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El quinto capítulo de “Ulises” concluye la presentación de Leopold Bloom, un hombre que oculta numerosos secretos a los que tenemos acceso durante el breve recorrido que va desde las grúas del Liffey, en Windmill Lane, hasta Lincoln Place, una breve vía que, actualmente, acoge la sede del Instituto Cervantes en Dublín.

La senda previa de Bloom en el capítulo 4, “Calipso”

En el cuarto capítulo de “Ulises”, James Joyce presenta a Leopold Bloom, uno de los protagonistas de la novela, al comienzo del día en el 7 de Eccles Street. Bloom prepara el desayuno para su esposa, Molly, y reflexiona sobre sus hábitos y deseos mientras realiza varias tareas domésticas. La escena muestra el contraste entre la mundanidad de las acciones cotidianas y las complejidades internas del personaje.
Bloom decide salir para comprar un riñón, en el camino se detiene a observar su entorno de manera introspectiva y detallista. El capítulo también revela tensiones en su relación con Molly, quien recibe una carta de Blazes Boylan, un hombre con el que tiene un romance.
Este episodio presenta temas relacionados con el deseo, la rutina y la alienación, mediante la compleja vida interior de Bloom como contrapunto a su vida externa, aparentemente banal.

Los lotófagos en «La odisea» de Homero

En el noveno canto de “La odisea”, Odiseo cuenta cómo él y sus hombres llegan a una misteriosa isla tras ser desviados por tormentas en su viaje de regreso a Ítaca. La isla está habitada por los lotófagos, un pueblo pacífico que subsiste gracias a los frutos del loto, una planta que tiene propiedades narcóticas. Quienes consumen la flor olvidan su hogar y sus responsabilidades, sumergiéndose en un estado perpetuo de felicidad y olvido.
Odiseo envía a tres de sus tripulantes a explorar la isla, estos, al probar el loto ofrecido por los locales, caen bajo su hechizo, pierden todo deseo de regresar a Ítaca y optan por quedarse para siempre en la isla, disfrutando del placer pasivo que el loto les proporciona. Preocupado por la seguridad y el propósito de su misión, Odiseo rescata a sus hombres, los lleva a la fuerza de regreso al barco y zarpa inmediatamente.
Este episodio simboliza la determinación de Odiseo para cumplir con su destino. Es una reflexión sobre la lucha entre el placer inmediato y las metas trascendentes.

Los lotófagos de Bloom

El pasaje narrado por Odiseo y el quinto capítulo de “Ulises” comparten el simbolismo del olvido y la atracción hacia el placer pasivo. En “La odisea”, los frutos del loto representan una tentación que lleva a la amnesia y el abandono del propósito, poniendo en peligro el regreso de Odiseo y sus hombres a Ítaca. El loto simboliza el escape de la realidad y la pérdida de la voluntad.
En “Ulises”, Leopold Bloom realiza actividades triviales que reflejan un estado de ensoñación y satisfacción sensorial, por ejemplo, leyendo una carta de su amante o flotando en una tina en busca de relajación previa a sus obligaciones. Joyce utiliza estas acciones cotidianas para explorar la tentación de la inercia emocional frente a las responsabilidades de la vida.
Ambos textos presentan un contraste entre la complacencia y el deber, reflejando la lucha humana entre perseguir objetivos trascendentes y sucumbir a placeres inmediatos.

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

Los lotófagos*

La narración impresionista. El punto y seguido

Una de las singularidades de este episodio es su estructura. El capítulo completo se desarrolla a partir de frases muy cortas, separadas por puntos seguidos en su mayoría, o puntos y aparte en menor medida.
Lo que consigue Joyce es ofrecernos una serie de visiones impresionistas de Dublín y de Bloom, a través de acciones y pensamientos inmediatos y concisos. Lo que leemos continuamente son oraciones rápidas, a veces contenidas en una sola palabra.
En la siguiente reflexión acerca de Ceilán (actual Sri Lanka), podemos percibir el carácter formal general del capítulo.

Sleep six months out of twelve. Too hot to quarrel. Influence of the climate. Lethargy. Flowers of idleness. The air feeds most. Azotes. Hothouse in Botanic gardens. Sensitive plants. Waterlilies. Petals too tired to. Sleeping sickness in the air.

