Emma Bovary es un personaje irrepetible, un hito en la historia de la literatura, sin embargo, la heterogénea repetición del prototipo creado por Flaubert ha diluido la extensión de su figura. Es importante recordar las consecuencias de la publicación de esta novela y las razones de su valor.
Mario Vargas Llosa, “La orgía perpetua”
En el año 1975, Mario Vargas Llosa publica “La orgía perpetua”. En esta monografía, el autor nos ofrece un punto de vista amplio, muy interesante, revisitando “Madame Bovary” bajo una perspectiva contemporánea, casi 120 años después de su publicación.
La última sección del ensayo, “La primera novela moderna”, repasa seis razones por las que, según el escritor hispano-peruano, Flaubert escribe la primera novela que podemos tratar como nuestra en términos temporales. No es cierto que “Madame Bovary” sea la primera novela moderna o contemporánea, títulos que pertenecen, probablemente, al ingenioso hidalgo y a los paseantes dublineses de Joyce, pero las razones de Vargas Llosa nos permiten valorar su importancia.
Las siguientes son las razones expuestas por Vargas Llosa en su ensayo.
Nacimiento del antihéroe
Vargas Llosa identifica a la señora Bovary con un antihéroe prometeico, fruto de la observación de la vida diaria burguesa rural y parisina. “Madame Bovary” es sinónimo de burguesía, y en la vida burguesa late el corazón de la mediocridad.
La idea de mediocridad es lo que construye, según Vargas Llosa, el personaje antiheroico de Emma Bovary. A diferencia de las contraposiciones tremendas de los románticos, Flaubert presenta a un personaje sin ningún atributo destacable que, además, es absolutamente antiético.
Su personaje principal no se comporta como se espera de una dama del Segundo Imperio (1852-1870), ni el novelista tampoco. La esposa del médico es ruín con su marido, se despreocupa de su hija y obvia todos los valores que sostienen el espíritu patriótico.
El acierto del novelista se basa en señalar las faltas de una clase a la que la cultura honra permanentemente.
Novela y forma
La estética de la novela está en la propia forma, no en el tema, que es inherentemente feo, como la frase anterior.
Volviendo al Romanticismo, al que Flaubert se enfrenta con esta novela, los autores eligen temas heroicos, perfectos y, en definitiva, bellos. Lo que Flaubert demuestra es que cualquier tema, cualquier personaje, puede ser estético y apto para la gran literatura, si la novela tiene una forma determinada.
El ensayo de Vargas Llosa establece que el objetivo de Flaubert es utilizar la belleza del lenguaje poético en la narración prosaica, un objetivo difícil de mantener por la extensión propia de la novela y por la complejidad del lenguaje poético, pero que, finalmente, Flaubert logra.
Monólogo interior
El estilo indirecto libre, dice Vargas Llosa, nace en este relato. Flaubert desarrolla una mente prodigiosamente caudalosa en la señora Bovary, llena de fantasías y realidades, pero no desarrolla el monólogo interior completo.
Sin duda, “Madame Bovary” supuso un paso significativo hacia el desarrollo del monólogo interior, sin embargo, la voz narrativa principal sigue siendo externa y controla la perspectiva principal de la novela de manera más explícita.
Lo que Vargas Llosa llama “sector psicologista” en relación con la novela moderna no se desarrolla en Flaubert, pero sí tiene un comienzo en las reflexiones de su antiheroína, lo cual supone un refuerzo para el impacto de la novela.
Objetividad y conductismo
El escritor hispano-peruano utiliza el término “behaviorista”, vamos a sustituirlo por “conductista” para adecuarlo a la actualidad.
En este subtítulo hay una idea muy interesante y plenamente cierta, la señora Bovary participa de dos corrientes literarias opuestas, la psicologista y la conductista. Las reflexiones suponen un primer paso hacia el monólogo interior pleno, en cuanto a la parte conductista, es evidente que la protagonista actúa motivada por una serie de causas que van más allá de lo que sucede en su propia mente.
A los actos conductistas de Bovary no se suma el juicio del autor. Uno de los principales aciertos de Flaubert es evitar cualquier valoración hacia la manera de obrar de sus personajes y, en especial, hacia la señora Bovary. La novela objetiva, impersonal en palabras del autor, sí aporta un rasgo netamente moderno cuyo origen está en esta novela.
