Skip to main content

De la obra de Julio Cortázar son destacables sus prosas breves, incluyendo textos tan variados como “Los reyes” o su célebre “Bestiario”, sin embargo, la novela de Cortázar adolece de las capacidades de su narrativa corta. “Rayuela” es un excelente prototipo de lo que ahora llamamos “artefacto narrativo”, sin embargo, el dispositivo carece de mecanismos lo suficientemente sólidos como para auxiliar el relato.

Qué es “Rayuela” de Julio Cortázar

“Rayuela”, de Julio Cortázar, es una novela experimental publicada en 1963, considerada una de las obras fundamentales del Boom latinoamericano. El relato rompe con las estructuras narrativas tradicionales, ofreciendo múltiples formas de lectura, ya sea en orden lineal, siguiendo un esquema alternativo propuesto por el autor o confiando en el azar. Este carácter innovador permite al lector interactuar con el texto de manera activa, permitiendo una experiencia diferente respecto a la lectura habitual.
La obra aborda temas como la búsqueda existencial, el amor, la alienación y la complejidad de las relaciones humanas utilizando un lenguaje complejo, e incluyendo multitud de referencias culturales que desafían la comprensión inmediata. La novela se sitúa principalmente en París y Buenos Aires, ciudades que recorremos junto a Horacio Oliveira y su círculo de amigos y conocidos.

Estructura y forma narrativa

Uno de los elementos más destacados de “Rayuela” es su estructura no lineal, que ofrece al lector la posibilidad de interactuar con el texto de diferentes maneras. La novela se divide en tres partes principales:

  • Del lado de allá: Transcurre principalmente en París y se centra en Horacio Oliveira, su relación con La Maga y las actividades del Club de la serpiente, un grupo de intelectuales del que forma parte el protagonista.
  • Del lado de acá: Desarrolla la vida de Oliveira en Buenos Aires tras su regreso, sus interacciones con sus antiguos amigos y su lucha con su propio sentido de pertenencia.
  • De otros lados: Consta de capítulos “prescindibles”, según el propio autor, que pueden leerse, o no, dependiendo del orden elegido. Estos capítulos complementan la narrativa con reflexiones filosóficas, culturales y literarias.

El «tablero de dirección» que propone Cortázar permite leer los capítulos mediante un esquema alternativo, ofreciendo una experiencia flexible.

Los personajes

Horacio Oliveira
El protagonista, Horacio Oliveira, es un intelectual argentino que vive en París. Es un diletante introspectivo, cuya búsqueda existencial está marcada por el cuestionamiento de la realidad y su desconexión emocional con quienes le rodean. Su carácter se define a partir de su relación con el arte, la filosofía y su constante análisis crítico de la vida. Se trata de un intento de destilar una personalidad absolutamente mental.

La Maga
Lucía, La Maga, es un personaje central en la primera parte de la novela. Representa un fuerte contraste con Oliveira, siendo más intuitiva, emocional y espontánea. Su relación con Oliveira es uno de los ejes de la narrativa y refleja temas como la incomunicación y las tensiones entre lo intelectual y lo emocional.

El Club de la serpiente
Se trata de un grupo de amigos que se reúnen en París para discutir acerca de diversos temas, habitualmente relacionados con la más exclusiva erudición. Aunque cada miembro tiene características propias, funcionan más como un colectivo que como personajes individuales con desarrollo propio.

Personajes secundarios
En la segunda parte de la novela aparecen personajes como Traveler y Talita, cuya relación con Oliveira vuelve el relato hacia otros aspectos derivados, en la mayoría de los casos, de la dificultad de adaptación del protagonista.

Lenguaje y estilo

El lenguaje en “Rayuela” está deliberadamente estilizado. Cortázar utiliza una prosa poética que incluye juegos de palabras, neologismos y experimentos lingüísticos, explorando las posibilidades del lenguaje como herramienta creativa.
Además, la novela está cargada de referencias intertextuales que abarcan desde la literatura clásica, hasta la música contemporánea (especialmente el jazz) y la filosofía. Estas referencias incluyen, habitualmente, la jerga propia de cada disciplina.

