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Más allá de haberse convertido en uno de los artistas vivos más valiosos, David Hockney es una referencia ineludible. Pintor, crítico y estudioso del arte, tanto sus exposiciones como su obra escrita despiertan un interés justificado. La serie “82 retratos y un bodegón” es una excelente muestra de la evolución pictórica e intelectual de la obra de Hockney.

La evolución de la narrativa de Hockney

David Hockney ha explorado múltiples estilos, técnicas y medios a lo largo de su carrera, su obra refleja su vida personal y sus entornos, desde los paisajes de Yorkshire hasta la luz de Los Ángeles, siendo, además, uno de los primeros grandes nombres del arte en explorar las herramientas digitales y su aplicación directa a la obra. Además, el pintor británico ha desarrollado planteamientos técnicos revolucionarios, especialmente en lo referido a la perspectiva clásica.
Su obra completa se divide habitualmente en las siguientes etapas.

Los inicios: Londres y el expresionismo abstracto (1950s-1960s)

David Hockney nació en 1937 en Bradford, Inglaterra, y estudió en el Royal College of Art de Londres entre 1959 y 1962. Durante esta etapa, su obra estuvo influenciada por el expresionismo abstracto de artistas como Jean Dubuffet y Francis Bacon. Sin embargo, pronto comenzó a desarrollar un lenguaje visual único, mezclando texto, figuras y color.
En sus primeras obras, por ejemplo en “We two boys together clinging” (1961), Hockney introdujo referencias autobiográficas, incluyendo referencias a la homosexualidad, un tema radical para la época. Estas pinturas, cargadas de simbolismo y trazos expresionistas, marcaron el inicio de su exploración de temas personales y sociales. Durante este tiempo vivió en Londres, en un ambiente que alimentó su creatividad y le permitió relacionarse con otros artistas emergentes.

El pop art y la vida en Los Ángeles (1960s-1970s)

En la década de 1960, Hockney se trasladó a Los Ángeles, donde adoptó un estilo más figurativo e impactante. Fascinado por la luz, el color y el estilo de vida californiano, su obra se centró en temas como las piscinas, los paisajes soleados y las escenas cotidianas que le eran familiares. Estas pinturas reflejaban el hedonismo y la libertad en el sur de California, alejándose de la oscuridad de la posguerra europea.
Obras como «A bigger splash» (1967) y «Portrait of an artist (Pool with two figures)» (1972) se convirtieron en iconos del pop art. En estas piezas, Hockney experimentó con la representación del agua y los reflejos, utilizando pinceladas precisas y colores planos. Vivir en Los Ángeles no solo influyó en su paleta cromática, sino también en su interés por los retratos íntimos, “Christopher Isherwood and Don Bachardy” (1968) es uno de los mejores retratos de Hockney durante esta década, anticipo además de su siguiente período.

Retratos y exploración del realismo (1970s)

A medida que avanzaba la década de 1970, Hockney comenzó a centrarse en el retrato, alejándose temporalmente de los paisajes. Esta fase marcó un giro hacia un realismo más íntimo, donde la relación con sus modelos, muchos de ellos amigos cercanos, supuso la justificación principal de su obra.
Uno de los ejemplos más destacados de esta etapa es “Mr. and Mrs. Clark and Percy” (1970-71), un retrato monumental de la pareja Ossie Clark y Celia Birtwell en su hogar. La pintura combina una composición clásica con la atención minuciosa al detalle.

Fotografía y perspectivas múltiples (1980s)

En los años 80, Hockney revolucionó su forma de trabajar, al incorporar la fotografía a su práctica artística. Creó una serie de collages fotográficos conocidos como joiners, en los que utilizaba múltiples fotografías Polaroid para componer escenas complejas. Estas obras desafiaban la perspectiva tradicional, al mostrar simultáneamente diferentes puntos de vista y momentos temporales.
Obras como “Pearblossom highway» (1986) combinan la pintura y la fotografía, explorando cómo percibimos el espacio y el tiempo. Durante esta etapa, Hockney vivió entre Los Ángeles y Yorkshire, alternando el paisaje californiano y la Inglaterra rural. La fotografía se convirtió en una extensión de su interés por descomponer y reconstruir la realidad.