Brecht contra Flaubert
Esta razón corresponde a una reminiscencia del tiempo en que fue escrito el texto. Vargas enfrenta a Flaubert, el creador que no juzga, con Brecht, el creador que interpreta para que el público no tenga que hacerlo.
Identifica dos términos comunes entre ambos escritores, el “odio al «burgués»” y el resultado de sus obras, contrario al que ambos habrían esperado. Esta parte es un alegato que atiende más a posiciones ideológicas personales de Vargas Llosa que al análisis literario.
Literatura y participación negativa en la vida
Anuncia Vargas Llosa que a finales del siglo XIX había dos tipos de escritores, los que escribían de manera ligera y seriada, y aquellos que solo ofrecían textos cifrados y esotéricos. De un lado, se cancela el cuestionamiento de la realidad, del otro, solo existe una literatura-mausoleo.
El análisis apunta a Flaubert como a un autor sin fines, un escritor que escribe sin más pretensiones, lo cual le dota de libertad a la hora de construir sus novelas. Flaubert salva el solipsismo propio de un autor que llega a odiar la realidad y evita publicar, mediante la escritura negativa.
El carácter de Flaubert se torna en una crítica íntegra, una agresión a la sociedad, construyendo un arquetipo absolutamente negativo que nos devuelve a la primera de las razones que expone el texto.
La relevancia de Madame Bovary
El acertado análisis de Vargas Llosa nos conduce a través de muchas de las razones por las que la señora Bovary es un personaje de especial relevancia para la literatura occidental, sin embargo, no todas las pruebas que expone Vargas Llosa son significativas, y es muy posible que su conclusión esté errada.
Objetividad
La objetividad que destaca Vargas Llosa es una de las razones por las que “Madame Bovary” es un hito.
La señora Bovary es un personaje profundamente inmoral. En un espacio en el que las decisiones deshonestas no se admiten, Flaubert desarrolla una idea de maldad sobre la que no dicta sentencia, simplemente, existe.
Cervantes crea a un loco que se redime con su último aliento, otorgándole hasta entonces libertad plena. En la literatura previa, el narrador traza gruesas líneas entre lo admitido y lo inadmisible, Cervantes no se inmiscuye, pero sabe que su antihéroe va a corresponder a la libertad que le ha sido concedida. Flaubert es completamente amoral con un personaje inmoral, aún sabiendo que sus actos van a suponer un escándalo.
El mérito de Flaubert se basa en crear un nuevo modelo de narrador acrítico, observando el comportamiento de un personaje obsceno sin redención.
Inmoralidad
Es importante separar la objetividad del narrador de los actos de Emma Bovary, porque suponen dos logros diferentes, aunque relacionados.
Como decíamos en el caso de Cervantes, el Quijote tiene libertad para actuar y lo hace en función de una alucinación que le ciega, pero de la que no es inmediatamente responsable. La mente de la señora Bovary no la articula ningún intermediario, es ella quien toma las decisiones teniendo un contacto absoluto con la realidad.
Los protagonistas literarios eran modelos de conducta hasta la irrupción de esta novela. Existían modelos muy dispares, pensemos en el Job del «Antiguo Testamento» y en Ulises, el héroe griego, pero todos tenían un fin bueno. Incluso Alison, la comadre de Bath, promete finalmente ser fiel y no volver a pelear. La señora Bovary no solo reta a la jerarquía moral completa, además, solo es castigada por su propia mano, sin permitir que sean la justicia o la providencia quienes se inmiscuyan en su punición.
Feminismo
Soy consciente de que las atribuciones feministas a Emma Bovary son del todo imposibles, por ser un término inexistente al ser publicada la novela, sin embargo, es evidente que se puede hablar de una inspiración feminista al crear este personaje.
La sociedad del Segundo Imperio espera que una dama pequeñoburguesa disfrute en su entorno doméstico, que circunscribe su mundo completo. Emma Bovary no solo no se conforma con su vida, a priori favorable, además destruye su entorno.
El libro es un alegato en favor de la libertad de las mujeres. Flaubert demuestra que la literatura puede jugar con los valores en su esencia más pura, incitando a partir de ejemplos inmorales sin que, además, el autor esté obligado a emitir ninguna opinión.
