El título podría prescindir de las comillas, Henrik Ibsen fue un enemigo de su propio pueblo, un entusiasta crítico de los defectos de la cultura luterana, si los hubiera. Las obras de Ibsen nos hablan de Oslo, Cristianía hasta 1925, de protestantismo militante y de sus espacios ocultos.
“Un enemigo del pueblo” supuso una reacción frente a sus críticos, un símbolo de su propia carrera como escritor y una de sus mejores obras dramáticas.
1877-1881, el comienzo de la crítica social
La Revolución Francesa y los autores alemanes propugnaron la centralidad de lo subjetivo en la literatura, en este contexto, la obra teatral de Henrik Ibsen había transcurrido por los cauces propios del romanticismo. La individualidad trajo la exaltación de los valores nacionales, la reivindicación del folklore patrio y el abandono de los temas comunes.
Las obras de Ibsen hasta 1873 son un intento por mostrar las raíces de su patria, entonces parte de la corona sueca. El hecho de no ser un país soberano fue lo que incentivó que la inteligencia noruega acogiera de inmediato los principios románticos y los mantuviera durante gran parte del XIX, como medio para destacar sus particularidades culturales.
Superar los valores nacionalistas
1877 es un año clave para la literatura de Ibsen. El año anterior produjo una de sus obras más célebres, “Peer Gynt”, la atención del público provocó un cambio en los temas de Ibsen. “Las columnas de la sociedad” en 1877, “Casa de muñecas” en 1879 y “Espectros” en 1881 suponen un escándalo en Noruega y en gran parte de Europa, Ibsen trata de justificarse mediante su siguiente texto.
Las obras mencionadas apartan un velo que esconde otra parte de la sociedad Noruega, una imagen extensiva a los países luteranos de final de siglo. La tormenta es inmediata y arrecia con la escritura de “Casa de muñecas”, para alcanzar su cénit con “Espectros” (título traducido también como “Fantasmas”), obra que tardó años en ser estrenada en Noruega.
De qué habla Ibsen a partir de 1877
Ibsen se autoexilia en el año 1864, sin embargo, tarda aún 13 años en escribir su primer drama social.
“Las columnas de la sociedad” comienza con la construcción de una línea ferroviaria que debería beneficiar a las regiones circundantes, este drama supone el comienzo del análisis social de Ibsen. En “Casa de muñecas”, Torvald Helmer se prepara para ser nombrado director de banco mientras Nora, su mujer, cuida de sus tres hijos. “Espectros” comienza con el proyecto de construcción de un orfanato dedicado a la memoria de un capitán fallecido. En los tres casos, las familias involucradas esconden una realidad muy alejada de la percepción general.
El alejamiento de Ibsen es lo que le permite crear circunstancias teatrales extremadamente realistas y llevar a cabo una crítica exhaustiva de una sociedad, en el fondo, corrupta. Es precisamente el concepto de corrupción lo que inquietó a los receptores de las obras de Ibsen.
La justificación de Ibsen a través de su obra
“Un enemigo del pueblo” no supone un paréntesis en los temas sociales de Ibsen, pero tiene un cariz diferente, debido a su relación directa con la situación personal del escritor.
El doctor Thomas Stockmann se convierte en un peligro público para sus vecinos. ¿Está el capital por encima de la verdad?, ¿implica la verdad la superación de los valores sobre los que se asientan ciertas sociedades?
Tanto las autoridades locales como la prensa imponen su autoridad a un pueblo que, en principio, apoya al doctor, pero acaba defendiendo la corrupción que implica ocultar la contaminación del balneario.
Existen en el catálogo de obras de Ibsen obras más icónicas, sin embargo, el trasfondo de “Un enemigo del pueblo” es de un interés mayor, debido a que es Ibsen quien habla a través de su personaje principal.
El final del drama es una declaración de intenciones del autor. Stockmann se propone fundar una escuela para crear ciudadanos libres, estos serán los que, en el futuro, cazarán lobos, en palabras del autor. La capacidad de crear ciudadanos libres es lo que le da a Stockmann la potestad de ser “el hombre más poderoso del mundo”.
Ibsen nos habla de un hombre cuyo principio insobornable es la verdad y que, además, está dispuesto a impartir su doctrina a quien desee seguirle.
El desarrollo y final de la fase social-realista
Para Ibsen, “Un enemigo del pueblo” no supone la culminación de su discurso social, todavía escribe dos obras cruciales, “El pato salvaje” (1884) y “La casa Rosmer” (1886). En ambas se empiezan a percibir imágenes que ya anticipan la tercera fase de su obra dramática, incluyendo símbolos como el pato herido que conservan los Ekdal.
Estas dos obras dramáticas no provocaron en su momento la indignación que habían producido las anteriores, quizá por el reproche que supuso “Un enemigo del pueblo”. Es posible que la sociedad noruega se sintiera señalada y se hubiera producido un cambio.
La vuelta de Ibsen y el teatro simbolista
En 1891 Ibsen vuelve a Noruega y se instala en Cristianía de manera definitiva. Pocos años antes había comenzado a explorar un nuevo lenguaje, basado en el simbolismo lírico de los poetas franceses. Baudelaire y Verlaine aportan un nuevo contexto poético que Ibsen va a adoptar en parte.
A lo largo del año 1899 Ibsen escribe su última obra, “Al despertar de nuestra muerte”, con claros rasgos simbolistas. A partir del año 1900, Ibsen va a sufrir una serie de incidentes médicos que le van a impedir continuar su obra, falleciendo en 1906.
