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En “Los cuentos de Canterbury”, Chaucer nos habla de los usos y costumbres de las diversas sociedades que constituían la Inglaterra de finales del siglo XIV. A través de historias cotidianas en su mayoría, descubrimos un sinfín de caracteres propios del último Medievo.

Introducción general a “Los cuentos de Canterbury”

«Los cuentos de Canterbury» es una colección de relatos escritos por Geoffrey Chaucer durante la última década del siglo XIV. La obra describe la peregrinación de un grupo diverso de personajes que viajan juntos al santuario de Santo Tomás Becket en Canterbury, Reino Unido. Cada peregrino cuenta una historia para entretener a los demás, proporcionando una visión crítica y a menudo humorística de la sociedad medieval.

Estructura y contexto

La obra consta de 24 cuentos, cada uno narrado por un personaje diferente. A través de estos personajes, Chaucer logra representar una amplia variedad de clases sociales y profesiones de la Inglaterra bajomedieval, ofreciendo un retrato detallado y complejo de la época. La estructura narrativa permite explorar distintas voces y estilos literarios, desde el romance caballeresco, hasta los cuentos moralizantes.

Temáticas

Los temas principales incluyen la corrupción del clero, las desigualdades sociales, el amor y la naturaleza humana. Chaucer utiliza el humor, la sátira y la ironía para criticar la sociedad de su tiempo, cuestionando las normas y el comportamiento de los estamentos y las figuras de autoridad.

Importancia

Considerada una de las obras más importantes de la literatura inglesa, tiene una gran relevancia histórica y literaria, debido a su visión única de la vida y las actitudes medievales. Además, Chaucer es uno de los primeros autores en escribir en inglés vulgar y no en latín, lo que permitió legitimar el idioma para fines literarios.
La obra de Chaucer sigue siendo estudiada por su riqueza cultural, su aguda observación de la naturaleza humana y su influencia en el desarrollo de la literatura en lengua inglesa.

Las relaciones entre los narradores

La obra se desarrolla en dos planos narrativos diferentes, por una parte hay 24 cuentos que exploran diversas facetas de las rutinas de la época, pero además, el relato se nutre de las interacciones de un grupo de peregrinos camino de Canterbury. Estas relaciones evitan que el libro sea una sucesión de historias.
En “Los cuentos de Canterbury” las discusiones entre los narradores son indispensables, y crean un contexto para cada historia.

El prólogo como introducción

Uno de los recursos que utiliza Chaucer para dar voz propia a los narradores es el prólogo. En estas secciones previas a cada cuento, el personaje tiene la oportunidad de presentarse o de rebatir, pero Chaucer también aprovecha los prólogos para dar impresiones generales del grupo.
Cada uno de los prólogos de la obra tiene un interés concreto, de hecho, el cuento suele ser el desarrollo de un rasgo expresado por el personaje en la introducción.

El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*
El alguacil*

La tercera sección de “Los cuentos de Canterbury”

La tercera sección del libro es, probablemente, la más interesante y, con seguridad, la más conocida. Alison, la comadre de Bath, retoma la conversación mediante un largo prólogo que provoca una discusión entre el alguacil y el monje, resuelta con los relatos de ambos.

La disputa del alguacil y el monje

La tercera sección comienza con un largo prólogo, la comadre de Bath crea un preámbulo tan dilatado que, al anunciar el comienzo de su cuento, el monje se queja. La reacción hostil del alguacil ante la protesta del clérigo es lo que justifica las historias siguientes.
Ante la discusión, el anfitrión exige que la mujer de Bath continúe con su relato, lo que sucede a continuación, con el permiso del monje.

La historia del alguacil

Prólogo del “Cuento del alguacil”

Anterior al prólogo, el monje relata una historia sobre el encuentro de un alguacil con un demonio encarnado, ambos hacen un pacto para compartir los réditos de sus extorsiones. Al llegar a la casa de una vieja, el alguacil la coacciona de tal manera que el diablo acaba arrastrándole al infierno.
El prólogo del alguacil, colérico por la narración anterior, incluye una breve historia en la que un fraile al que todavía no le ha llegado la hora ve a 20.000 frailes bajo el culo de Satanás. El relato de Dante también incluye varias referencias a la presencia de clérigos en las estancias infernales, en los círculos en los que se castiga la lujuria, la gula o la avaricia.

Ubicación

Es propio de los peregrinos establecer un lugar exacto en el que suceden los hechos. Muchas de las historias tienen lugar en ciudades británicas, en este caso Holderness, Yorkshire. Otras ubicaciones locales incluyen Trumpington y, por supuesto, Bath, sin embargo, otros cuentos nos llevan a Siria, a Lombardía o a Armórica, en la Bretaña francesa.

