“Los trabajos y los días” es una obra breve de Hesíodo, cuya influencia es inabarcable. A pesar de su importancia, ha quedado opacada por la célebre “Teogonía”, a la que debemos multitud de referencias sobre el origen de los mitos fundacionales griegos.
El concepto de degeneración es tangible en el texto de Hesíodo a través de varias vías, su desarrollo tiene una influencia decisiva en “Geórgicas” (29 a.c.) de Virgilio y en la constitución del trabajo como ética, principios que recogen pensadores como Lutero o Marx.
Pandora, una explicación mítica
El mito de la degeneración comienza con Pandora, relato que Hesíodo referencia.
Zeus, furioso porque Prometeo robó el fuego para los hombres, decide castigar a la humanidad enviando a Pandora, mujer creada por Hefesto y Atenea. Zeus le entregó además una jarra (o caja sellada, según versiones) que contenía todos los males del mundo, movida por la curiosidad, Pandora abrió el recipiente, liberando enfermedades, sufrimiento y desgracias que se esparcieron por la tierra.
Este mito, que conocemos en gran parte gracias a Hesíodo, explica el origen del sufrimiento humano y la voluntad caprichosa de los dioses como motor del destino.
Zeus y Perses
El poema de Hesíodo comienza con una invocación a Zeus y una referencia a Perses.
Perses fue el hermano de Hesíodo. Según el propio autor clásico, heredó parte de la fortuna familiar, pero la dilapidó debido a su irresponsabilidad. En su afán por obtener más riquezas, Perses recurrió a jueces corruptos, quienes, sobornados, fallaron en su favor en una disputa contra el propio Hesíodo.
El poeta usa a su hermano como ejemplo negativo para transmitir su enseñanza acerca de la importancia del trabajo arduo, la justicia y la ética. A lo largo del poema, Hesíodo le dirige exhortaciones directas, instándole a abandonar la pereza y la codicia, y a dedicarse a labores honestas para ganarse la vida.
Si bien su existencia no está confirmada, es muy probable que el lamento de Hesíodo en “Los trabajos y los días” se refiera a un Perses real.
La degeneración de Perses
Desde las primeras referencias del poema, Hesíodo establece una lucha maniquea entre la holganza, que atribuye a su hermano, y la fuerza que propicia el trabajo. Menciona el poeta tanto a la Discordia como a Deméter —esta última, diosa de la agricultura—, dos tendencias opuestas que actúan bajo la mirada serena de Zeus.
Hesíodo advierte que Perses obtuvo una ganancia mayor a la que le correspondía en el primer reparto de la herencia, por su capacidad para persuadir a los magistrados. Hesíodo presenta a Perses como un reflejo de la degeneración propia de su tiempo (hacia el siglo VIII a.c.), vinculando su actitud con la pérdida de valores esenciales para la convivencia. La actitud de su hermano no es solo un problema individual, sino que se inserta en un contexto general en el que la corrupción y la injusticia dominan la sociedad.
Una sociedad corrupta
Hesíodo advierte que depender de la corrupción y de favores injustos es una forma de degeneración moral y social.
La actitud de Perses refleja la conducta de aquellos que buscan enriquecerse sin esfuerzo, una característica que, según el poeta, se ha vuelto común en su época. Pero más allá del provecho de su hermano, esta actitud no sería posible si no contara con la aquiescencia de la sociedad en su conjunto, y la colaboración explícita de los estamentos que deberían velar por la justicia.
La crisis social en la Grecia de la Edad de Hierro
Hesíodo traza una crítica generalizada de la sociedad de su tiempo. El poeta describe una época caracterizada por la injusticia, la explotación y la pérdida de valores. En este contexto, los jueces corruptos que favorecen a Perses son un reflejo de la degeneración moral que domina la sociedad.
Hesíodo lamenta que en su tiempo no exista respeto por la justicia, debido a que los poderosos abusan de los más débiles, y los principios de honestidad y equidad han sido sustituidos por la codicia y el abuso de autoridad. Su crítica a la corrupción del sistema judicial no se limita a la situación particular de su hermano, también denuncia un problema estructural más amplio, con referencias tan explícitas como la frase “devoradores de regalos” (“tragones” / “comedores”, según traducciones) que atribuye a quienes deben impartir justicia.
El poeta también enfatiza que, en una era de decadencia, la única salvación para el individuo es el trabajo duro y la autosuficiencia, como camino hacia la honestidad.
El mito de las cinco edades
Hesíodo narra el mito de las cinco razas o edades, muestra de la progresiva degradación de los hombres a lo largo del tiempo. La primera fue la raza de oro, creada por Cronos, en la que los humanos vivían en armonía, sin preocupaciones, enfermedades ni trabajos. Disfrutaban de una vida longeva y, tras su muerte, se convertían en espíritus protectores. Este período representa la máxima perfección y cercanía entre mortales y dioses.