Paisajes monumentales y regreso a Yorkshire (1990s-2000s)

En los años 90, Hockney volvió a centrarse en la pintura y en los paisajes monumentales. Inspirado por los campos y caminos de Yorkshire, creó obras a gran escala que mostraban la belleza de la naturaleza a través de colores vibrantes. Durante este tiempo, Hockney se asentó en Yorkshire, pintando del natural. Su trabajo renovó su interés por la naturaleza.

La era digital y las nuevas tecnologías (2010s-actualidad)

A partir de la década de 2010, Hockney comenzó a utilizar dispositivos digitales para ampliar sus recursos artísticos, por ejemplo usando el iPad para dibujar paisajes como “The Yosemite suite» (2010). Hockney ha alternado ciudades y técnicas en este período, entre 2013 y 2016 completó la serie “82 retratos y un bodegón” utilizando acrílico sobre lienzo.
Durante el confinamiento de 2020, Hockney produjo “The arrival of spring, Normandy, 2020” utilizando su iPad para documentar el florecimiento de la primavera en su casa de Normandía, Francia, en la que es, de momento, su última gran serie.

Los paisajes de Yorkshire, el paso previo a la serie de retratos

Entre 2004 y 2012, Hockney se dedicó intensamente a pintar paisajes a gran escala inspirados en los alrededores de Yorkshire. Este período incluyó su famosa serie «The arrival of spring in Woldgate, East Yorkshire» (2011), compuesta por espectaculares representaciones del paisaje rural británico hechas con soportes digitales. Estas obras reflejaron su interés por captar la naturaleza y los cambios lumínicos a través de colores intensos.
Otro de los hitos más destacados de este periodo fue «A bigger picture», una exposición en la Royal Academy of Arts de Londres en 2012. Esta muestra incluía los paisajes monumentales en los que Hockney había trabajado durante los últimos años, dando a conocer al mundo sus nuevos temas, muy alejados de las piscinas angelinas. También en 2012 pudimos ver en el Guggenheim de Bilbao “David Hockney, una visión más amplia”, con cerca de 190 obras que suponían el epílogo a la estancia del artista en Yorkshire.

«82 retratos y un bodegón»*

«82 retratos y un bodegón»*

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Regreso a Los Ángeles, la serie de retratos y un curioso bodegón

Con 75 años, Hockney regresa a Los Ángeles, la que fuera su ciudad durante varias décadas. Como en períodos anteriores, Hockney establece el retrato como motivo principal de su obra, volviendo además al pincel.
La serie «82 retratos y un bodegón«, creada entre 2013 y 2016, es un proyecto monumental que marca su regreso al retrato, tras años centrado en paisajes creados con aplicaciones digitales. Realizada en su estudio de Hollywood Hills, esta serie se basa en la esencia de un círculo íntimo que integra amigos, familiares y colaboradores.
Hockney recupera el interés por la figura humana y la posibilidad de plasmar la personalidad de sus modelos a través del color acrílico. Hockney describió la obra íntegra como «una biografía visual» de su vida social y profesional en Los Ángeles.

Técnica y proceso

Cada retrato fue pintado en acrílico sobre lienzo, debido a la rapidez y versatilidad que permite esta técnica. Hockney se imponía un límite de tres días por modelo, lo que aportaba frescura e inmediatez a las obras. Los lienzos, todos de un tamaño uniforme de 121,9 x 91,4 cm, muestran a cada personaje sentado en la misma silla, sobre un fondo de azules vibrantes que varían ligeramente en cada retrato.
Esta composición homogénea resalta las diferencias individuales entre los modelos y permite al espectador centrarse en sus expresiones y gestos. El resultado es muy efectivo en un entorno museístico.

