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La pintura de Remedios Varo parte de una versión onírica del primer surrealismo, incorporando elementos absolutamente personales. Es importante reivindicar la obra de Varo, recuperándola para el canon surrealista europeo.

La obra de Remedios Varo en museo

Gran parte del legado pictórico de Remedios Varo está en los grandes museos nacionales mexicanos. El Museo de Arte Moderno (MAM) y el Museo Nacional de Arte (MUNAL), ambos en Ciudad de México, exponen la mayoría de las obras de la artista catalana.
En España, el Museo Reina Sofía dispone de cuatro de sus obras, “Modernidad” (1936), “El hambre” (1938), “Alegoría del invierno” (1941) y “Mujer o el espíritu de la noche” (1952).
Hasta el mes pasado pudimos ver en el Museo Pompidou, en París, dos de sus obras, “El alquimista” y “La creación de las aves”, en lo que supuso una oportunidad única para analizar dos pinturas vitales en la trayectoria de la artista española.

 

La obra de Varo*
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Obras escogidas de Remedios Varo

La versatilidad de la obra de Remedios Varo hace difícil aportar una impresión total de su obra si no se cuenta con una amplia monografía. Los trabajos de Varo incluyen referencias tan variadas como pinturas de vampiros, cartas del tarot y objetos precolombinos restaurados, creando un rico mosaico de imágenes. Las siguientes obras son una reducida selección de su producción.

La creación de las aves (1957)

Remedios Varo nos presenta una obra donde se entrelazan la ciencia y la magia. La pintura muestra a una figura femenina aviar, con el rostro similar al de un búho, trabajando en un misterioso taller dedicado a la creación de aves. El híbrido está confinado en un espacio cerrado, rodeado de instrumentos científicos y artísticos entre los que predominan los pinceles y las probetas, acompañados de un prisma que descompone la luz en los colores primarios, capaces de dotar de vida a las aves. La escena refleja el proceso casi místico de la creación artística, donde la naturaleza y el conocimiento científico se fusionan. La luz, un fenómeno físico, es manipulada para crear seres vivos que son manifestaciones del espíritu creativo. Varo muestra una alegoría sobre el rol del artista como creador capaz, a través de su trabajo, de transformar y dar vida a lo inanimado.
Respecto a la elección del búho como figura central, se trata en realidad de un símbolo clásico de sabiduría, la lechuza era el animal que representaba a Atenea en la Antigua Grecia. Esta ave también se relaciona con los sueños, las visiones y las revelaciones que surgen en la oscuridad de las horas nocturnas.
Los elementos presentes en la obra nos hablan de la conexión entre el ser humano y la naturaleza. La figura femenina tiene plumas y parece ser mitad ave, lo que denota la cercanía de la artista con el mundo natural y su creencia en la interdependencia entre todas las formas de vida. “La creación de las aves” muestra una alegoría del proceso artístico como algo que trasciende lo cotidiano y se convierte en un acto de creación mágica, en el que la artista tiene el poder de dar vida y conectar distintos mundos.

El alquimista (1955)

En esta pintura, Varo explora la transformación y la búsqueda de conocimiento. Observamos a un personaje central, un alquimista, en una habitación llena de elementos en constante transformación. Rodeado de frascos, tubos y fórmulas complejas, el personaje trabaja en una especie de maquinaria que parece combinar ciencia y misticismo.
El alquimista permanece encerrado en su propia torre, un símbolo de introspección y de aislamiento necesario para llevar a cabo un proceso de transformación interna. El entorno es, de nuevo, un laboratorio lleno de artefactos y símbolos que sugieren un tránsito hacia el descubrimiento, una búsqueda del conocimiento más allá de lo evidente.
Este cuadro refleja el interés de Varo por la transformación del yo, el estudio del alma y el proceso de autoexploración. Sin embargo, un análisis detallado evidencia la inutilidad del artefacto, los engranajes son por completo ineficaces para obtener el fin que persigue el protagonista.
Tanto la figura del alquimista como el suelo ajedrezado son imágenes recurrentes en la escuela surrealista y en la obra de Varo en particular. En “La casa de enfrente”, de Leonora Carrington, también vemos en una de las esquinas inferiores a tres mujeres preparando una pócima en un caldero sobre un suelo similar al de “El alquimista”.