La segunda fue la raza de plata, creada por Zeus, caracterizada por la falta de respeto hacia los dioses. Aunque vivían más tiempo, los humanos eran arrogantes y no ofrecían sacrificios a los dioses. Esta raza muestra la primera señal de decadencia moral y de alejamiento del orden divino.
La tercera fue la raza de bronce, cuyos hombres eran violentos y belicosos. Solo conocían la guerra y la violencia.
La cuarta fue la raza de los héroes, también conocida como la raza de los semidioses. Hesíodo introduce aquí una excepción en el ciclo de degeneración, pues estos hombres fueron valientes y justos. Participaron en grandes gestas, como la Guerra de Troya y la expedición de los Argonautas, y aunque algunos murieron en la batalla, muchos de ellos fueron trasladados por Zeus a las Islas de los Bienaventurados, donde vivieron en paz.
Esta raza representa un intento de restauración de la gloria pasada, pero su desaparición reafirma la idea de un destino inevitable de decadencia.
Hesíodo describe la raza de hierro, a la que él mismo pertenece, como la peor de todas, una sociedad roída por la injusticia, el sufrimiento, el engaño y la lucha constante por la supervivencia. Los hombres ya no respetan a los dioses ni a sus semejantes, y la maldad prevalece en la sociedad.
Según Hesíodo, esta raza seguirá existiendo hasta que la corrupción y la violencia sean insoportables, momento en el que Zeus intervendrá para destruirla.
La progresiva degeneración humana
El mito de las razas en Hesíodo nos habla de la pérdida progresiva de valores. Cada generación sufre un deterioro moral mayor, pasando de la armonía y la justicia a la violencia, la arrogancia y la corrupción. Este descenso no solo afecta a la relación entre los hombres y los dioses, además destruye los lazos de respeto y cooperación.
El paso de la Edad de Oro a la Edad de Hierro refleja la visión pesimista de Hesíodo sobre la humanidad. Si bien la raza de los héroes representa una breve esperanza, su desaparición confirma que el destino de los hombres tiende a la degeneración.
La progresión de las razas también muestra cómo el trabajo, inexistente en la Edad de Oro, se convierte en un elemento fundamental para la supervivencia y la salvación moral en la Edad de Hierro. En esta última etapa, los hombres deben luchar día a día para obtener su sustento, en un mundo marcado por la injusticia.
La idea de degeneración heredada
El mito de las razas no es solo una narración mítica, sino una reflexión sobre la interdependencia moral en el entorno de Hesíodo. Esta perspectiva es el origen de la corrupción, la injusticia y la explotación que el poeta observa en su propio tiempo. La Edad de Hierro representa la culminación de un proceso de deterioro, donde la ética ha desaparecido y los hombres ya no respetan las normas divinas ni humanas.
Hesíodo advierte en su obra que el poder abusa de los más débiles, la mentira y el engaño son prácticas comunes, y la justicia ha sido reemplazada por la codicia.
La historia de su hermano Perses individualiza este declive, pero su actitud es manifestación de una disposición común no solo permitida, sino también sostenida por la mayoría.
“El gavilán y el ruiseñor”
Incluye Hesíodo una fábula sobre la justicia, tema central en el relato derivado del litigio con Perses, en base a una historia que recuperaría Esopo, aunque con variaciones.
En Hesíodo, un gavilán captura a un ruiseñor y, mientras este se lamenta, el depredador le recuerda que la fuerza dicta su destino. La advertencia es clara, el más débil no puede desafiar al más fuerte sin sufrir las consecuencias. Con esta fábula, Hesíodo ilustra la brutalidad del poder injusto y el peligro de la insolencia, mostrando que la naturaleza puede ser cruel, pero la civilización tiene el don de la justicia para regirse de manera diferente.
Hesíodo denuncia a los jueces que, cegados por los sobornos, dictan sentencias injustas, perjudicando a los más débiles. La justicia no debe ser manipulada por quienes ostentan el poder, sino aplicada con rectitud para evitar la ruina de la ciudad.
En el relato de Esopo, la enseñanza se deriva de la necesidad de conservar lo seguro y no dejarlo escapar en pos de lo prometido.
El trabajo como redención
La parte intermedia del texto le sirve a Hesíodo para glosar el carácter salutífero del trabajo durante cada una de las estaciones, añadiendo además una serie de consejos sobre los trabajos en el mar.
Los trabajos agrícolas y el ritmo de las estaciones
Hesíodo dedica una parte importante de su poema a describir el calendario agrícola, estableciendo una relación directa entre el trabajo del hombre, el ritmo de la naturaleza y la ética. El poeta ofrece consejos sobre cuándo arar, sembrar y cosechar, resaltando la importancia de la previsión y el esfuerzo. Según Hesíodo, el hombre sabio se adapta a los ciclos naturales y no deja nada al azar, ya que la negligencia conduce a la miseria material y moral.