Duermen seis meses de cada doce. Demasiado calor para discutir. Influencia del clima. Letargo. Flores de la ociosidad. El aire es lo que más alimenta. Azotes. El invernadero en los jardines botánicos. Plantas sensibles. Nenúfares. Pétalos demasiado cansados. Enfermedad del sueño en el aire.

La traducción es propia, al igual que las siguientes traducciones.
La narración se acelera en este capítulo mediante la sucesión continua de frases enlazadas. Los encuentros, los olores, los recuerdos, todo lo que sucede en este capítulo aparece en forma de esencia inmediatamente volatilizada, ante la aparición de una nueva idea.

Transiciones

Además del uso del punto y seguido, las transiciones entre escenas son inmediatas. Las llegadas a la oficina de correos, a la farmacia y a los baños públicos son repentinas y se producen a continuación de un pensamiento, sin proceso previo.

Los aromas del loto

“Los lotófagos” es un capítulo íntimamente asociado a los aromas que rodean a Bloom. A través de varias plantas aromáticas y espacios asociados a determinados olores, Joyce nos plantea un juego de fragancias que contrasta con el final del anterior capítulo, en el que Leopold Bloom defecaba en una letrina ubicada en la parte trasera de su casa.
De la carta de Martha Clifford cae una flor amarilla, Bloom se detiene ante una tienda de tés, mueve un periódico de la mañana, la propia Martha pregunta por los aromas que usa Molly, Bloom compra un jabón de cera y limón. Las referencias olfativas son parte de la experiencia del capítulo, el lector puede identificarse con el camino de Bloom en función de su capacidad para evocar los aromas propuestos por Joyce y del recuerdo íntimo del olor de una oficina de correos, una farmacia o unos baños públicos, hoy balnearios.
La preponderancia de los aromas en esta sección es una reminiscencia del loto de Homero, una planta acuática que, en la mayoría de sus variedades, presenta fragancias intensas.

Dublín como personaje en “Ulises”

Dublín no es solo el escenario donde transcurre “Ulises”, es también un personaje protagonista con una presencia constante que da forma y contexto a la historia. James Joyce recrea la ciudad con un detalle tan minucioso, que los lectores pueden caminar por sus calles siguiendo a los personajes. Esta representación no es solo física, sino también emocional y simbólica.

La fidelidad geográfica

Joyce convierte Dublín en un mapa literario. Cada rincón de la ciudad, desde Eccles Street hasta Sandymount Strand, está cuidadosamente representado, permitiendo a los lectores imaginar su disposición exacta. Esta precisión subraya el compromiso de Joyce con la autenticidad, pero también dota a la ciudad de una calidad casi mágica, donde cada calle y edificio cobra vida a través de las experiencias de los personajes. La topografía de Dublín no es neutra, sus espacios condicionan y reflejan las emociones de Leopold Bloom, Stephen Dedalus y los demás habitantes.

El alma de Dublín, sus habitantes

Los dublineses son la esencia de la ciudad, cada personaje encarna un aspecto de su cultura e historia. Desde el cosmopolitismo aspiracional de Stephen hasta el pragmatismo de Bloom, pasando por los personajes menores que pueblan las tabernas y las calles, Joyce muestra un mosaico humano que refleja las complejidades de la vida urbana. La ciudad no sería el mismo personaje sin la vitalidad de sus habitantes, quienes le otorgan su ritmo y personalidad.

Espejo de Irlanda

Más allá de ser un retrato de una ciudad específica, Dublín simboliza también la situación de Irlanda a principios del siglo XX. Las tensiones políticas, culturales y religiosas de la época están presentes a lo largo de la narrativa, haciendo de la ciudad un reflejo del alma nacional. La lucha por la identidad, la nostalgia por el pasado y el deseo de un futuro independiente se perciben en las calles y en la memoria colectiva que Joyce plasma en su obra.
En “Ulises”, Dublín trasciende su papel como escenario para convertirse en un personaje imprescindible que contextualiza y moldea la acción. Joyce inmortaliza la ciudad como un ente vivo, capaz de influir en sus habitantes tanto como ellos influyen en ella.