Los modelos

Los modelos que participaron en esta colección pertenecen al círculo más íntimo del artista. Entre ellos encontramos amigos cercanos, miembros de su familia, asistentes, coleccionistas de arte, galeristas y otras figuras que marcaron su vida personal o su carrera artística.
La selección de los modelos fue un reflejo deliberado de las relaciones de Hockney, se trata de una representación de las conexiones que moldearon su vida en Los Ángeles. Algunos de los retratados son figuras conocidas en el mundo del arte, como el galerista Larry Gagosian, o el célebre crítico de arte John Baldessari. Junto a estas personalidades, también aparecen familiares y amigos cercanos que tienen una relación más íntima con Hockney, como su prima y colaboradora Margaret Hockney, o Jean-Pierre Gonçalves de Lima, quien sigue siendo su asistente actual.
La inclusión de personas tan diversas en términos de roles y trayectorias sentimentales muestra el interés de Hockney por explorar la humanidad desde una perspectiva amplia y democrática. La serie no hace distinciones jerárquicas, cada modelo es tratado con el mismo nivel de importancia.
Aunque sujetos a un formato uniforme, la personalidad de los protagonistas se refleja en pequeños detalles como la forma en que se sientan, cómo miran al artista o la postura de sus manos. Los detalles permiten a Hockney transmitirnos no solo la apariencia física, sino también la individualidad y la esencia emocional de cada persona.
La siguiente es una lista de las personas retratadas y su relación con el artista o profesión:

  • Barry Humphries (comediante y actor australiano)
  • Benedikt Taschen (editor y fundador de Taschen Books)
  • Bridget Crone (curadora)
  • Bruno Marks (colaborador técnico en su estudio)
  • Celia Birtwell (amiga y musa recurrente en su obra)
  • Celia Haddon (escritora y periodista)
  • Charlie Scheips (curador, escritor y amigo)
  • Claude Roy (poeta y escritor francés)
  • Dagny Corcoran (propietaria de librerías de arte especializadas en Los Ángeles)
  • David Juda (galerista británico)
  • Don Bachardy (artista y pareja del fallecido escritor Christopher Isherwood)
  • Ed Anderton (miembro de su círculo social)
  • Ed Gold (galerista)
  • Edith Devaney (curadora de la Royal Academy of Arts)
  • Frank Gehry (arquitecto)
  • George Lawson (coleccionista privado)
  • Gregory Evans (ex pareja de Hockney y colaborador frecuente)
  • Ian Falconer (autor y diseñador)
  • Jean-Pierre Gonçalves de Lima (asistente personal de Hockney)
  • John Baldessari (artista y crítico)
  • Jonathan Mills (compositor y director artístico)
  • Julia Balin (amiga)
  • Larry Gagosian (galerista)
  • Laura Hockney (miembro de la familia cercana)
  • Lord Jacob Rothschild (coleccionista de arte y mecenas)
  • Margaret Hockney (prima del artista)
  • Maurice Payne (grabador y colaborador técnico)
  • Melia Woolf (asistente en proyectos de estudio)
  • Pauline Garland (prima del artista)
  • Richard Benefield (director asociado del Hockney Museum)
  • Richard Schmidt (coleccionista de arte)
  • Rufus Hale (hijo de amigos cercanos del artista)
  • Shirley Goldfarb (artista y figura habitual en los círculos artísticos de Hockney)
  • Stephanie Barron (curadora de arte moderno en el LACMA)

Algunos de estos nombres fueron retratados varias veces en la serie, por ejemplo Gonçalves de Lima o Gregory Evans, ambos colaboradores del artista.

