su hermano Polinices. La obra es una reflexión sobre la ley divina frente a la ley humana y el sacrificio personal en nombre de la justicia.
Electra
En esta obra, Sófocles narra la historia de Electra, quien busca venganza por el asesinato de su padre, Agamenón, a manos de su madre, Clitemnestra. La obra explora el dolor, la justicia y el conflicto entre los lazos familiares y el deber.
Además de estas, también conservamos completas “Edipo en Colono”, “Áyax”, “Las Traquinias” y “Filoctetes”. De “Anfiarao”, “Epígonos” y “Los rastreadores” se conocen fragmentos.
La enseñanza de los clásicos, hoy
La interpretación de los clásicos habitualmente se basa en una visión simple de este tipo de lecturas, que despoja al texto de su complejidad original reduciéndolo a arquetipos. Odiseo es agudo, taimado, engañoso; Neoptólemo es sincero, inocente; Filoctetes es pertinaz, orgulloso. Una primera interpretación nos aporta caracteres despojados de acción, adjetivos que podemos aplicar a situaciones o personajes actuales, pero la complejidad de este tipo de textos va mucho más allá.
Odiseo es astuto, pero de nada le sirve su astucia en esta tragedia. Neoptólemo es ético, pero cada vez que aplica el sentido común, se aleja de la solución imperativa para una guerra cuya violencia es infinitamente mayor que la dignidad de un solo hombre. Filoctetes es un hombre de principios, pero sus decisiones le empujan al abismo de su propia desgracia.
Por tanto, la enseñanza no está en los arquetipos, sino en la paradoja que se produce ante ciertos comportamientos éticos de los que se deriva el caos. También en situaciones gobernadas por personajes profundamente inmorales, capaces de encontrar soluciones.
Obras literarias de este cariz no desean otorgar una enseñanza imperecedera, no se trata de relatos monoteístas, lo que muestran son los intrincados caminos a los que se enfrentan personajes como Antígona, Medea o Electra, y que en ocasiones tienen su reflejo en la vida real.
Últimas publicaciones
Todas las categorías