Dublín en el capítulo 5

La capital irlandesa aparece en este capítulo trastocada por la inmediatez de la narrativa. La descripción de la ciudad es continua a partir de sus lugares, sus calles y las personas que la recorren, sin embargo, lo que obtenemos no es una panorámica homogénea, sino numerosas piezas que no tienen por qué encajar, pero que nos muestran un ambiente general de un día de verano de 1904 en Dublín.
La ciudad son olores, es ritmo, son espacios muy concretos, anuncios y negocios. Bloom se fija en numerosos carteles publicitarios, es importante recordar que él se dedica al negocio publicitario, pero también percibe la presencia de los dublineses más jóvenes, los sonidos que llegan del Liffey, lo que se cocina a primera hora. Estos estímulos construyen una impresión compleja de la ciudad, que contrasta con la obligatoriedad de encontrarse constantemente.

Un barrio común

A la complejidad de un Dublín en plena ebullición, Joyce opone la pausa del diálogo por proximidad. El dublinés no es un ciudadano anónimo, al contrario, tiene un nombre y un bagaje que son conocidos por sus vecinos.
Lo que Joyce nos presenta es una ciudad en la que es preciso parar a saludar constantemente. Los ciudadanos de Dublín se conocen, se inmiscuyen en las vidas ajenas y, a consecuencia, se producen situaciones más propias de municipios minúsculos que de grandes urbes.
Bloom se detiene a saludar a M’Coy, un personaje que vuelve a aparecer brevemente en el caleidoscópico capítulo 10 y es nombrado en el capítulo posterior; también es reconocido por el farmacéutico, que es capaz de atenderle sin receta; más adelante se encuentra con Bantam Lyons y con Hornblower. Estas pausas detienen la narración y convierten a los ciudadanos de una gran capital en una tribu.
El encuentro con Bantam Lyons es el epítome de la visión del entramado social dublinés como si de una aldea se tratara. Al pedirle este su periódico a Bloom aparece la “Copa de oro”, una carrera hípica que se celebra el mismo día por la tarde. Bloom dice la siguiente frase, refiriéndose al periódico:

-I say you can keep it, Mr Bloom answered. I was going to throw it away that moment.

-Te digo que te lo quedes, respondió el señor Bloom. Iba a tirarlo ahora.

Throwaway es el nombre del caballo que gana la carrera, Bantam Lyons interpreta las palabras de Bloom como un consejo y apuesta por su victoria. A pesar de que no era el favorito, varios dublineses apuestan por Throwaway debido a que el rumor, involuntariamente surgido de Bloom, se ha propagado.
Bantam Lyons es nombrado en varias secciones del “Ulises”, de hecho M’Coy habla de él anteriormente, pero además, su nombre también aparece en “La casa de huéspedes” de “Dublineses” como ejemplo de mal comportamiento.

Carta al señor Henry Flower

La presencia de los aromas y las flores es constante, a veces de manera simbólica. Henry Flower es un seudónimo que Bloom inventa para cartearse con su amante, esta relación no se ha consumado, pero ambos mantienen una correspondencia constante.
Martha Clifford es quien recibe las cartas de Bloom, que acude a la oficina de correos a consultar su correspondencia.

El contenido de la carta

Martha referencia una carta anterior de Bloom, cuyo contenido apunta a un cierto desencanto de su remitente. Ella está enfadada, pero le concede el favor de hacer algo por él si Bloom no vive feliz en su casa.
Martha expone su necesidad de ver a Henry por vez primera, (Bloom piensa en ello varias veces a lo largo del capítulo), le amenaza con castigarlo como a un niño malo, (tono que utiliza varias veces) y escribe una posdata. 

El perfume de Molly Bloom

Las relaciones aromáticas continúan durante la recepción y lectura de la carta. Del sobre cae una flor amarilla que Bloom guarda, además, Martha quiere saber qué tipo de perfume utiliza la mujer de Henry.
Cuando Bloom llega a la farmacia, adquiere un ungüento a base de aceite de almendras dulces, agua de azahar, tintura de benjuí y cera blanca entre otros ingredientes, es entonces cuando evoca el perfume de Molly, Peau d’Espagne, cuya traducción es “Piel de España”.
El aroma de Molly es, por tanto, una esencia mediterránea propia de la tierra de la que procede. La mujer de Leopold Bloom es de Gibraltar, en capítulos anteriores conocemos su origen y la herencia cultural española de su familia.