Temas principales

La búsqueda de un cierto sentido a la vida es uno de los temas más recurrentes en “Rayuela”. Horacio Oliveira, el protagonista, refleja esta preocupación a través de sus constantes reflexiones sobre la existencia humana, el amor y el arte. Este tema enlaza habitualmente con la filosofía existencialista.
La alienación es otro tema clave que atraviesa la novela. Oliveira, tanto en París como en Buenos Aires, experimenta una desconexión emocional y social respecto al entorno, este sentimiento de aislamiento es compartido por otros personajes y se refleja en las dinámicas del Club de la serpiente.
La dualidad también es central en ciertos temas importantes de la novela, tanto en su estructura como en sus temas. El relato explora contrastes como razón y emoción, orden y caos o realidad y ficción, estableciendo un juego constante entre opuestos que invita al lector a reflexionar sobre las complejidades de la experiencia humana.
La incomunicación es otro de los ejes temáticos de la novela. Los personajes, a pesar de sus constantes interacciones, luchan por establecer conexiones auténticas que favorezcan sus intereses personales. Esta tensión se percibe particularmente en la relación entre Oliveira y La Maga. El arte y la cultura son también temas en sí mismos, con una presencia constante en “Rayuela”.

Interacción entre lector y texto

Uno de los aspectos más innovadores de “Rayuela” es la relación que impone entre el lector y el texto. La estructura no lineal y el uso del «tablero de dirección» convierten al lector en un participante activo en la construcción de significado, rompiendo la noción tradicional de texto cerrado y definido por el autor.
La obra también introduce capítulos «prescindibles» que complementan la historia principal, ofreciendo al lector la libertad de decidir cómo abordarlos.

Recepción crítica

Desde su publicación, “Rayuela” ha generado reacciones muy variadas. Algunos críticos la consideran una obra maestra que redefine los límites de la narrativa, mientras que otros la ven como un ejercicio intelectual vacuo. A un lado se sitúan críticos y colegas de generación como Carlos Fuentes, que reivindicaron “Rayuela” como uno de los textos fundacionales del “Boom”, a otro, comentaristas y escritores como Vargas Llosa, que declaró en 2019 que “Rayuela” no había sido la mejor obra del argentino y que su legado, probablemente, se iría “empequeñeciendo”.

Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*
Rayuela*

Una crítica sobre “Rayuela”

“Rayuela” no funciona como novela, pero tampoco como experimento. Cortázar crea un texto de culto popular, consiguiendo lo que muy seguramente fue su objetivo, sin embargo, técnicamente está lejos de sus relatos breves y más aún de las mejores obras literarias de su siglo.

Directorio

“Rayuela” es un excelente directorio de calles parisinas y músicos de jazz, sin embargo, más allá de identificar lugares y personas, la narración no profundiza en muchas de las señas que, aparentemente, deberían serle primordiales.
Quizá sea este el principal lastre de la novela. La falta de hondura en sus referencias provoca que, en general, el relato carezca de profundidad. La cultura a través del arte, un tema que debería ser fundamental en la novela, no es tal debido a la oquedad de las referencias.
En un pasaje acerca del jazz en el capítulo 17 leemos la siguiente nómina.

[…] su charleston, su black bottom, su shimmy, su foxtrot, su stomp, sus blues, para admitir las clasificaciones y las etiquetas, el estilo esto y aquello, el swing, el bebop, el cool, ir y volver del romanticismo y el clasicismo, hot y jazz cerebral, una música-hombre, una música con historia a diferencia de la estúpida música animal de baile, la polka, el vals, la zamba, una música que permitía reconocerse y estimarse en Copenhague como en Mendoza o en Ciudad del Cabo, que acercaba a los adolescentes con sus discos bajo el brazo, que les daba nombres y melodías como cifras para reconocerse y adentrarse y sentirse menos solos rodeados de jefes de oficina, familias y amores infinitamente amargos, una música que permitía todas las imaginaciones y los gustos, la colección de afónicos 78 con Freddie Keppard o Bunk Johnson, la exclusividad reaccionaria del Dixieland, la especialización académica en Bix Beiderbecke o el salto a la gran aventura de Thelonius Monk, Horace Silver o Thad Jones, la cursilería de Erroll Garner o Art Tatum, los arrepentimientos y las abjuraciones, la predilección por los pequeños conjuntos, las misteriosas grabaciones con seudónimos y denominaciones impuestas por marcas de discos o caprichos del momento, y toda esa francmasonería de sábado por la noche en la pieza del estudiante o en el sótano de la peña […].

