Desaconsejo, un año más, la asistencia al HAY Festival de Segovia, que en este 2025 ha celebrado su XX edición. El evento sigue suponiendo un riesgo imprudente para los pocos que nos atrevemos a acudir y que, paradójicamente, terminamos generando voraces hordas monstruosamente dañinas para la ciudad que nos acoge.
El debate general se ha centrado en el abismo que se abre ante Europa y la necesidad de tomar decisiones, procedan estas de la sociedad o de los espacios políticos comunes.
David Rieff, la apertura apocalíptica
Rieff situó a Europa en el centro de un escenario de crisis múltiple. El profesor, que actualmente pasa buena parte del año enseñando en la Universidad de Kiev, comenzó subrayando que la Unión Europea se enfrenta a un momento histórico de vulnerabilidad que no puede reducirse a una mera sucesión de desafíos coyunturales. Para él, el continente vive una crisis de paradigma. La paz prolongada posterior a 1945, lejos de ser un estado natural de la política internacional, sería un paréntesis histórico que podría estar llegando a su fin.
El análisis de Rieff, lejos de conformarse con la enumeración de un catálogo de problemas —la invasión en Ucrania, la crisis energética, el auge de la extrema derecha, las tensiones migratorias—, propuso una visión de conjunto donde estas fracturas se entrelazan y se retroalimentan. Desde su perspectiva, la complacencia europea ha generado un déficit de preparación frente a los riesgos sistémicos que se acumulan. Esta ingenuidad estratégica habría convertido a Europa en un espacio frágil en un mundo que vuelve a priorizar la fuerza, la geopolítica y la confrontación de intereses duros.
La apertura apocalíptica de Rieff parte de la convicción de que el futuro será, inevitablemente, más devastador que el presente. La advertencia de Rieff -especialista en conflictos bélicos- fue expresada con la sobriedad que caracteriza su análisis habitual.
Europa en el ojo de la tormenta: debilidades estructurales y riesgos emergentes
El núcleo de la intervención de Rieff giró en torno a la posición de Europa en el sistema internacional. Según su análisis, el continente se enfrenta a tres tensiones fundamentales: la primera es la brecha entre su retórica normativa —basada en el multilateralismo, los derechos humanos y la diplomacia— y su incapacidad real para ejercer poder duro. La segunda es su dependencia estratégica, tanto en materia de seguridad como en la esfera tecnológica y energética. La tercera es el desgaste interno de sus sistemas democráticos, que se refleja en la polarización política y en el ascenso de discursos abiertamente reaccionarios.
Rieff insistió en que la guerra en Ucrania es solo un síntoma visible de un proceso más amplio de desestabilización global. Europa, en su opinión, ha actuado con cierta eficacia en la dimensión inmediata, pero no ha elaborado aún una estrategia de seguridad que vaya más allá del corto plazo.
El análisis pesimista de Rieff, tan directo y lúcido como acostumbran a ser sus ensayos, adoleció de una insistencia incomprensible sobre la polarización de la juventud europea, frente al mantenimiento de los viejos valores europeos custodiados por la ciudadanía adulta. Es esta una idea que ni siquiera se puede calificar de simple, es absolutamente falsa. El clivaje que propone Rieff no supera el más elemental escrutinio.
De Europa al mundo: la trampa de Tucídides y el nuevo desorden global
Rieff situó el destino del continente dentro de un espacio geopolítico mucho más amplio. En un pasaje particularmente denso de su conferencia, aludió, no explícitamente, a la trampa de Tucídides, según la cual la emergencia de una nueva potencia desafiante conduce casi inevitablemente al conflicto con la potencia dominante.
Para Rieff, el ascenso de China y la respuesta de Estados Unidos constituyen el eje estratégico fundamental de nuestro tiempo, además, aporta esta perspectiva con la seguridad de haber conversado con mandos militares estadounidenses. Si bien Europa no sería el escenario principal de esta pugna, sus consecuencias afectarían de lleno al continente.
Rieff sugirió que la posibilidad de un conflicto abierto entre Washington y Pekín no puede descartarse a largo plazo. Además, planteó que incluso en ausencia de guerra, la rivalidad sistémica entre ambas potencias ya estaría configurando un entorno problemático para el Viejo Continente. Para una Europa acostumbrada recientemente a pensar en términos de interdependencia y globalización benigna, esta realidad representaría un desafío intelectual y político de primer orden.
Rieff concluyó recordando su experiencia en Sarajevo, en el resto de los territorios balcánicos y en Ruanda, y justificó como natural su estancia actual en Kiev. Fue un privilegio escuchar a un activista del nivel de David Rieff, que conversó con los periodistas Santiago Herrero y Pablo Gil.
Andrea Marcolongo, la influencia de la cultura
Andrea Marcolongo propuso una reflexión renovada sobre el significado y la vigencia del proyecto europeo. En un panorama frecuentemente dominado por el derrotismo o el escepticismo, Marcolongo ofreció una aproximación deliberadamente optimista, anclada en la tradición cultural y en la convicción de que Europa sigue siendo un espacio de relevancia histórica y filosófica.