Disputa entre religiosos

Un tema recurrente son las disputas entre religiosos. Los clérigos beneficiarios eran parte del clero secular cuya manutención provenía de rentas, a estos ataca varias veces el monje, criticando que reciban donaciones o su carácter soberbio debido a sus posesiones. Además, compara a estos religiosos con Joviniano, acusado de herejía por preferir los goces al recogimiento del claustro.
De lo que habla Chaucer por boca del alguacil es de la inclinación persistente de los frailes hacia la envidia, en este caso, por los privilegios desiguales entre clérigos.

Los apuntes del monje

El protagonista de la historia viaja con un ayudante que apunta, sobre una tabla de marfil encerada, los nombres de los donantes, estos aportan una ofrenda material que recoge un segundo ayudante. A cambio, el fraile promete orar por sus almas.
Dice el narrador que la tabla se borra una vez obtenido el donativo sin que se produzca ninguna intercesión. Este tipo de prácticas aparecen constantemente en la literatura de los siglos XV y XVI, en “Lázaro de Tormes”, el ciego obtiene algún rédito por los beneficios que atribuye a sus propias propias oraciones.

Interrupciones

En el relato del monje, el alguacil interrumpe airado el cuento y es el anfitrión quien le ordena callar. En este caso es el monje quien acusa al alguacil de mentir, de nuevo el anfitrión acalla la crítica y da prioridad al narrador.

El asunto del latín

La llegada del fraile a casa de Tomás, un donante asiduo, sirve para cargar sobre el fraile un fardo de defectos que empieza por su ignorancia respecto al uso del latín.
En el año 1969 Pablo VI oficializa las misas en idiomas vernáculos, hasta entonces, la mayoría de la eucaristía se expresaba en latín. Durante la época de Chaucer, la Misa Tridentina todavía no había homologado la liturgia, sin embargo, en las regiones cristianas lo habitual era expresar el culto en latín.
Lo que denota Chaucer es que el monje, como muchos otros religiosos a finales de la Edad Media, no tienen un conocimiento siquiera mínimo del latín, por tanto, no están preparados para oficiar. Obras como “Gargantúa y Pantagruel” de François Rabelais o “El decamerón” de Boccaccio también incluyen críticas semejantes.
Al final del capítulo, el clérigo recurre al latinajo per consequens, este tipo de frases breves, introductorias o conclusivas en muchos casos, eran el único latín que el clero manejaba con seguridad. Es reseñable que el clérigo rechaza el título de “maestro” en la segunda casa que visita.

La propagación del evangelio

Al saludar a la mujer de Tomás, el religioso se presenta como un pescador de almas cristianas cuyo fin es propagar el evangelio. Las sentencias bíblicas son continuas en el discurso del fraile, incluyendo el apelativo de pescador de almas, una referencia a la actividad de Simón Pedro y su hermano Andrés, como cuenta Mateo.
La parábola de Lázaro y el dives en Lucas 16; las palabras de Timoteo 6 sobre el sustento y el abrigo; la conversación de Dios y Moisés en el Sinaí; la huída de Elías a Horeb en Reyes; la abstinencia que impone Dios a Aarón en el Tabernáculo en Levítico 10 o el ayuno de Cristo en el desierto que relata Mateo 4 son algunas de las muchas referencias del fraile a los textos bíblicos.

Cor meum eructavit

Tratando de convencer a Tomás de las bondades de sus rezos, de nuevo el fraile critica las prácticas de los clérigos beneficiarios, a quienes tiene especial ojeriza. Tras rezar los Salmos de David, dice, estos religiosos eructan como consecuencia de su glotonería.
Eructavit cor meum es la frase original en latín del Salmo 45 del rey israelita, sin embargo, su traducción es “mi corazón rebosa”, nada que ver con las flatulencias provocadas por la gula. Este tipo de lenguaje procaz es muy común en “Los cuentos de Canterbury” y en este cuento está relacionado con una de las moralejas.
Antes de que la mujer se marche, el fraile le pide hígado de pollo, una rebanada de pan y nada menos que una cabeza de cerdo asada.

Je vous dis

Otra curiosa interjección es je vous dis. Antes de salir de la estancia, la mujer de Tomás le pide al fraile que reprenda a su marido por ser especialmente malhumorado, el monje, al volverse hacia Tomás, le interpela con esta frase en francés.
En el año 1066, una flota normanda llega a la costa de Pevensey, en pocos años la corte de Normandía se establece en territorio británico e impone sus leyes y costumbres. La conquista de Guillermo tuvo numerosas consecuencias en la isla, una de ellas fue el legado del francés como idioma culto, de ahí que el fraile utilice una expresión francesa que, en este caso, tiene un sentido de reprimenda similar al “bueno, bueno” castellano.
En la edición original esta frase se repite varias veces, suele suprimirse en los textos en castellano.
En relación con la cultura francesa, un aspecto vital de la obra es que su inspiración proviene probablemente de la fabliaux, un tipo de poema breve propio de la Francia de los siglos XII y XIII que buscaba provocar la risa mediante situaciones vulgares. El clérigo avaro era uno de los arquetipos básicos de estas historias.