Este listado es absolutamente estéril no por su composición formal, sino porque la mayoría de sus elementos desaparecen una vez nombrados. Thelonius Monk no reaparece, como tampoco vuelven Silver, Keppard o el dixieland. El bebop es una de las escasas referencias que Cortázar recupera de este catálogo, lo hace en una única ocasión, para describir los solos de Ronald tras ser abandonado por la voz de La Maga.
El principio del capítulo 6 incluye una relación de insignes nombres que a La Maga le hubiera gustado asimilar.

[…] leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club […].

La cursiva es propia, debido a que no aparece en muchas de las ediciones en castellano. Este párrafo delimita el tipo de conversación propio del Club de la serpiente, sin embargo, el desarrollo narrativo de la tertulia no llega siquiera a acercarse a la propuesta de Cortázar.
La misma sensación se deriva del París de “Rayuela”, surgido a partir de un índice de posiciones cuya evocación debe completar el lector, en base a su mayor o menor conocimiento de la ciudad.
Para el crítico, la novela se convierte en una guía de nombres y direcciones evidentes que, lejos de suponer un desafío intertextual, son en su mayoría un catálogo de filias explícitas relacionadas con el autor.

Ideas recuperadas

Las ideas recuperadas de Cortázar son, en realidad, hitos que el escritor trata de establecer para atraer el discurso hacia una cierta teoría. El caso manifiesto es el existencialismo, que atraviesa el texto a partir de varios personajes.
Horacio Oliveira encarna una búsqueda constante de trascendencia y significado, pero a menudo se encuentra atrapado en la duda y la insatisfacción. Su incapacidad para conectar plenamente con La Maga, o con su entorno, genera en él una alienación constante, que ni el personaje ni el relato logran superar satisfactoriamente. Las señas existencialistas de Oliveira imaginando, por ejemplo, a un Sartre tibetano, no pasan de ser anecdóticas, a pesar de que afectan al carácter fundamental del texto, incluyendo su composición libre y fragmentada.
Más allá del existencialismo frustrado, ninguna de las grandes guías teóricas de la novela logran culminar satisfactoriamente. Existe un cierto surrealismo, una reflexión subyacente fenomenológica, una exploración del lenguaje, algo de interés en el psicoanálisis, y ninguna de estas líneas logra imponerse ni aportar un relato original que vaya más allá de las conclusiones triviales que, efectivamente, tendría un grupo de pensadores de cafetín.

Elige tu aventura

“Choose your own adventure” fue una saga de libros juveniles editados por Bantam Books (hoy, por supuesto, Random House) desde finales de los años 70. En estos librojuegos, el lector podía elegir el destino de los protagonistas.
La posibilidad de tomar decisiones en puntos culminantes de la historia, o la libertad de saltar capítulos completos con permiso del autor, son recursos efectivos en la literatura juvenil, sin embargo, para un escritor como Cortázar no añaden valor a la forma del relato, al contrario, acaban exasperando, no por la continua interrupción, sino por la nula utilidad de la escritura fragmentada.
“Rayuela” se puede leer de forma canónica hasta el capítulo 56, dejando gran parte de la obra irresuelta. También se puede leer una especie de resumen con información ampliada mediante el “tablero de dirección” que propone Cortázar, el resultado es una crónica parcial que no ofrece conclusiones de interés.
Existe una tercera lectura basada en el azar, esperando que, por mor de la fortuna, las decisiones del lector construyan un relato sólido.
Ninguna de las tres alternativas ofrece una lectura sugerente, más allá de la satisfacción que pueda producir la lectura de los 56 primeros capítulos seguidos. En este caso, el yerro no recae en la propia narración, no es que Cortázar no sea capaz de crear un tejido de interés a partir de las diferentes decisiones que puede tomar el lector, o a propósito de las múltiples derivaciones que puede tomar la novela, la razón es que el recurso no funciona para un texto formal.