Recuerdos de la valquiria (1938)

En esta obra temprana, Varo evoca la mitología nórdica y la figura de las valquirias, seres femeninos que decidían el destino de los guerreros en la batalla. Este cuadro presenta a una figura femenina ausente, cuyo despojo es un corsé sobre un paisaje desolado, y una torre destruida de la que solo queda la base. La valquiria ausente de Varo parece suspendida en el tiempo, como si se tratara de un ser etéreo que pertenece repentinamente a otro plano de existencia, como la valquiria wagneriana.
Esta obra es un símbolo de las ansias de liberación de la propia artista. Remedios Varo desea liberarse del entorno opresor y encuentra en el exilio la solución. Su llegada a México supone un nuevo comienzo, en 1941, fecha de su llegada a México, los nazis campan por Europa. La propia pintora fue encarcelada durante la invasión nazi en Francia, lo que exacerbó su necesidad de huir de Europa.
Los elementos que rodean a la valquiria, como el paisaje acuático, las lágrimas y las guardianas de la torre, resaltan el carácter introspectivo de la obra. Varo sugiere que la fuerza de la valquiria no está en su capacidad de lucha, sino en su sabiduría y en su conexión con un mundo invisible, que finalmente se encarna y la acoge.

Armonía, autorretrato sugerente (1956)

Es una de las obras más emblemáticas de Remedios Varo por la forma en que representa la búsqueda del equilibrio y la paz interior. En esta pintura, Varo nos muestra a un personaje sentado frente a un instrumento que parece ser una combinación de un piano y una mesa de alquimia. El personaje, con expresión absorta y tranquila, crea música a partir de una fórmula secreta, en un proceso que evoca la conexión entre lo artístico y lo científico.
La obra nos muestra a una artista capaz de trabajar en base a numerosas técnicas, dominando todas ellas y creando una imagen muy compleja. Es importante insistir en que la pintura de Remedios Varo no son solo símbolos de ensueños, el apoyo de la técnica es fundamental, además, sabemos que la pintora catalana trabajaba intensamente en bocetos previos para cada pintura. Los interiores como el de esta obra evidencian la capacidad excepcional de Varo.
El espacio en el que se encuentra el personaje es acogedor y parece aislado del mundo exterior. La idea de armonía está en el acto de tocar el instrumento y en la composición del cuadro, los tonos cálidos y la suave iluminación crean una atmósfera de calma y contemplación, invitando al espectador a sumergirse en la tranquilidad de la imagen.
Como en “La creación de las aves”, el personaje andrógino de “Armonía” se encuentra inmerso en un espacio donde la verdadera paz proviene de la integración de todos los aspectos del ser, tanto racionales como emocionales. Respecto a las referencias personales, fundamentales en esta composición, la autora desgrana todo lo que la compone incluyendo piedras, cristales, fantasmas, flores místicas como la mandrágora y otros elementos relacionados con la naturaleza viva.
Disponemos de una carta a su hermano Rodrigo Varo, en la que la pintora relata las ideas básicas de esta obra. El fin del personaje, dice Varo, es encontrar el hilo conductor de todas las cosas mediante la unión de objetos en un pentagrama. Tras este primer paso, la figura humana debe soplar por la clave de sol que sirve como soporte, generando una música objetiva. La figura que sobresale de la pared sería el azar, conectado con las causas objetivas, no con los fenómenos.

La relación con la ontología de Schopenhauer es evidente, en cuanto a la música como manifestación de la voluntad y a la participación de las causas eficientes, superiores a las representaciones.

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Remedios Varo
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Remedios Varo, biografía

Remedios Varo fue una de las más fascinantes artistas surrealistas del siglo XX. Una obra estrechamente influenciada por su propia vida, marcada por el exilio, la convirtió en una figura clave dentro del movimiento surrealista.

Primeros años y formación

Remedios Varo nació el 16 de diciembre de 1908 en Anglès, Gerona. Hija de un ingeniero hidráulico, desde temprana edad su padre fomentó su interés por la ciencia, la ingeniería y las artes, proporcionándole libros de anatomía y geometría, y alentando su curiosidad por el mundo natural y la mecánica.
A los 15 años, Varo se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, una de las instituciones artísticas más prestigiosas de España. Durante este período entró en contacto con la vanguardia artística y literaria que bullía en la capital. Fue en estos años de formación donde desarrolló su habilidad técnica y empezó a experimentar con numerosos estilos y técnicas que más tarde definirían su obra.