Disputas entre sexos

Aunque muy liviana en comparación con otros cuentos, hay en la historia del alguacil una pequeña disputa entre Tomás y su mujer. Este tipo de discusión es muy común en “Los cuentos de Canterbury”, de hecho, la problemática relación entre hombres y mujeres es una constante. “El cuento del molinero” quizá sea el cénit de los conflictos conyugales en la obra de Chaucer.

El hijo fallecido

La mayor felonía cometida por el monje es el relato de la visión del hijo de sus anfitriones, recientemente fallecido. El fraile dice que desde su celda le vio llegar al cielo media hora después de morir, entonces cantó un Tedéum, himno católico de agradecimiento.
Las visiones y su capacidad de interceder se deben, según su relato, a su vida de privación, por eso los laicos no obtienen esos mismos réditos con sus oraciones.

Las alegorías de Séneca en el cuento

Además de la historia de los frailes bajo el culo del demonio, este relato incorpora otras crónicas breves, como las leyendas extraídas de “De la ira” de Séneca: “Pisón, el magistrado colérico”, (Libro I, sección 16); “El rey Cambises” (Libro III, sección 14) y “El arquero Ciro” (Libro III, sección 21). Las tres están relacionadas con la ira y sus consecuencias, y tratan de aquietar a Tomás frente a su esposa.
La incorporación de este tipo de relatos dentro del relato es muy común en Chaucer, aportan vivacidad y realismo a la composición del cuento.

El ruego del donativo

El discurso completo del clérigo es, en realidad, una preparación para solicitar un donativo. Cuando Tomás dice que no ha sentido ninguna mejoría a pesar de los ruegos y de las contribuciones el fraile se irrita, además, le recrimina que haya donado a otras congregaciones.
El monje recurre entonces a la construcción de un claustro para solicitar dinero abiertamente a su benefactor. Nombra también al apóstol Tomás que, según la tradición, llegó a Kerala, India, y fundó varias comunidades cristianas. Esta obra misionera se narra en los “Hechos de Tomás”, apócrifos.
Más adelante, al percibir que Tomás no parece dispuesto a darle dinero esta vez, el fraile implora un donativo para construir el claustro de la hermandad. Llegado a este punto, el religioso abandona la escolástica para reconocer que el convento debe 44 libras en piedras.
Tomás, finalmente, cede y le ofrece un donativo a cambio de que lo reparta equitativamente al llegar al convento.

El escudero sabio

Además de la enseñanza que recoge el fraile con su propia mano, hay otra moraleja. El fraile, que ahora sabemos que se llama Juan, es acogido por un segundo protector al que le cuenta lo sucedido en casa de su vecino, un escudero presente ofrece una solución para que todos los frailes reciban su parte del donativo, favoreciendo además al fraile Juan por su intercesión. La idea es saludada por los presentes, a excepción del fraile, y el escudero obtiene de su señor un trozo de tela suficiente para hacer un traje.
Los ejemplos irónicos son parte del humor de Chaucer. El autor moraliza desde una escatología muy alejada a la del apóstol Juan, en este caso, la sagacidad se debe premiar.

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Geoffrey Chaucer
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Geoffrey Chaucer (c. 1343-1400) es uno de los autores más importantes del siglo XIV. Chaucer no solo fue un prolífico poeta, también fue un funcionario público que trabajó para la corte, testigo de muchos de los eventos más importantes de su tiempo.

Primeros años

Geoffrey Chaucer nació alrededor del año 1343 en Londres, Inglaterra, en el seno de una familia de mercaderes de vino. Su padre, John Chaucer, era un próspero comerciante que tenía relación con la corte real, lo que facilitó que Geoffrey tuviera acceso a una educación de calidad y a un entorno social que le permitió conocer a importantes figuras de su época. Durante sus primeros años, Chaucer fue paje en la casa de la condesa de Ulster, allí estableció contactos importantes dentro de la nobleza.

Trabajo en la Corte

Chaucer tuvo una destacada carrera al servicio de la corte real. Sirvió como diplomático y administrador bajo el reinado de Eduardo III, Ricardo II y Enrique IV. En 1359, durante la Guerra de los Cien Años, Chaucer fue capturado por los franceses y, gracias a la intervención del rey Eduardo III, fue liberado mediante el pago de un rescate.
Durante su vida, Chaucer ocupó varios cargos importantes, incluyendo el de funcionario de aduanas del puerto de Londres y supervisor de obras reales. En 1386 fue elegido miembro del Parlamento por el condado de Kent, lo que le otorgó una perspectiva única sobre los asuntos políticos de su época. Estas experiencias se reflejaron en sus obras, que muestran un conocimiento detallado del funcionamiento de la sociedad medieval.