Personajes apuntados

Ninguno de los personajes de la novela de Cortázar se desarrolla con la suficiente profundidad. Horacio Oliveira y el Club de la serpiente desdoblan el carácter ultra-intelectual del que Cortázar desea impregnar la novela, sin embargo, tanto el protagonista como los tertulianos sufren graves problemas de construcción.
Oliveira es solo un tópico, la intelectualidad en su forma más esencial. Apuntaba anteriormente que Cortázar pretende destilar una personalidad absolutamente mental, y lo consigue, sin embargo, el resultado es un hombre artificial, cuyos problemas se derivan por completo de los asfixiantes límites impuestos por Cortázar. Oliveira no ejecuta un intento por abandonar su realidad mental, se trata de un personaje que avanza a lo largo de una trayectoria plana que adivinamos ya desde las primeras páginas.
El Club de la serpiente es un único personaje compuesto de varias facetas. Cada miembro tiene unas capacidades particulares que se repiten en función de cada cliché, sin que ninguno de ellos llegue a despegarse, realmente, de la masa intelectual a la que pertenece.
Los personajes de “Rayuela” no pasan de ser meros apuntes que responden a estereotipos, sin llegar a desarrollarse de forma completa y autónoma. Evidentemente, no se trata de las atribuciones negativas que puedan tener sus caracteres, sino de su superficialidad.

Hablemos sobre
Hablemos sobre
Hablemos sobre
Hablemos sobre
Hablemos sobre
Julio Cortázar
Julio Cortázar
Julio Cortázar
Julio Cortázar
Julio Cortázar

Julio Cortázar, biografía y obras escogidas

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en Ixelles, Bélgica, en el seno de una familia argentina que se encontraba en Europa debido al trabajo de su padre como agregado comercial. Su nacimiento coincidió con el inicio de la Primera Guerra Mundial, lo que obligó a su familia a trasladarse a Suiza y posteriormente a Barcelona, antes de regresar a Argentina en 1918, cuando Cortázar tenía apenas cuatro años.
Criado en Banfield, un barrio tranquilo en las afueras de Buenos Aires, Cortázar tuvo una infancia marcada por la ausencia de su padre, quien abandonó a la familia cuando él era niño. Su temprana inclinación hacia la literatura le llevó a sumergirse en lecturas avanzadas desde una edad temprana. Cortázar fue un niño precoz que, según relató en varias entrevistas, sufría de una sensibilidad exacerbada que le permitía leer obras clásicas antes de lo esperado. Esta precocidad literaria le dio una formación autodidacta que posteriormente influiría en su estilo.

Carrera y exilio voluntario

Tras completar sus estudios secundarios, Cortázar se graduó como profesor y más tarde cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires, donde se formó como traductor público. Ejercía como profesor en distintas localidades de Argentina, pero su inconformidad con el clima político y cultural del país le llevó a tomar la decisión de emigrar en 1951. Este año marcó un punto de inflexión en su vida, Cortázar se instaló en París, ciudad que se convertiría en su hogar definitivo.
En París trabajó como traductor para la UNESCO, actividad que le permitió mantener una vida relativamente estable mientras desarrollaba su carrera literaria. A pesar de la distancia física, mantuvo un fuerte vínculo con Argentina y América Latina, participando activamente en movimientos sociales y políticos a través de sus escritos y acciones. Su autoexilio no solo marcó su trayectoria personal, sino también su visión del mundo, pues desde Europa adoptó una perspectiva cosmopolita que se refleja en su obra y en su vida.

Activismo y compromiso político

En las décadas de 1960 y 1970 Cortázar se involucró profundamente en las luchas sociales y políticas de América Latina. Simpatizó con los movimientos revolucionarios de Cuba, Chile y Nicaragua, y se convirtió en un crítico vehemente de las dictaduras que asolaban la región. Aunque no militó formalmente en ninguna organización, usó su figura pública y su literatura para denunciar las injusticias y apoyar causas populares.
En particular, Cortázar viajó a Nicaragua durante la Revolución Sandinista y colaboró con los esfuerzos de alfabetización impulsados por el gobierno revolucionario. Asimismo, su apoyo a Cuba tras el triunfo de la Revolución en 1959 le colocó en el centro de debates intelectuales de la época. Cortázar también utilizó su figura de escritor internacional para defender los Derechos Humanos, participando en foros y conferencias en favor de los desaparecidos y perseguidos por las dictaduras del Cono Sur.