Estilo y características visuales

Una de las características más notables de esta colección es la uniformidad estructural. Cada retrato presenta al modelo sentado en la misma silla, habitualmente en posición relajada, con la misma distancia y sobre un fondo que varía ligeramente de tono en cada pintura.
El uso del color es una marca distintiva del estilo de Hockney. Como en series anteriores, los tonos vibrantes y saturados predominan, creando una atmósfera enérgica y optimista que se equilibra con la serenidad del formato. Los colores no solo sirven como fondo, también están presentes en los detalles de la ropa y en los rasgos de los modelos, destacando su particularidad. Esta paleta cromática no es casual, refleja la influencia de la luz y los paisajes de Los Ángeles, contrastando fuertemente con los colores propios del paisaje de Yorkshire reseñado con anterioridad.
Otro aspecto clave es la espontaneidad de las pinceladas. Aunque cada retrato parece cuidadosamente compuesto, las pinceladas visibles y el trazo aportan a las obras una cualidad fresca y dinámica. Esto es especialmente evidente en los detalles faciales y en las manos, donde Hockney logra mostrar la esencia de cada modelo sin recurrir a un hiperrealismo detallado. Su estilo, tendente a un expresionismo muy personal, hace que las figuras estén vivas y permanezcan accesibles. El efecto del acrílico también contrasta con la rigidez inherente al formato digital, que protagoniza su trabajo inmediatamente anterior.
La estructura visual también pone énfasis en la psicología de los modelos. Las posturas, las miradas y las expresiones faciales son elementos centrales que revelan estados de ánimo, personalidades y, en algunos casos, la relación entre el modelo y el artista. Hockney no idealiza a sus retratados, presentándolos tal como son y añadiendo una dimensión trascendental a la serie.

El bodegón, una improvisación inesperada

El único bodegón de la serie fue pintado por necesidad, no por planificación. El motivo fue que un modelo (no identificado/a) canceló su sesión a última hora, Hockney decidió entonces crear una composición sencilla con frutas como tema central. Esta pieza, aunque diferente al resto de la serie, encaja perfectamente en el proyecto al compartir el mismo formato y enfoque técnico.

Recepción y exhibiciones

La colección completa fue exhibida por primera vez en 2016 en la Royal Academy of Arts de Londres, recibiendo numerosas críticas favorables. Los críticos destacaron la capacidad de Hockney para transformar un proyecto aparentemente sencillo, en una exploración monumental de la diversidad humana.

La influencia de la obra

La justificación de la serie se asienta en motivos que van mucho más allá de los aspectos personales. Evidentemente, se trata de una retrospectiva sentimental en la que Hockney reúne su paisaje angelino, compuesto esta vez no de cambios estacionales, sino de personas. El tiempo aquí es importante, pero de una manera contraria a la impronta que vemos en los paisajes de Yorkshire, en este caso, el espectador percibe un momento exacto, de su imaginación depende el resto de la composición. Para Hockney, se trata de una experiencia completa, un encuentro en el que el retrato se superpone a un prejuicio construido, en la mayoría de los casos, a través de varias décadas.
La capacidad de síntesis de Hockney es indiscutible en estas obras, en las que crea un personaje íntegro en cada retrato a través de pinceladas de color manifiestas, que sirven de guía al espectador. El resultado es similar al que percibimos en los macizos retratos del barroco holandés, pero a través de un planteamiento muy diferente.
La elección del retrato a principios de la década de 2010 es para Hockney una declaración de intenciones. El objetivo principal es demostrar que el retrato sigue siendo un medio relevante y poderoso para explorar la condición humana. La obra en conjunto es un testimonio visual de la riqueza emocional y social del entorno de Hockney.
Los retratos de Humphries (nacido en 1934) y Gehry (nacido en 1929) muestran la profundidad del relato psicológico de Hockney. Se trata de dos personajes cercanos generacionalmente, cuya apariencia es diametralmente opuesta. En Gehry vemos a un hombre tenso, analítico, su posición denota la necesidad de actuar. La espalda adelantada, la posición antinatural de las manos, el hecho de que las piernas ya hayan empezado a abandonar el asiento, todo en su pose es significativo. El rostro de Gehry tampoco muestra displicencia, al contrario, la misma tensión del cuerpo se traslada a la expresión facial.
Humphries posa satisfecho, absolutamente en calma. El gesto de las manos finaliza la broma de una pose que empieza en el atuendo. El color de Hockney es libre en este retrato que, con razón, sirve en muchos catálogos como divisa de la colección completa.
En estos dos retratos percibimos con claridad las actitudes de un arquitecto monumental y un humorista, vistos a través del excepcional análisis de David Hockney.