Desde el inicio de su intervención, la filóloga italiana -ahora residente en París- compuso una Europa que no debe ser concebida exclusivamente como un entramado institucional ni como una mera unidad geopolítica -aunque es importante que lo siga siendo-. Definió el continente como una construcción cultural de larga duración, resultado de un diálogo ininterrumpido de ideas que se remonta a la Antigüedad clásica. La idea de la Europa articulada a partir de la unión de minorías condensó esta visión y permitió desplazar el foco desde la coyuntura política hacia una comprensión de Europa como espacio simbólico y cultural.
Marcolongo instó a superar el relato de la decadencia y los problemas de gobernanza, asumiendo que el continente conserva su capacidad para la convivencia y la creación intelectual.
Cultura y diversidad como fundamentos identitarios
El núcleo de la intervención giró en torno al concepto de cultura como principio constitutivo de la identidad europea. Marcolongo defendió que la relevancia histórica de Europa se ha forjado precisamente en su capacidad para transformar la diversidad en motor de innovación. Su exposición recorrió, con gran solvencia, momentos cruciales de reinvención cultural, épocas de crisis en las que el continente ha sabido generar nuevas formas de pensamiento.
Desde la perspectiva filológica, Marcolongo reivindicó el multilingüismo no como una dificultad sino como un elemento esencial del ethos europeo. La dimensión traductiva de Europa se convierte así en un acto permanente de apertura y hospitalidad intelectual que esencialmente nos une.
Marcolongo destacó el papel de la cultura como antídoto contra la simplificación y el miedo. Frente a una época caracterizada por la inmediatez informativa y la proliferación de discursos polarizantes, falsos y excluyentes, la cultura ofrece un espacio para la demora reflexiva, para la formulación de preguntas complejas y para el cuestionamiento crítico.
Europa como horizonte en construcción
La conclusión final de Marcolongo estableció la necesidad de integrar diferentes actividades para la correcta constitución tanto individual como colectiva. Deporte, poesía, filosofía, todas las prácticas que han formado la ciudadanía europea pueden volver a converger, desde un punto de vista integrativo, evitando exclusiones.
Más allá de los datos de competitividad, el rendimiento cultural de Europa sigue siendo incomparable, esta es la idea que transmitió Andrea Marcolongo -interpelada por Irene Hernández-, y que también reconoció David Rieff en su conferencia.
Delia Manzanero y Valerio Rocco, la Europa mitológica
A finales del mes pasado, tuvo también lugar la segunda edición del Festival de las Ideas en Madrid. Uno de los encuentros más destacados reunió a la filósofa Delia Manzanero y al también filósofo Valerio Rocco, en el Círculo de Bellas Artes.
El diálogo se basó en el análisis de la coyuntura actual europea, en base al mito del Minotauro. Ambos pensadores coincidieron en que Europa se encuentra atrapada en un espacio de contradicciones e incertidumbres, donde las rutas hacia una solución coherente parecen estar bloqueadas.
El mito de Teseo y el Minotauro (la divisa del festival era el laberinto) sirvió para exponer las amenazas que se ciernen sobre Europa, particularmente aquellas relacionadas con el auge de las ultraderechas y los movimientos nacionalistas que promueven la exclusión y el aislamiento. Manzanero y Rocco identificaron el peligro potencial de los prejuicios que rechazan la pluralidad, la cooperación internacional y los valores democráticos y de convivencia en los que se basa en proyecto europeo.
Sin embargo, a pesar de las amenazas que representan estos discursos excluyentes, ambos insistieron en que Europa no está condenada al confinamiento, existen soluciones viables para superar la crisis que atraviesa el continente, todas pasan por recuperar y revitalizar los principios fundacionales de la Unión Europea: la solidaridad, el respeto mutuo entre naciones y el compromiso con los derechos humanos.
Genocidio en Palestina
Los dos eventos estuvieron marcados por la evolución del genocidio israelí en Gaza. La cuestión palestina fue el centro de los debates sobre ética global, justicia internacional y la responsabilidad de Europa frente a los crímenes de lesa humanidad.
Varios participantes coincidieron en señalar que la indiferencia de la comunidad internacional constituye una ofensa para la dignidad común. La idea de que la pasividad frente a este genocidio es incompatible con los principios democráticos fue unánime.
El Festival de las Ideas contó con la participación online de Plestia Alaqad, periodista Palestina de 23 años refugiada en Australia, que reveló las circunstancias absolutamente inverosímiles que imperaban en Gaza antes del genocidio, y describió cómo los medios israelíes contribuyen a deshumanizar y humillar a los periodistas palestinos.
Sobre cultura y legislación
Más allá de las estructuras referidas a la competitividad y a los mercados -evaluadas regularmente en términos dramáticos cuando se refieren a Europa-, existe una superestructura cultural que, si bien no es universal, sigue siendo, en muchos aspectos, eminentemente europea.