Los últimos años

En sus últimos años, Cortázar continuó escribiendo y participando en actividades públicas, aunque su salud comenzó a deteriorarse. En 1981, tras la muerte de su segunda esposa, Carol Dunlop, publicó «Los autonautas de la cosmopista», una obra que refleja el espíritu lúdico y aventurero que compartieron. Este período estuvo marcado por una combinación de dolor personal y una renovada energía creativa.
En 1983 regresó brevemente a Argentina tras la caída de la dictadura militar, un viaje emotivo que le permitió reconocer su país natal y ser recibido entre multitudes. Sin embargo, Cortázar falleció pocos meses después, el 12 de febrero de 1984, en París. Fue enterrado junto a Carol Dunlop en el cementerio de Montparnasse, dejando un legado literario y humano que sigue vigente.
Algunas de sus obras más importantes son las siguientes.

«Los reyes» (1949)

Es una de las primeras obras publicadas por Julio Cortázar y representa su incursión en la poesía dramática y el teatro. Cortázar reinterpreta el mito griego del Minotauro desde una perspectiva innovadora, centrándose en los aspectos psicológicos y simbólicos del mito. La obra cuestiona los conceptos de poder, libertad y sacrificio, presentando al Minotauro como una figura compleja y trágica. «Los Reyes» destaca por su lenguaje poético y su capacidad para renovar un tema clásico mediante una visión profundamente humanista. Esta obra, aunque breve, es un ejemplo temprano del talento de Cortázar para explorar los límites del lenguaje y los mitos universales.

«Bestiario» (1951)

Fue el primer libro de cuentos publicado por Julio Cortázar y marca el inicio de su carrera como uno de los grandes narradores de Latinoamérica. La colección consta de ocho relatos que exploran lo insólito en lo cotidiano, introduciendo el elemento fantástico de manera sutil pero perturbadora. Historias como «Casa tomada» y «Lejana» muestran la habilidad de Cortázar para crear atmósferas cargadas de tensión y misterio, mientras que «Circe» y «Bestiario» revelan su interés por los comportamientos humanos que rozan lo irracional. Este libro sienta las bases de su estilo, caracterizado por una combinación de realismo y elementos fantásticos que desestabilizan la percepción del lector.

«Historias de Cronopios y de Famas» (1962)

El libro está dividido en cuatro secciones: «Manual de instrucciones», «Ocupaciones raras», «Material plástico» e «Historias de cronopios y de famas». La obra introduce a los «cronopios», «famas» y «esperanzas», tres categorías de personajes que representan diferentes actitudes hacia la vida. Los cronopios son idealistas y caóticos, los famas son ordenados y pragmáticos, las esperanzas son pasivas. Este libro destaca por su tono lúdico y su capacidad para jugar con el lenguaje, convirtiéndolo en una obra clave del surrealismo literario.

«Octaedro» (1974)

Colección de ocho cuentos publicada en 1974, en la que Julio Cortázar profundiza en los temas de identidad, tiempo y relación. En este libro, el autor experimenta con estructuras narrativas y perspectivas fragmentadas, explorando las conexiones entre los personajes y sus entornos. Relatos como «Liliana llorando» y «Manuscrito hallado en un bolsillo» destacan por su introspección psicológica y su atmósfera melancólica. «Octaedro» muestra una faceta más madura de Cortázar, en la que la experimentación formal se combina con una exploración profunda de las emociones humanas.

*PERSPECTIVACIEGA
*PERSPECTIVACIEGA
*PERSPECTIVACIEGA
PERSPECTIVACIEGA*
PERSPECTIVACIEGA*
PERSPECTIVACIEGA*

Todas las categorías

Deja un comentario