La implicación de la carta en la jornada de Bloom

Tanto la infidelidad de Molly con su representante, como el flirteo postal de Bloom, reaparecen periódicamente en el texto. El contenido de la carta tiene una influencia decisiva en el capítulo 15, “Circe”, cuando Bloom sufre una alucinación que expone su relación con Martha Clifford.

La misa católica

El catolicismo es, como Dublín, un personaje protagonista en la novela como forma o como reflexión. En este capítulo, Leopold Bloom hace un alto en el capítulo para asistir a los últimos minutos de una misa, un hecho curioso, dado que una hora después debería asistir al entierro, también católico, de Dignam.
Se trata de un excurso poco común incluso para “Ulises”, utilizado en definitiva para atizar a los ignacianos.

Sermón del Reverendísimo John Conmee sobre San Pedro Claver y las misiones en África

Al llegar a la iglesia de All Hallows, lee el título del sermón como si de un anuncio más se tratara y decide entrar.
San Pedro Claver (1580-1654) fue un sacerdote jesuita español conocido como el “esclavo de los esclavos”. Nació en Verdú, Lleida, y desde joven sintió la vocación religiosa. Ingresó en la Compañía de Jesús y, conmovido por la situación de los esclavos africanos, decidió dedicarse a su servicio.
En 1610 llegó a Cartagena de Indias, en la actual Colombia, uno de los principales puertos de comercio de esclavos en América. San Pedro Claver se dedicó a atender a los esclavos recién llegados que sufrían condiciones inhumanas durante los viajes transatlánticos. Los recibía en el puerto con alimentos, medicinas y, por supuesto, les ofrecía apoyo espiritual. Se estima que llegó a bautizar a más de 300.000 esclavos. Murió en 1654 tras años de enfermedad y abandono. Fue canonizado en 1888 por el Papa León XIII y en 1896 se le declaró patrono de las misiones en África.
El personaje al que se refiere el sermón provoca una reflexión en Bloom acerca de las conversiones, empezando por Gladstone, recurrente Primer Ministro británico y sobre el que pesaba una sospecha católica a pesar de que en vida siempre se declaró anglicano.
Las misiones jesuitas se trasladan a China en el pensamiento de Bloom, que critica el proselitismo de la secta católica. Durante un momento recuerda a su esposa, también católica, mientras fantasea sobre el bautismo de paganos.
Respecto a los jesuitas, más adelante Bloom reflexiona:

Those crawthumpers, now that’s a good name for them, there’s always something shiftylooking about them. They’re not straight men of business either.

Esos piadosos, ese es un buen nombre, siempre hay algo avieso en ellos. Tampoco son rectos hombres de negocios.

El término crawthumper es popular irlandés y hace referencia a alguien que es ostentosamente pío. Los términos castellanos chupacirios y meapilas se acercan quizá más al significado real.

La atracción del sexo

Durante la conversación anterior con M’Coy, Bloom ha estado absolutamente ausente debido a la visión de una mujer frente al Grosvenor, este tipo de evasiones son comunes en Bloom al ver a una mujer que le atrae, como ya le sucedió en el capítulo anterior cuando creyó ver jamones en el trasero de una viandante. Durante el tiempo que permanece en la iglesia, también fantasea con las feligresas.
A Bloom le excita la posición de las fieles mientras rezan de rodillas, la inclinación de sus cabezas, los escapularios. El hecho de comulgar frente al sacerdote, que apoya la hostia en sus bocas, también le excita.
Joyce va construyendo un discurso crudamente sexual en torno a los últimos minutos de la misa católica, a consecuencia, Bloom planea concertar una cita con Martha Clifford el domingo después del rosario.

El rito caníbal

El flujo de conciencia de Bloom produce una interpretación poco común sobre la comunión católica. A los ojos analíticos de Bloom, comerse a Cristo es fruto de un culto antropófago inexplicable para un judío. La idea proviene de un juego de palabras entre corpus, cuerpo en latín, y corpse, cadáver en inglés.

Cristogramas

Bloom lee las letras IHS en la túnica del párroco, estas son las iniciales del nombre de “Jesús” en koiné (griego antiguo), escrito ΙΗΣΟΥΣ. A estas letras se les ha dado otros significados posteriores también relacionados con Cristo.
La inscripción le recuerda otro cristograma, INRI, cuyo significado es “Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm” y cuyas siglas aparecen tradicionalmente sobre la cruz de Cristo crucificado.