La obra de Henrik Ibsen se puede abordar desde diferentes perspectivas, analizando partes tan concretas como el portazo al final de “Casa de muñecas” y sus consecuencias, o tomando los aspectos generales.
El carácter absolutamente realista de sus personajes, sus referencias a las tradiciones nórdicas o su relación con la religión cristiana son solo algunos de los temas sobre los que se pueden reflexionar en torno a este autor.
Henrik Ibsen, biografía y obras escogidas
Henrik Ibsen (1828-1906) fue un dramaturgo y poeta noruego, considerado uno de los padres del teatro moderno y una figura clave en la evolución del drama contemporáneo. Nacido el 20 de marzo de 1828 en Skien, Noruega, Ibsen creció en una familia de clase media. Su infancia estuvo marcada por la ruina económica de su padre, lo que influyó profundamente en su visión crítica de la sociedad y en su enfoque literario.
A los 15 años, Ibsen dejó su hogar y se trasladó a Grimstad, donde trabajó como aprendiz de farmacéutico. En su tiempo libre, comenzó a escribir y a soñar con una carrera literaria. Con 22 años se mudó a Cristianía para estudiar en la Universidad, aunque abandonó pronto los estudios formales para dedicarse al teatro.
Primeros trabajos en el teatro
Su primer trabajo como dramaturgo fue en 1850 con la obra “Catalina”, poco exitosa en aquel momento. Su vida teatral comenzó a tomar forma en Bergen, donde trabajó como director y dramaturgo residente en el Det Norske Theater, lo que le permitió mejorar su comprensión de la estructura dramática. A lo largo de la década de 1850 escribió varias obras que no llegaron a ser célebres, pero fue un período crucial para su desarrollo como escritor.
Autoexilio
En 1864 Ibsen se trasladó a Italia, donde comenzó su fase más productiva. Fue en el exilio, lejos de Noruega, donde escribió algunas de sus obras más importantes. En 1866 publicó “Brand”, una obra sobre un sacerdote idealista que le otorgó un reconocimiento inmediato. Este éxito fue seguido por “Peer Gynt” (1867), un drama épico que exploraba temas como la identidad y la moralidad, y que hoy se considera una de sus obras más importantes.
Sin embargo, fue en la década de 1870 cuando Ibsen alcanzó su cúspide creativa y revolucionó el teatro mundial. Obras como “Casa de muñecas” (1879), “Espectros” (1881) y “Un enemigo del pueblo” (1882) son ejemplos de su crítica social feroz y su enfoque realista.
Teatro, crítica y símbolo
Ibsen continuó explorando las complejidades de la psicología humana y los conflictos sociales en obras como “Hedda Gabler” (1890) y “El pato salvaje” (1884), donde profundizaba en los dilemas morales y las contradicciones de la vida burguesa. Su enfoque en la verdad como principio, la libertad individual y las tensiones sociales le convirtieron en un pionero del teatro moderno.
Henrik Ibsen falleció el 23 de mayo de 1906 en Cristianía. Hoy, su legado sigue siendo fundamental para el desarrollo del drama contemporáneo y su influencia se extiende a través de generaciones de escritores, directores y actores.
El desarrollo de sus temas
La obra de Ibsen atraviesa tres fases principales: la fase romántica, la realista y la simbolista. Durante su etapa romántica, Ibsen se inspiró en mitos nórdicos y temas épicos, explorando cuestiones filosóficas y existenciales.
En la fase realista abordó problemas sociales contemporáneos con un enfoque crítico, desafiando las normas de la sociedad burguesa. Finalmente, en su fase simbolista, Ibsen recurrió a metáforas y símbolos para explorar los conflictos internos de sus personajes.
Las siguientes obras representan cada una de las fases a las que hemos hecho referencia.
Peer Gynt (1867)
Es una de las obras más célebres de Ibsen, escrita durante su fase romántica. Es un drama épico y poético que sigue las aventuras de Peer, un joven soñador y rebelde que huye de su aldea en busca de fama, fortuna y satisfacción personal. A lo largo de su vida, Peer atraviesa una serie de situaciones fantásticas y realistas, desde su encuentro con trolls hasta su vida como comerciante de esclavos, sin embargo, Peer siempre elude la responsabilidad y las consecuencias de sus actos.
La obra es una reflexión sobre la identidad, el individualismo y la búsqueda del propósito vital. Su estilo mezcla lo onírico y lo real, lo que hace de «Peer Gynt» una obra compleja.
El pato salvaje (1884)
Se trata de un drama realista que trata temas como la verdad y las ilusiones que mantenemos para sobrevivir. La obra narra la vida de la familia Ekdal, cuya estabilidad se ve afectada cuando Gregers Werle llega a su hogar decidido a «revelar la verdad» sobre un oscuro secreto. La trama se complica cuando las verdades reveladas comienzan a destruir la aparente armonía familiar. El pato salvaje es un símbolo central de la obra, representando la vida de autoengaño y resignación.
La dama del mar (1888)
Pertenece a la fase simbolista de Ibsen y aborda la libertad personal y los deseos reprimidos. La protagonista, Ellida, está casada con el Dr. Wangel, pero sigue obsesionada con un antiguo amor. La obra explora la lucha interna de Ellida entre su sentido del deber y su anhelo de libertad. El mar, que aparece a lo largo de la obra, representa sus deseos y su deseo de escapar.
Últimas publicaciones
Todas las categorías