Esta preeminencia no es un mérito en sí mismo ni debemos celebrarlo por pura preponderancia; la cultura europea no ostenta un valor intrínseco solo por su capacidad de dominar otras formas culturales, sino por un elemento fundamental que la distingue: su inclinación a la autocrítica.
A diferencia de muchas otras tradiciones culturales, que tienden a reforzar los valores establecidos sin cuestionarlos, la cultura europea se ha caracterizado por el cuestionamiento constante de sus propios principios, instituciones y prácticas. Este ejercicio de autorreflexión ha sido fundamental para el desarrollo de una identidad que, lejos de ser homogénea y estática, se construye a través del conflicto y la superación.
La autocrítica es la base del pensamiento crítico europeo. Europa ha sido la cuna de una tradición intelectual que no solo se limita a celebrar sus logros, sino que también está dispuesta a cuestionarlos. El análisis reflexivo es lo que ha permitido a la cultura europea evolucionar constantemente, manteniendo su relevancia en un mundo globalizado que, en otros ámbitos, exige cualidades de las que Europa carece.
La legislación europea: un marco de convivencia y seguridad
En muchos de los encuentros que tuvieron lugar en el HAY Festival y en el Festival de las Ideas, la legislación europea fue objeto manifiesto de crítica.
Lejos de ser un simple embrollo burocrático, como habitualmente se sugiere, la legislación europea constituye un marco de convivencia y seguridad que ha proporcionado estabilidad a los territorios políticos que forman el espacio común europeo. En particular, las normativas que abordan la seguridad alimentaria, los derechos laborales y el medio ambiente, ofrecen un ejemplo claro de cómo Europa ha establecido un sistema normativo que busca el bienestar de sus ciudadanos de manera integral.
La legislación de la UE, aunque compleja, tiene la capacidad de crear un entorno más seguro y equitativo para sus habitantes. Si bien la crítica a Reglamentos y Directivas suele ser un argumento efectivo en público, es importante recordar que la legislación de la UE representa una de las mayores fortalezas de Europa, proporcionando un espacio de seguridad permanente para la ciudadanía.
Sería deseable, en cualquier caso, que la misma normativa que asegura el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, sirviera para aislar -o al menos evitar proveer- a quienes cometen crímenes atroces injustificables.
La importancia de reflexionar acerca de la Europa que queremos
Europa debe mantener una fértil reflexión crítica acerca de sus propias estructuras políticas, sociales y culturales. Es fundamental mantener y fortalecer este ejercicio analítico. La crítica sobre nuestra sociedad común, sobre las decisiones que tomamos colectivamente y sobre las estructuras políticas que las respaldan, no debe ser una tarea ocasional, sino un proceso continuo e ininterrumpido en el que todos participemos.
En una Europa que se enfrenta a la emergencia de discursos excluyentes, la intensificación de las desigualdades sociales y la erosión de los valores democráticos, es esencial que los europeos sigamos valorando la eficacia y la justicia de nuestras decisiones colectivas. Este ejercicio debe extenderse no solo al ámbito político, sino también a nuestras concepciones culturales y sociales, para garantizar que nuestro continente sea funcional, solidario y tienda a la equidad.
La indiferencia ante los crímenes de lesa humanidad, como los que está cometiendo Israel en Gaza, no solo compromete los valores universales que la Unión Europea representa, además, pone en duda nuestra capacidad para ser un referente a nivel global.
Si Europa no responde a las injusticias globales con coherencia, perderá su capacidad para erigirse en modelo de democracia en un escenario internacional ya suficientemente deteriorado.
Bibliografía
Los libros promocionados en los eventos reseñados fueron los siguientes.
- “Deseo y destino” – David Rieff – Debate – 2025
- “El arte de correr” – Andrea Marcolongo – Taurus – 2025
- “Laberintos de Europa” – Delia Manzanero – Tecnos – 2023
En “Deseo y destino”, David Rieff traza un alegato anti-woke a través de numerosos microensayos en los que se enfrenta a los principios del movimiento identitario. El pensador se ensaña especialmente con Judith Butler, profesora postestructuralista cuya carrera se ha basado en la aplicación del proceso deconstructivo al asunto del género.
“El arte de correr” se suma a la reflexión que Andrea Marcolongo mantiene, desde hace casi una década, sobre la vida cotidiana en la Grecia Clásica, cuyo origen, “La lengua de los dioses”, se ha convertido en una referencia ineludible de la ensayística contemporánea. En este caso, la filóloga milanesa analiza la actividad física y su influencia en la sociedad helénica.
“Laberintos de Europa” confronta la Europa mitológica y la real, desde el mito de Aracne -y su vinculación posterior con Ariadna-, hasta las hazañas de Teseo, Dédalo, ícaro y el Minotauro, para retornar a Ariadna como símbolo de la Europa educada.
Un último apunte: La reacción de David Rieff ante “Renacida” -primera parte de los diarios de Susan Sontag- fue incluso menos entusiasta de lo que esperaba. Aunque tuvo la amabilidad de firmar el ejemplar, su actitud me hace dudar de la inminencia del tercer volumen.
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