Crítica
Una de las partes más lúcidas del ensayo de Vargas Llosa es la que se refiere a la crítica social de Flaubert desde su propia experiencia personal. En la última idea de “La orgía perpetua”, el texto presenta a un hombre hastiado, incapaz de insertarse en la sociedad que le bordea, “Madame Bovary” es un golpe directo a un grupo hasta entonces intocable, la burguesía, y además, llega a su faceta más inocente, una pequeña familia rural que disfruta de todos los dones de la existencia.
Flaubert enarbola una enseña que la cultura pierde periódicamente, la posibilidad de cuestionar, cuando no humillar, los sistemas de los que forma parte.
La palabra justa
Las referencias a Flaubert de Mario Vargas Llosa no acaban en el ensayo reseñado, de hecho, la presencia del francés es constante en la literatura de Vargas Llosa. En “Cartas a un joven novelista”, el hispano-peruano habla de la teoría de Flaubert, según la cual es posible encontrar la palabra justa (le mot juste en el original) para expresar cabalmente una idea.
La precisión de la palabra en prosa es otro de los pilares fundamentales que sostienen la grandeza de “Madame Bovary”, de hecho, no solo es un medio para encontrar el verdadero estilo de Flaubert, además, obligó a la prosa subsecuente a utilizar el diccionario y abrió nuevos caminos a la poesía.
Técnicamente, el gran aporte literario de Flaubert fue el de obligar a cada término a explicar, de manera precisa, su referente. El conjunto es un texto de una belleza difícil de igualar.
“Madame Bovary soy yo”
Estamos cerca de saber que Flaubert nunca dijo ser Madame Bovary, -Vargas Llosa, al contrario, tomó en serio el reto de prorrogar el legado de Emma Bovary- pero independientemente de que hubiera pronunciado o no la famosa frase, era consciente de que las imprecaciones contra el personaje las recibiría él.
Desde el punto de vista del autor, “Madame Bovary” expresaba su opinión acerca de la sociedad francesa de mediados del XIX. Emma Bovary era el pretexto para señalar a todo un bando y arrastrar a otros estamentos. La respuesta iba a ser furibunda, lo acabó siendo, y el responsable era el creador del monstruo.
En 1857, Flaubert fue llevado a juicio bajo el cargo de ofensa a la moral pública y religiosa. El fiscal argumentó que el libro promovía la inmoralidad al retratar, sin condena explícita, el comportamiento adúltero de Emma Bovary. La denuncia probó que, al menos para parte de la sociedad francesa, Flaubert era Emma Bovary.
Esperando a Madame Bovary
El carácter antiheroico de la señora Bovary, la construcción formal de la novela, el objetivismo del narrador, la crítica y la capacidad de transmitir la voz del autor hacen de “Madame Bovary” una novela perpetua, -brillante epílogo del Romanticismo, como, acertadamente, apunta Vargas Llosa- pero no es la primera novela moderna.
A estas razones habría que sumar un carácter feminista pionero, imprescindible para conseguir los hitos anteriores, inalcanzables en parte para un protagonista masculino. Este es el rastro que deberá perseguir una futura Bovary.
Lea “Madame Bovary”. Tenga en cuenta que en octubre de 1856, cuando se publica el primer capítulo por entregas, Francia es un Imperio autoritario en el que Napoleón III controla la prensa y la burguesía es su principal apoyo.
Gustave Flaubert, biografía y obras escogidas
Gustave Flaubert nació el 12 de diciembre de 1821 en Rouen, Francia. Su padre, Achille-Cléophas Flaubert, era un reconocido cirujano del hospital de Rouen, su madre, Anne-Justine-Caroline Fleuriot, provenía de una familia de médicos. Esta situación familiar permitió que Flaubert tuviera una educación privilegiada.
Desde temprana edad, mostró inclinación hacia la escritura y la lectura. Era un niño sensible e introspectivo, que prefería la compañía de los libros y sus propias fantasías antes que las actividades sociales.
Llegada a París
En 1840 Flaubert se trasladó a París para estudiar derecho, como su familia deseaba, sin embargo, nunca sintió interés por esta carrera y, tras una crisis nerviosa en 1844, abandonó sus estudios y se dedicó por completo a la escritura. Esta decisión cambió su vida.
