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Los 1.800 kilómetros que separan Bombay y Calcuta son una distancia tan colosal como la que separa la escritura de Rudyard Kipling y la de Rabindranath Tagore. Ambos escritores trazan líneas divergentes sobre su país de origen en un momento crucial de su historia, sin embargo, sus obras aportan una panorámica completa acerca de la complejidad de la sociedad India durante la última etapa del Raj.

“Barcos de papel” de Tagore y “El jardín de un niño” de Kipling

Los siguientes poemas nos permiten constatar muchas de las diferencias entre ambas perspectivas. Las dos traducciones son propias.

El jardín de un niño
Ahora no hay nada malo en mí
Excepto… creo que se llama T.B.
Y por eso tengo que estar
En el jardín todo el día.
Nuestro jardín no es muy ancho
Y los coches pasan a ambos lados
Y hacen un ruido furioso
Que asusta a los niños.
Pero lo peor de todo es cuando me llevan
Me sacan en coches que gruñen y tiemblan,
Con charabancs tan terriblemente cerca
Que tengo que cerrar los ojos de miedo.
Pero cuando estoy de espaldas otra vez
Miro el avión de Croydon
Que vuela a través de Francia, y canta
Como golpeando gruesas cuerdas de piano.
Cuando sea lo suficientemente fuerte para hacer
Las cosas que verdaderamente deseo
Nunca usaré un coche o un tren
Sino que siempre tendré un avión
Y dar vueltas y vueltas,
Y asustar a Nursey con el sonido,
Y ver el lado angelical de las nubes,
Y escupir a todas esas multitudes.

R. Kipling

Barcos de papel
Día tras día hago flotar uno a uno mis barquitos de papel por el arroyo.
En grandes letras negras escribo mi nombre y el del pueblo donde vivo.
Espero que alguien en alguna tierra extraña los encuentre y sepa quién soy.
Cargo mis barquitos con flores de shiuli de nuestro jardín y espero que estas flores del amanecer lleguen a salvo a tierra firme por la noche.
Lanzo mis barquitos de papel, miro al cielo y veo las nubecillas desplegando sus blancas velas abombadas.
No sé qué compañero de juegos en el cielo las envía por el aire para que compitan con mis barquitos.
Cuando llega la noche, entierro la cara entre los brazos y sueño que mis barquitos de papel siguen flotando bajo las estrellas de medianoche.
Las hadas del sueño navegan en ellos, y el cargamento son sus cestas llenas de sueños.

R. Tagore

Jardines y ensoñaciones

Para cualquier lector que conozca la obra de ambos escritores, será evidente identificar cada texto con su autor.
En el poema de Kipling vemos un jardín entre vehículos, una vivienda circundada por coches a todas horas. Los coches a los que se refiere Kipling son carros de caballos, como los charabancs a los que hace referencia. El niño de Kipling reside en un entorno occidentalizado.
El jardín de este poema es estrecho, está delimitado y es constantemente asediado por coches cuyo ruido asusta a su protagonista. La respuesta del niño no remite a la naturaleza, al contrario, su objetivo es volar en un avión para alzarse sobre los coches y llegar a escupirlos.
La confianza y la fuerza del niño proviene del propio desarrollo, lo que quiere es escapar a cuanto sucede frente a sus ojos infantiles, elevándose con la ayuda de un avión que, sabe, llega a sobrevolar Francia.
En la lírica de Tagore la infancia aparece una y otra vez, de hecho, algunos de sus poemas más memorables son protagonizados por niños y niñas. El niño de Tagore está en un jardín sin límites, el espacio es, en realidad, la naturaleza en toda su extensión.
El niño de este poema (incluido en “La luna nueva”) juega, hace barcos de papel que compiten con las nubes. El protagonista también se eleva, pero no quiere hacerlo de manera física, es su pensamiento lo que llega a la altura de las nubes, a las que recrimina su competencia frente a las velas de sus barcos.

Imágenes opuestas en un mismo espacio

Las diferencias son tanto materiales como trascendentales. La flor de shiuli (un jazmín indio de floración nocturna) a bordo de un barco de papel, contrasta con el ruido de un avión europeo despegado horas antes del aeropuerto de Croydon, al sur de Londres.
Es importante indicar que la obra de Kipling no se basa exclusivamente en una referencia constante a la mecanización y la cultura europea, al contrario, el escritor de Bombay tiene muy presente la cultura propia de las zonas en las que suceden sus relatos, pero incorpora con asiduidad la huella de la colonización. Tagore despoja a sus narraciones de cualquier signo europeo, llevando su literatura a entornos rurales en la mayoría de los casos.

el cuento*
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El cuento como expresión de una cultura completa

Kipling escribió poemas, cuentos, artículos y novelas, sin embargo, diferenciar el poema y el cuento en Tagore es complejo, debido a la organización formal de sus relatos. En cualquier caso, ambos escritores utilizan imágenes breves y evocadoras propias del cuento para desarrollar su propia visión de la India.