Escritura

Chaucer fue pionero al escribir en inglés en una época en la que la mayor parte de la literatura erudita inglesa se escribía en latín o francés.
Antes de «Los cuentos de Canterbury», Chaucer ya había escrito otras obras importantes como «El libro de la duquesa», un poema elegíaco en honor a Blanca de Lancaster, la primera esposa de Juan de Gante. También escribe «Troilo y Crésida», un romance trágico ambientado durante la Guerra de Troya que demuestra la habilidad de Chaucer para combinar el amor cortés con el drama. «La casa de la fama» y «El parlamento de las aves» son otras de sus obras destacadas, en las que se observa su interés por la alegoría y su conocimiento de la literatura clásica y contemporánea.

Estilo

Chaucer es conocido por su estilo versátil y su habilidad para captar la voz de diferentes personajes. Cada peregrino tiene su propio discurso, lo que permite a Chaucer explorar una amplia variedad de perspectivas y clases sociales. El humor y la ironía también son elementos característicos de su obra.
Chaucer fue influenciado por diversas tradiciones literarias, como la literatura francesa, la italiana y la clásica. Durante sus viajes como diplomático conoció la obra de importantes escritores como Dante, Petrarca y Boccaccio, cuyos trabajos dejaron una marca significativa en su propia producción literaria. En particular, la influencia de Boccaccio es notable en obras como “Troilo y Crésida” y en la estructura narrativa de “Los cuentos de Canterbury”.

Últimos años

En sus últimos años, Chaucer continuó trabajando para la corte y escribiendo. Se cree que pasó sus últimos días en una casa cercana a la Abadía de Westminster, gracias a una pensión que le fue otorgada por sus servicios a la corona. Geoffrey Chaucer falleció en el año 1400 y fue enterrado en la abadía de Westminster, convirtiéndose en el primer poeta en ser sepultado en lo que más tarde se conocería como el Poets’ Corner.
El legado de Chaucer en la literatura inglesa es inmenso. Su decisión de escribir en inglés vulgar contribuyó a la legitimación del idioma como vehículo para la literatura, además, la riqueza de sus personajes y su habilidad para representar la complejidad de la condición humana han hecho que sus obras sigan siendo apreciadas en la actualidad.
Las siguientes son algunas de sus obras principales, excluyendo “Los cuentos de Canterbury”.

El libro de la duquesa (c. 1369)

Es una de las primeras obras importantes de Chaucer, se trata de un poema elegíaco en honor a Blanca de Lancaster, la primera esposa de Juan de Gante, fallecida en 1369. Esta obra refleja la habilidad de Chaucer para combinar el lirismo y la sensibilidad en una elegía que honra la memoria de una figura importante de la corte.
A través de un sueño del narrador, Chaucer utiliza símbolos y alegorías para explorar temas como la pérdida, el amor y el duelo. El poema no solo es un homenaje personal, sino también un testimonio del talento temprano de Chaucer para expresar las emociones humanas profundas, combinando la introspección con una estructura literaria sofisticada.

Troilo y Crésida (c. 1385)

Se considera una de sus composiciones más importantes y complejas de Chaucer. Ambientada durante la Guerra de Troya, la historia sigue la trágica relación entre Troilo, un príncipe troyano, y Crésida, una mujer traicionada y llevada al campamento griego. Chaucer crea una historia que mezcla el amor cortés con el realismo psicológico, mostrando el cambio de sentimientos y la inestabilidad de las relaciones humanas. La obra destaca por su capacidad para retratar los dilemas emocionales y las contradicciones inherentes en el amor y la traición.
Chaucer aporta profundidad a los personajes, mostrando cómo los ideales románticos se ven frustrados por las circunstancias y el destino, lo que diferencia esta obra de otros romances de la época. “Troilo y Crésida” es un claro ejemplo de cómo Chaucer fue capaz de combinar influencias clásicas con su propia voz literaria.

La casa de la fama (c. 1380)

Poema alegórico en el que Chaucer reflexiona sobre la naturaleza de la fama y la gloria, y cómo estas pueden ser efímeras y caprichosas. La historia sigue al narrador mientras es llevado por un águila a un palacio celestial, donde se encuentra con personajes famosos y escucha cómo cuentan sus historias. Chaucer explora la idea de que la fama depende de la opinión pública y la manera en la que las historias pueden ser distorsionadas, perdiendo su veracidad. Se perciben en la obra influencias de la literatura clásica, como las de Virgilio y Ovidio.

 

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