París y el movimiento surrealista

A comienzos de la década de 1930, Remedios Varo se trasladó a París, una ciudad donde los artistas y escritores convergían para explorar nuevas técnicas. Allí, se sumergió de lleno en el movimiento surrealista y conoció a André Breton y Max Ernst. Aunque Varo nunca se integró completamente en los principios ortodoxos del surrealismo, sí compartía el interés por el inconsciente, lo onírico y el poder de la imaginación.
Durante su estancia en París, también conoció a Benjamin Péret, poeta surrealista francés, que fue su pareja y colaborador. La Segunda Guerra Mundial puso fin a esta etapa parisina, como muchos otros artistas e intelectuales, Varo y Péret se vieron obligados a huir de la ocupación nazi, encontrando refugio en México.

Exilio en México, un nuevo comienzo

En 1941, Remedios Varo llegó a México, un país que sería su hogar durante el resto de su vida. El país azteca le ofreció a Varo la libertad y la estabilidad que necesitaba para desarrollar plenamente su obra. Se estableció en la Ciudad de México, donde se unió a una vibrante comunidad de artistas exiliados, entre ellos Leonora Carrington, quien se convertiría en una amiga cercana y una de sus principales influencias.
El ambiente cultural de México, con sus raíces indígenas, su historia y su atmósfera mágica, resultó ser el lugar ideal para que Varo explorara las temáticas que siempre le habían fascinado: el misticismo, la alquimia, la magia y lo sobrenatural. Sus pinturas de este período reflejan un mundo onírico y simbólico, donde lo racional y lo irracional se fusionan para crear paisajes interiores llenos de misterio.
Las primeras obras del período mexicano de Varo están pobladas por figuras femeninas que parecen estar en un proceso de autodescubrimiento y transformación, lo que ha llevado a muchos críticos a interpretarlas como un reflejo de la propia vida de Varo.

Temas y estilo artístico

El arte de Remedios Varo es difícil de encasillar en un solo estilo, ya que se nutre de una amplia diversidad de influencias, desde la alquimia y el misticismo, hasta la ciencia y la psicología. Su obra combina una meticulosa técnica renacentista, con un sentido surrealista de la fantasía y el absurdo. Sus pinturas suelen mostrar escenarios arquitectónicos imposibles, personajes que parecen mitad humanos mitad máquinas y situaciones que evocan estados de transformación espiritual y física.
El tema del viaje, tanto interior como exterior, es recurrente en su obra. Las figuras de Varo están a menudo embarcadas en expediciones espirituales o científicas, a veces estáticas, rodeadas de intrincadas máquinas y artefactos mágicos. La idea de la transformación, la búsqueda de conocimiento y la conexión con el universo son temas fundamentales que se expresan a través de una iconografía muy personal y cargada de simbolismo.

Vida personal

La vida personal de Remedios Varo estuvo profundamente entrelazada con su obra artística. En México se rodeó de artistas, escritores y pensadores que compartían su visión del mundo. Además de Leonora Carrington, su círculo incluía a otros surrealistas y artistas locales, con quienes intercambiaba ideas y experiencias que enriquecían su proceso creativo.
Varo también tuvo una relación muy estrecha con Walter Gruen, un refugiado austríaco que se convirtió en su pareja y apoyo constante durante la década de 1950 y principios de 1960.

Legado y fallecimiento

Remedios Varo falleció repentinamente el 8 de octubre de 1963 en Ciudad de México, dejando un legado que ha crecido y evolucionado con el tiempo. Aunque durante su vida no fue tan reconocida como algunos de sus contemporáneos, la calidad de su obra y la profundidad de su visión artística la han consolidado como una figura fundamental del surrealismo.
Su obra ha sido exhibida en numerosos museos y galerías alrededor del mundo, y su influencia es evidente en generaciones de artistas que buscan combinar lo místico y lo científico, lo onírico y lo racional.

Un último apunte

La relación de Remedios Varo con la pintura es opuesta a lo habitual. Pintar es para Varo un residuo de su rutina, se trata de plasmar un mundo interior, exterior, íntimo y compartido, pero en ningún caso es un fin.
Remedios Varo es una artista total, si entendemos este concepto como representación integral de un personaje. Varo vive, junto a Leonora Carrington y su círculo, una vida dedicada a lo transcendente, en ese entorno la pintura no es más que una actividad auxiliar. A pesar de rechazar la experiencia de la pintura como plenitud, Remedios Varo produce una obra muy seria, injustamente obviada en Europa.

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