El cuento popular en India

Lo que hacen estos dos escritores es recoger el legado del cuento popular indio. Al igual que los aedos en la Antigua Grecia, el folclore hindú utiliza la tradición oral para transmitir enseñanzas y tradiciones. El cuento es muy común en la tradición india. Desde hace varios milenios, gran parte de la cultura se ha transmitido a base de relatos breves con rima, generando una forma literaria muy concreta.
La teología hindú también se ha servido de la transmisión de tradiciones orales breves para impartir doctrina. Los vedas, los Upanishads o el Mahabharata son textos complejos que se componen de decenas de relatos breves, transmitidos en origen verbalmente.
Tagore sigue las claves fundamentales del cuento proverbial hindú. Utiliza ritmos líricos para aportar musicalidad, se basa en imágenes fácilmente reconocibles y narra acciones con un fin moral en la mayoría de los casos. El cuento de Kipling es más largo y mezcla mecanismos occidentales, pero fundamentalmente proviene también de la tradición hindú, mediante ritmos e imágenes tradicionales.

Ubicación y signos

“El hándicap de la vida” o “El libro de la selva” nos llevan a través de una India onírica, origen de los clichés occidentales de los que nos servimos para construir una imagen homogénea y concreta de este país. Kipling es un embajador que no solo nos muestra un mural amplio de culturas, además aglutina el espíritu hindú e incorpora una imagen indulgente de los colonizadores.
“La luna nueva” o “El jardinero” de Tagore se construyen mediante una multitud de relatos líricos mínimos. Muchos de ellos podrían suceder en la Castilla de Delibes, sin embargo, son los detalles los que puntualizan el carácter cultural de los relatos de Tagore. Al igual que el kigo nos permite ubicarnos en el haiku, son las referencias más sutiles las que nos transportan a la India en los cuentos de Tagore.
Mientras que los oficiales británicos de Kipling cruzan el raj en elefante desafiando la grandeza de la selva tropical, en Tagore es una madre junto a una higuera de Bengala (baniano o banyan) lo que nos introduce en el subcontinente indio. Sucede con las flores de shiuli en el poema reseñado anteriormente. Sin embargo, ambos autores parten de la tradición oral india para dar forma a la parte fundamental de su obra.

Dos escritores diferentes que convergen

Kipling fue una celebridad de su tiempo y la modernidad le ha juzgado de forma severa, despojándolo de gran parte de la dignidad que poseen sus relatos. La tragedia de Kipling no ha servido para reivindicar a Tagore, de hecho, el escritor bengalí está fuera de la conversación literaria, su escritura parece completamente amortizada.
Tanto Rudyard Kipling como Rabindranath Tagore nos ofrecen inmensas lecciones de una Europa relativamente reciente y de una India estereotipada, cuyos escritores nos permiten interpretar de una manera más precisa.

Hablemos sobre
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Kipling y Tagore
Kipling y Tagore
Kipling y Tagore
Kipling y Tagore
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Tagore y Kipling, dos biografías cruzadas

Rudyard Kipling (1865-1936) y Rabindranath Tagore (1861-1941) son dos figuras monumentales de la literatura de finales del siglo XIX y principios del XX, cuyas trayectorias vitales y creativas reflejan un contraste fascinante en el contexto del Imperio Británico y la India colonial.
Ambos ganaron el Premio Nobel de Literatura, Kipling en 1907 y Tagore en 1913, y aunque compartieron influencias y entornos culturales, sus perspectivas y obras representan dos visiones del colonialismo y la experiencia humana.

Nacimiento y primeros años

Kipling nació en Bombay en 1865, hijo de un profesor de arte y una madre con gusto por la escritura. Tagore, por su parte, nació en Calcuta en 1861, en el seno de una célebre familia bengalí, los Tagore, que destacaba por sus actividades literarias, artísticas y reformistas.
Kipling se crió en la India, pero a los seis años fue enviado a Inglaterra. Tagore tuvo una educación marcada por la riqueza cultural de Bengala, donde fue expuesto a filosofías orientales, a la música y a la literatura. Esta diferencia marcó sus respectivas miradas hacia el mundo y hacia la India, Kipling absorbía el folclore y la cultura desde la perspectiva de un colonizador, mientras Tagore lo hacía desde la de un indio profundamente conectado con sus raíces.
En Inglaterra, Kipling se sintió desplazado, enfrentándose al racismo y a un ambiente poco afectuoso. De vuelta a la India comenzó su labor como periodista y escritor de relatos, lo que finalmente le llevó a obtener el reconocimiento patrio.
Tagore nunca se vio forzado a dejar su hogar y su cultura. Se educó en su propia casa, lo que le permitió cultivar un profundo sentido de identidad con el pensamiento y la espiritualidad de su país. La familia Tagore estaba profundamente involucrada en el Renacimiento Bengalí, un movimiento cultural que buscaba revitalizar la cultura india frente al colonialismo británico. Tagore, desde muy joven, comenzó a escribir poesía, cuentos y canciones, y su obra se fue nutriendo del humanismo y la búsqueda de la libertad personal y colectiva.