Otoño, invierno, primavera y verano: El ciclo de la vida y el trabajo
El otoño marca el inicio de la cosecha y la recolección de frutos. Es una época de abundancia en la que se deben almacenar provisiones.
El invierno, en contraste, es la estación más dura. La naturaleza se vuelve hostil y el hombre debe refugiarse. Es un periodo marcado por la planificación y la previsión.
La primavera es un tiempo de renovación y resurgimiento. Con el fin del frío se reanuda el trabajo en el campo, la llegada de la primavera ofrece nuevas oportunidades para el trabajo y la producción.
El verano, por su parte, es la estación de la siega y la culminación del esfuerzo agrícola. Hesíodo aconseja trabajar sin descanso para recolectar la cosecha antes de que lleguen las lluvias otoñales. Esta estación simboliza la recompensa al trabajo bien hecho.
Toda etapa tiene su consecuencia moral, sus responsabilidades y sus dones, así, mediante los procesos agrícolas establece Hesíodo la que, probablemente, es la primera referencia a una estructura ética basada en las labores manuales, y no en un ejemplo mitológico.
Los trabajos en el mar y la importancia de la prudencia
Hesíodo dedica una sección específica a los trabajos en el mar. Aunque no desaconseja por completo el mar como propiciador de riqueza, sí advierte sobre sus peligros, puesto que la navegación es una actividad arriesgada que depende de la voluntad de los dioses y de la observación cuidadosa de los ciclos naturales.
Hesíodo aconseja a quienes deben viajar por mar que escojan con cuidado las estaciones propicias para la navegación, también menciona que la moderación es clave, ya que la ambición desmedida, ὕβρις (hýbris), puede llevar a la ruina. La observancia de la prudencia, Φρόνησις (phrónēsis), es el valor que debe seguir quien quiera obtener una ganancia en situaciones arriesgadas o variables.
El trabajo como principio ético en Hesíodo
Uno de los aspectos más originales de “Los trabajos y los días” es la relación entre el trabajo y la ética. El mito no ligaba la ética a la actividad física, el ideal de la Edad de Oro se basaba en la confianza con el Dios, los hombres no necesitaban trabajar y vivían en armonía sin esfuerzo; el poeta introduce una visión absolutamente novedosa: el trabajo no solo es una necesidad, sino también una virtud que define la justicia y la prosperidad del hombre.
Hesíodo rechaza la noción de una vida ociosa como modelo de perfección y, en su lugar, propone que el esfuerzo es la base de una existencia recta y ordenada. La degeneración de la humanidad, que culmina en la Edad de Hierro, se debe, en gran parte, a la pereza, esta idea transforma el trabajo en un pilar fundamental de la vida moral y social.
El trabajo agrícola y la moral en “Geórgicas” de Virgilio
Virgilio escribió “Geórgicas” (habitualmente “Las geórgicas”) entre los años 37 y 29 a.C., en un contexto de profundos cambios políticos y sociales en Roma. Tras décadas de guerras civiles, el poder de la República había colapsado y con la victoria de Octavio (futuro emperador Augusto), se iniciaba un proceso de reorganización del Estado. Virgilio, patrocinado por varios mecenas, compuso este poema con el objetivo de promover la restauración de los valores tradicionales romanos, en especial la conexión con la tierra y el trabajo agrícola como fundamento de la identidad y la estabilidad social.
Como sucede en “Los trabajos y los días”, “Geórgicas” es más que un tratado de agricultura, se trata de una reflexión sobre el esfuerzo humano y la armonía que garantiza el trabajo.
El contenido de “Geórgicas”
El poema se divide en cuatro libros, cada uno dedicado a un aspecto particular de la agricultura y la vida rural.
El Libro I trata sobre la agricultura en general, ofreciendo consejos sobre la siembra, el arado y el cuidado de los campos. También aborda la influencia de los astros y el clima en las cosechas.
El Libro II se centra en el cultivo de árboles y viñedos, en especial de la vid y el olivo, productos clave en la economía romana. Virgilio enfatiza la importancia del conocimiento y la técnica para lograr una cosecha próspera.
El Libro III está dedicado a la ganadería, incluyendo el cuidado del ganado bovino, ovino y equino. En esta sección, Virgilio describe con detalle la crianza y selección de los mejores animales, y expone la relación entre la labor del campesino y la salud de su rebaño.
El Libro IV aborda la apicultura y la organización de las colmenas como un modelo de sociedad ideal. Las abejas representan el orden, la disciplina y el trabajo colectivo, valores que Virgilio asocia a la restauración de Roma.