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David Hockney

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David Hockney, biografía

David Hockney, nacido el 9 de julio de 1937 en Bradford, Reino Unido, es uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XXI. Su obra, que abarca pintura, dibujo, fotografía, grabado y medios digitales, se caracteriza por su audaz uso del color y su constante experimentación. Hockney ha dejado una marca indeleble en el arte contemporáneo, fusionando técnicas tradicionales con innovaciones contemporáneas, para capturar la esencia de lo humano y lo cotidiano.

Infancia y formación artística

Hockney creció en una familia trabajadora en Bradford, Yorkshire. Desde temprana edad mostró un gran interés por el arte, una pasión que fue apoyada por sus padres, en especial por su madre, Laura. Su educación artística formal comenzó en la Bradford School of Art, donde aprendió las bases del dibujo y la pintura.
En 1959, Hockney ingresó al Royal College of Art en Londres, donde se consolidó como una figura destacada entre sus compañeros. Durante este período desarrolló su estilo personal, caracterizado por su enfoque en la vida cotidiana y su rechazo a las restricciones artísticas tradicionales. Fue en esta etapa cuando comenzó a experimentar con obras figurativas, desafiando la hegemonía del arte abstracto de la época.

La llegada a Estados Unidos y los años de Los Ángeles

En la década de 1960, Hockney visitó por primera vez Estados Unidos, quedando cautivado por la cultura, el clima y la luz de California. Finalmente, se estableció en Los Ángeles, una ciudad que tuvo un impacto profundo en su trabajo. Fue allí donde produjo algunas de sus obras más icónicas, como «A bigger splash» (1967), que refleja el estilo de vida californiano con su vibrante paleta de colores.
Los años de Los Ángeles también marcaron un período importante en su vida personal. Hockney, abiertamente gay en una época en la que la homosexualidad aún se enfrentaba a numerosos prejuicios, plasmó en sus obras una representación sincera de las relaciones y la intimidad, como en «Peter getting out of Nick’s pool» (1966). Esta perspectiva honesta y personal rompió barreras en el mundo del arte y consolidó su lugar como una figura cultural significativa.

Innovación y experimentación

Hockney nunca ha sido un artista estático, su carrera está definida por su constante búsqueda de nuevas formas de expresión. En la década de 1980 comenzó a explorar la fotografía, creando composiciones que combinaban múltiples imágenes en mosaicos para capturar diferentes perspectivas. Este enfoque multidimensional desafiaba las nociones tradicionales de tiempo y espacio en el arte.
A medida que avanzaba la tecnología, Hockney también ha adoptado herramientas digitales. En los años 2000 empezó a usar iPads y aplicaciones de dibujo para crear obras innovadoras, demostrando su habilidad para adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder su esencia artística.

Últimos años y legado

En las últimas décadas, Hockney ha continuado produciendo obras significativas, como su serie «82 retratos y un bodegón» (2013-2016), en la que retrató a amigos, familiares y colaboradores cercanos, explorando la esencia de sus personalidades.
Hockney es uno de los artistas más célebres de nuestro tiempo, de hecho, el cuadro «Portrait of an artist (Pool with two figures)», vendido en 2018, fue en su momento la obra de arte más cara de un artista vivo, con un valor de venta de 90.300.000 dólares, si bien al año siguiente fue superada por la obra “Rabbit” de Jeff Koons.
Más allá de lo monetario, Hockney ofrece una obra magnífica, siempre dispuesta a incorporar nuevas técnicas y entornos.

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