Reconocimiento y sentido de su obra

En 1913, Tagore se convirtió en el primer escritor no europeo en ganar el Premio Nobel de Literatura (Kipling lo había logrado 6 años antes), en reconocimiento sobre todo a su obra «Gitanjali», una colección de poemas que transmitían una profunda espiritualidad y amor por la humanidad.
La percepción de Kipling sobre el colonialismo se refleja claramente en sus escritos. Fue conocido como «el poeta del Imperio» debido a su entusiasmo por la misión civilizadora británica, una perspectiva que plasmó en textos como «El hombre que quiso ser rey» y el poema «La carga del hombre blanco», que ha sido interpretado como una justificación del colonialismo. Kipling creía firmemente en la misión imperial, mostrando admiración por la organización británica y considerando que la India se beneficiaba de ella.
Tagore, sin embargo, fue uno de los críticos más notorios del colonialismo británico. Abogaba por la libertad de la India, aunque no de forma violenta ni combativa, sino a través del despertar cultural y espiritual de su pueblo. Se opuso a la opresión que representaba el dominio colonial y rechazó el título de «Sir» otorgado por el gobierno británico después de la masacre de Amritsar en 1919, un evento que le horrorizó profundamente. Tagore promovió una filosofía de unidad entre los seres humanos, defendiendo una educación que integrara los valores occidentales y orientales.

Los puntos de unión de ambos escritores

A pesar de las diferencias ideológicas entre Kipling y Tagore, ambos tenían un profundo amor por la India. Para Kipling era una tierra llena de misticismo, cuyo exotismo merecía ser conservado; para Tagore era su hogar, un lugar de belleza y lucha, y un centro de identidad espiritual. Sus obras, aunque provienen de visiones opuestas, son parte del legado literario que contribuyó a formar la comprensión del mundo sobre la India y el colonialismo.
En última instancia, Kipling y Tagore representan dos caras del mismo momento histórico, uno, el poeta del Imperio, el otro, la voz de la cultura india, abogando por una independencia basada en la autoexploración cultural. Mientras que Kipling es recordado por su narrativa vibrante y su imaginario exótico, Tagore es reverenciado por su profunda reflexión espiritual y su defensa de la igualdad y la justicia.
Ambos aportaron visiones que siguen resonando y ayudando a comprender las complejidades del colonialismo y la identidad cultural en la época moderna.

Selección de obras

Algunos de los textos más importantes de Rudyard Kipling son los siguientes.

El libro de la selva (1894)

El Libro de la Selva es la obra más icónica de Rudyard Kipling, compuesta por una serie de relatos que siguen a Mowgli, un niño criado por lobos en la selva india. Los cuentos ofrecen una visión fascinante de la vida salvaje, poblada por personajes inolvidables como Baloo, Bagheera y Shere Khan. Más allá de la aventura, el libro explora temas de identidad y pertenencia, así como la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Kim (1901)

Kim es una novela que refleja la India colonial a través de la vida de Kimball O’Hara, un huérfano que se aventura por el país mezclándose con personajes de diferentes clases sociales. La novela está impregnada del misticismo y la diversidad cultural de la India, mientras explora la tensión entre el espionaje y el crecimiento espiritual.

Gunga Din (1890)

Este poema es otro de los trabajos destacados de Kipling, se centra en la figura de Gunga Din, un portador de agua del ejército británico en la India. La obra es un homenaje al coraje y sacrificio de un hombre común, un personaje que a menudo es ignorado, pero cuya lealtad y valentía son dignas de alabanza.

Algunas de las obras más relevantes de Tagore son las siguientes.

Gitanjali (1910)

«Gitanjali» (“Ofrenda mediante la canción”) es una de las colecciones líricas más importantes de Tagore. Los poemas de «Gitanjali» están impregnados de espiritualidad y belleza, explorando la relación del ser humano con lo divino y el amor universal.

La casa y el mundo (1916)

Esta novela es una reflexión sobre los conflictos entre la tradición y la modernidad en la India colonial. La historia se centra en un triángulo amoroso que sirve como metáfora de las tensiones sociales y políticas de la época. “La casa y el mundo” ofrece una perspectiva única sobre el nacionalismo, el papel de la mujer y la búsqueda de la identidad en un momento de gran cambio.

El Jardinero (1913)

Esta colección de poemas de Tagore trata sobre el amor en sus distintas formas: romántico, espiritual y fraternal. La obra es conocida por su sensibilidad y por su capacidad para transmitir las emociones más íntimas con un lenguaje sencillo pero poderoso. Tagore utiliza la naturaleza como símbolo de los sentimientos humanos, creando imágenes evocadoras que conectan lo cotidiano con lo trascendental.

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