La pompa católica

En esta parte del flujo de conciencia de Bloom, se mezclan el gusto por la música sacra, con ejemplos explícitos como Mozart o Palestrina, las vicisitudes de los eunucos y el boato católico.
Bloom acepta la eficacia de la eucaristía y, en general, del rito católico como un mecanismo que funciona a la perfección. La música que referencia antes es importante, pero también la confesión, la penitencia y la posibilidad de las donaciones. Todo en este entramado está pensado para captar y retener a los fieles tal y como lo hizo San Pedro Claver. La iglesia, además, sabe cómo obtener rédito económico, piensa Bloom.

Brother Buzz. Come around with the plate perhaps.

El hermano ajetreo. Viene con el cepillo quizá.

Ante la posibilidad de que pasen el cepillo decide salir de la iglesia. En realidad, la colecta se lleva a cabo antes de la comunión.
Sale de la iglesia, son las diez y cuarto, quedan tres cuartos de hora para el entierro de Dignam.

El laberinto de la conciencia

El peso de la narración lo lleva la conciencia de Bloom. En su trayectoria nos cruzamos con numerosos temas que van desde las reflexiones más profundas, hasta la atención a los hechos más prosaicos. Las siguientes son algunas reflexiones que pueden resultar interesantes.

El Duque de Albany

Mientras está en la farmacia, Bloom recuerda a uno de los hijos de la reina Victoria, Leopold, Duque de Albany, con quien comparte nombre.
El octavo hijo de la reina Victoria sufría hemofilia, el pensamiento de Bloom recae en la nula protección dérmica del Duque, que murió a causa de un golpe que se produjo en el club de yate Villa Nevada en Cannes, Francia.
Otra relación del Duque de Albany con la escena es el cloroformo. Su nacimiento fue el primer parto sin dolor registrado, debido a que a la reina Victoria se le suministró cloroformo, el éxito de la intervención le valió al médico, el doctor Snow, el título de Sir. Leopold había pensado previamente en cloroformo, es posible que la asociación de ideas le haya llevado a evocar al hijo de la reina Victoria.

Hamlet y el padre

De nuevo Hamlet. Tras dejar a M’Coy, avanza unos metros, se para ante una serie de carteles publicitarios y lee el nombre de Mrs Bandmann-Palmer, una célebre actriz británica que interpretó los principales papeles femeninos de Shakespeare desde finales de los años 60 del siglo XIX. Leopold comenta que la actriz ha actuado en Hamlet como protagonista a pesar de ser una mujer, tanto la propia obra como la idea de las actrices shakesperianas provocan en Bloom el recuerdo de su padre.
Repasando Hamlet se topa con el suicidio de Ofelia, el padre de Leopold se suicidó. Rudolph Bloom (nacido Rudolf Virág) nació en Hungría, trató de integrarse en la sociedad católica dublinesa y, finalmente, acabó suicidándose con ácido prúsico (ácido cianhídrico). Evocando algunos datos de la biografía de su padre, también sabemos que Bloom nació en 1864.
El recuerdo es francamente patético, Bloom siente lástima y dolor ante la evocación de la muerte del padre, una actitud muy diferente a la frialdad con la que suele resolver sus pensamientos.

Cálculo de cerveza

En el capítulo anterior, Bloom calcula el precio de una columna periodística, en esta ocasión el cálculo hace referencia a la venta de cerveza.
Lord Iveagh (Edward Guiness), empresario cervecero, cobró una vez un cheque de un millón de libras, Leopold estima la cantidad de cerveza que debe vender, a dos peniques la pinta, para obtener un millón de libras. El resultado son quince millones de galones de cerveza, más de 56 millones de litros.

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La última flor de loto

El colofón es una transición disruptiva propia del capítulo, Bloom reposa en unos baños públicos. La mata de vello púbico flota, en medio, su pene como una flor de loto, father of thousands, padre de millares. Lánguido nenúfar.

Capítulo 6

“Hades” es uno de los capítulos más importantes de la novela. Bloom llega en un cortejo fúnebre al entierro de Dignam, acompañado, entre otros, por el padre de Stephen Dedalus.

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