Trabajo y ética en “Geórgicas”
Uno de los temas fundamentales en “Geórgicas” es la relación entre el trabajo y la ética. Virgilio presenta el trabajo agrícola no solo como una condición para la supervivencia, sino como un medio de ennoblecimiento moral y una vía para alcanzar el equilibrio social.
El trabajo, según Virgilio, es una lucha constante contra las fuerzas del caos y la adversidad. La agricultura requiere disciplina, paciencia y conocimiento, virtudes que no solo benefician al individuo, sino también a la comunidad. En un mundo donde la naturaleza es impredecible y hostil, el esfuerzo humano es lo único que permite obtener frutos y asegurar el bienestar.
Además, Virgilio destaca que la labor agrícola es superior a la ociosidad y la corrupción de la vida urbana. En oposición a la decadencia moral de Roma tras años de conflictos, el poeta exalta la vida rural como un espacio de pureza y honestidad; para él, los campesinos representan el espíritu romano en su estado más puro, como si estos vivieran en una especie de égloga en la que trabajan con sus propias manos, en armonía con la naturaleza y en base a un sentido de comunidad.
El paralelismo entre el agricultor y el gobernante también es un tema recurrente en la obra. Así como el campesino debe cuidar la tierra con esmero, el líder debe gobernar con justicia y previsión. Augusto, a quien se dirige implícitamente el poema, es el garante de un nuevo orden donde la prosperidad surge del esfuerzo y la dedicación.
Al igual que en la obra de Hesíodo, el trabajo en “Geórgicas” no es solo una obligación, sino la principal fuente de moralidad. A través de la observación de los ciclos naturales y la aplicación de la técnica, el hombre aprehende un sistema ético en el que el esfuerzo y la virtud son un mismo medio, y la ganancia no es solo material, sino también moral y espiritual.
Y los días
Además de los trabajos, Hesíodo cierra el tratado, que también podríamos describir como un protoensayo muy anterior a Montaigne, con una relación de consejos que van desde aprovechar el día 13 para plantar un árbol, a comenzar la construcción de un barco en día 4.
Hesíodo, biografía y obras escogidas
Hesíodo fue un poeta griego de la Antigua Grecia, nacido aproximadamente en el siglo VIII a.C. en Ascra, Beocia. Es considerado, junto con Homero, uno de los padres de la poesía épica griega, aunque su obra es más didáctica y moralizante. Su vida tiene un carácter absolutamente legendario, de hecho se dice que recibió la inspiración poética directamente de las Musas en el monte Helicón.
A diferencia de Homero, narrador de hazañas heroicas, Hesíodo se enfocó en temas prácticos, religiosos y cosmológicos. La influencia de Hesíodo perduró a lo largo de la historia de la literatura y la filosofía griega, sirviendo de referencia para poetas, dramaturgos y filósofos como Platón y Aristóteles.
Su análisis sobre la moralidad, el trabajo y el destino humano le convirtió en una figura clave en la transición de la tradición oral a la escritura sistemática en la Antigua Grecia. Sus poemas establecieron principios fundamentales de la mitología griega y contribuyeron a la visión cosmológica del mundo antiguo.
Además de “Los trabajos y los días” en la actualidad sabemos con cierta seguridad que tanto “Teogonía” como los primeros versos de “El escudo de Heracles” son de su autoría, el resto de obras atribuidas son apócrifas.
“Teogonía”
Se trata de un poema épico de Hesíodo que narra el origen del cosmos y la genealogía de los dioses griegos. Comienza con la creación a partir del Caos primordial, seguido por la aparición de Gea (Tierra), Tártaro (Inframundo) y Eros (Amor). De Gea nacen Urano (Cielo) y Ponto (Mar), y junto a Urano engendra a los Titanes, Cíclopes y Hecatónquiros. Urano es destronado por su hijo Cronos, quien, a su vez, es derrocado por Zeus tras una guerra entre Titanes y Olímpicos. Zeus establece el orden divino, distribuye el poder entre los dioses y castiga a Prometeo por robar el fuego para los humanos.
La obra no solo describe la sucesión de poderes, también establece la estructura del panteón griego y los principios de justicia y destino. A Hesíodo le debemos una de las principales fuentes mitológicas del mundo antiguo.
“El escudo de Heracles”
Es un poema épico atribuido a Hesíodo en sus primeros 54 versos, aunque su autoría es debatida. Relata el enfrentamiento entre Heracles y Ciceo, un guerrero al servicio de Ares. Su principal atractivo es la detallada descripción del escudo del héroe, inspirado en el de Aquiles en “La Ilíada”. En él se representan escenas mitológicas y paisajes simbólicos que reflejan la guerra, la paz y el destino humano.
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