En París, Flaubert se sintió aislado y no disfrutó de la vida agitada de la capital. A lo largo de su vida estuvo profundamente influenciado por sus contadas amistades, entre ellas el escritor y poeta Maxime Du Camp, con quien emprendió un viaje a Oriente Medio, y Louise Colet, su amante y musa durante varios años.
Aunque su salud era frágil, Flaubert mostró una gran capacidad de trabajo y disciplina, cualidades que le acompañaron durante toda su carrera.
Escribiendo a Emma Bovary
La obra más conocida de Flaubert, “Madame Bovary”, se publicó por entregas en La revue de Paris en 1856, y en forma de libro en 1857. Se trata de una de las grandes novelas de la literatura europea.
La historia de Emma Bovary, una mujer atrapada en la monotonía de la vida rural, reflejó las contradicciones de la sociedad burguesa de la época. A pesar de la polémica, la novela fue un éxito y consolidó a Flaubert como una figura literaria destacada.
El estilo de Flaubert se caracteriza por su precisión y su búsqueda de la frase perfecta. Este perfeccionismo convirtió sus obras en auténticas joyas literarias, con un lenguaje perfecto y una estructura impoluta. Para Flaubert, el estilo era lo más importante, su dedicación en este sentido influyó en multitud de novelas posteriores.
Últimos años
Flaubert pasó los últimos años de su vida luchando con problemas financieros y de salud. La muerte de su madre en 1872 le dejó emocionalmente devastado, y tuvo que vender algunas de sus propiedades para subsistir. A pesar de estas dificultades, continuó escribiendo y trabajando en proyectos ambiciosos, como «Bouvard y Pécuchet», que quedaría inacabada.
A lo largo de estos años, también mantuvo correspondencia con varios de los intelectuales más importantes de su época, como Amantine Aurore Lucile Dupin de Dudevant (George Sand), Victor Hugo e Ivan Turgenev, lo que le mantuvo intelectualmente activo.
Flaubert murió el 8 de mayo de 1880 en Croisset, cerca de Rouen. Su obra influyó enormemente en la narrativa moderna y su obsesión por la forma inspiró a escritores como Marcel Proust y James Joyce.
Sus principales novelas, exceptuando “Madame Bovary”, son las siguientes.
Salambó (1862)
Novela histórica situada en la antigua Cartago durante las guerras mercenarias (240-237 a.C.). Flaubert dedicó años a investigar acerca de la historia y la cultura de Cartago, para recrear con gran detalle este mundo exótico y distante. La obra narra la historia de Salambó, la hija del general cartaginés Amílcar Barca, quien se convierte en el objeto de deseo del jefe mercenario Matho.
El estilo de la novela es rico en descripciones, lo que permite al lector visualizar el esplendor de la antigua Cartago. Flaubert se esfuerza por crear una atmósfera envolvente, que transmite la opulencia y la brutalidad de la época.
La educación sentimental (1869)
En “La educación sentimental”, Flaubert ofrece un retrato profundo de la vida de Frédéric Moreau, un joven de provincias que se traslada a París con grandes aspiraciones. La novela narra sus amores, sus desilusiones y la lucha por alcanzar el éxito, en un mundo marcado por los cambios políticos y sociales de la época.
La Revolución de 1848 y el espíritu revolucionario son el telón de fondo de esta obra, que también aborda las relaciones amorosas y la amistad de Frédéric, especialmente con Madame Arnoux.
«La educación sentimental» refleja la distancia entre los sueños de la juventud y la realidad adulta. Flaubert captura con realismo la incertidumbre, las esperanzas fallidas y las frustraciones de una generación francesa marcada por el paso de la Historia.
Bouvard y Pécuchet (1881, póstuma)
“Bouvard y Pécuchet”, publicada póstumamente, es una obra menor, pero interesante. La novela sigue a dos copistas, Bouvard y Pécuchet, quienes heredan una fortuna y deciden dedicar sus vidas a la búsqueda del conocimiento. Con entusiasmo, se embarcan en estudios de todo tipo de disciplinas, desde la agricultura hasta la filosofía, sin embargo, cada uno de sus intentos termina en fracaso.
A través de esta novela, Flaubert critica la superficialidad y la futilidad del deseo de comprenderlo todo. La obra es a la vez cómica y trágica, sus protagonistas representan el deseo humano de encontrar respuestas, solo para descubrir que el mundo es demasiado complejo para ser comprendido del todo.
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