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Susan Sontag me permite ahondar en la crítica de la crítica y mejorar mis estadísticas SEO, por eso no he tardado en analizar una de sus obras más importantes, “Contra la interpretación”.

Su vida y su obra hacen de esta figura del pensamiento occidental del siglo XX un tótem incomparable. Lejos de la imagen de otros críticos judeoamericanos, Sontag es apasionante, atractiva y polémica mucho más allá de los círculos académicos, de ahí que se haya convertido en un icono súbito que parece agrandarse con el paso del tiempo.

El concepto de interpretación

Sontag delimita la relación entre crítica e interpretación a mediados del siglo XX. Lo que define como crítica es un intento permanente por llenar de contenido cualquier manifestación artística, creando un subtexto que, coincidente o no con la intención del autor, completa la obra.

Para Susan Sontag, la crítica a través exclusivamente de la interpretación está vacía, debido a que su único fin sería la racionalización del arte sin aportar nada más a la obra ni al lector. Dos ejemplos clarifican la explicación de Sontag, la obra de Samuel Beckett y el Cantar de los Cantares.

Los libros sapienciales han sido objeto de numerosas interpretaciones a lo largo de los siglos, sirva como ejemplo Job. El Cantar de los Cantares es especialmente recurrente como objeto de pensamiento, debido a su carácter sensual y a su particularidad en comparación con otros textos bíblicos. Sontag nos dice que los intérpretes nos presentan innumerables explicaciones, todos ellos afirmando la realidad de su visión, pero dotar de contenido anexo el Cantar de los Cantares es desperdiciar su potencial como texto.

En términos más modernos, las obras de Beckett fueron analizadas desde numerosos puntos de vista (también la obra kafkiana se incluye como ejemplo en el ensayo). A la crítica no le valía el continente surrealista, demandaba otras explicaciones con las que Beckett sostenía todo tipo de estandartes.

En ambos casos la crítica crea subtextos, los pone en boca del autor y completa la obra artística que, imperativamente, queda incompleta hasta que la interpretación ilumina sus significados reales.

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Reacción contra la interpretación, la obra sin contenido

La reacción frente a la interpretación como único fin de la crítica proviene, en parte, del propio arte. Movimientos como el Pop Art vacían de significado la obra, ante esto, ¿qué interpretación podemos dar si el autor explicita que no cabe significado alguno? La crítica racional no dispone de ningún asidero ante un arte que se define vacío de contenido, cuya única posibilidad es lo sensual.

Artistas como Andy Warhol proponen una respuesta que induce a la crítica a un callejón sin salida. El arte solo se expresa tal y como se percibe, sin más mensaje.

En este punto, Sontag también coloca al cine como una forma de arte límpida, que no deja lugar a la interpretación debido a su independencia. El cine sería, por tanto, una sucesión de imágenes no interpretables, debido a que se explican por sí mismas. En poco tiempo la crítica demostró que, lejos de ser así, el contenido cinematográfico es altamente interpretable.

Forma, aparición y sensualidad

Sontag no concluye que el arte sea “inefable”, la respuesta está en otro punto de vista. Superar el contenido y su interpretación pasa por volver a la forma, el crítico debe ser capaz de crear un lenguaje que enriquezca la descripción de la forma artística yendo más allá de una primera reseña básica.

La superación de la crítica interpretativa también incluye la explicación acerca de la aparición de la obra de arte. Un análisis profuso sobre el origen y los antecedentes de una obra, aunque complejo, enmarca la obra. Este carácter historicista de la labor crítica, centrado en la parte sensual de la obra, evita la redundancia que, inevitablemente, provoca la interpretación.

Evitar la asimilación del arte al pensamiento o a la cultura sería el resultado de esta nueva crítica. En palabras de la autora: “Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más”.

Las referencias de la crítica actual

La forma de la crítica actual ha mutado drásticamente en las últimas décadas. Dejando a un lado las reseñas de la prensa, especializada o no, en las que se recomienda, o no, una manifestación cultural, la crítica cultural está lejos de ser exclusivamente interpretativa.

Junto a Sontag, han sido varias las personas que han teorizado o han puesto en práctica distintas visiones de la crítica cultural, dos son las figuras que han sobresalido en el primer cuarto de este siglo, George Steiner y Harold Bloom.

Ninguna de las teorías críticas desarrolladas por Bloom o Steiner propugna la vuelta a lo sensual, son más bien una reacción hacia la asimilación del arte como objeto cultural, pero comparten la idea de cambio de paradigma a partir de los años 60.

George Steiner escribe en 1963 que “la crítica existe gracias al genio de otros hombres”, una idea completamente contraria a la independencia que había concedido la Escuela de Frankfurt al crítico, situándolo incluso por encima del artista. George Steiner atribuye a la crítica un lugar “modesto y vital”, cuyo objetivo era determinar qué debía leerse, establecer vínculos intertextuales y añadir una medida ética. Este último concepto es fundamental en la crítica de Steiner.

Harold Bloom establece un canon literario general que posteriormente multiplica en obras menores. Más allá del polémico listado, en Bloom existe un análisis erudito que nos permite desentrañar nuevos signos en algunas de las principales obras de la literatura occidental.

En el análisis crítico actual, tanto la sublimación de los aspectos sensoriales del arte como su componente ético se han diluido, mientras la defensa de la obra y su encaje en la permanente discusión de la literatura comparada se han asentado como objetivos principales, al menos en la vertiente crítica literaria y, de forma similar, en la artística.

Ejemplo. Susan Sontag, “La muerte de la tragedia”

Existe un rasgo común en la crítica a partir de los años 60 del siglo pasado, las referencias. A medio camino entre la literatura comparada de Bloom y Steiner, y la idea de investigación del origen del texto de Sontag, la crítica cultural actual incluye abundantes referencias intertextuales que nos permiten seguir tanto el origen de un texto, como su impacto cultural a través de su onda expansiva.

Un ejemplo de ello es el ensayo “La muerte de la tragedia” de Susan Sontag, en el que nos desplazamos a través de Nietzsche, Sócrates, Chéjov, Shakespeare, Beckett, Sófocles, Racine y otros muchos.

Referenciando “Metateatro” de Lionel Abel, un autor poco conocido más allá del ámbito académico que llegó a ser traductor de Sartre, Sontag nos desvela las posibilidades de la tragedia después de la Grecia Clásica y discute lo que desde entonces hemos instalado bajo esa categoría.

Sontag se expresa a través de referencias y es este método el que caracteriza a la crítica contemporánea. No se trata de rellenar una bibliografía vacua en la que cabe cualquier nombre, lo que el crítico debe procurar es reforzar su tesis mediante ideas asentadas, sin que sea necesario su desarrollo. Aquí la capacidad y el bagaje del lector es imprescindible.
“La muerte en la tragedia” es solo uno de los muchos ejemplos de transformación, en sentido práctico, de la crítica literaria a partir de la teoría de Sontag que, además, abarcó otros ámbitos del arte y la cultura.

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Susan Sontag, biografía y obras escogidas

Susan Sontag (1933-2004) fue una de las intelectuales más influyentes del siglo XX, debido a su capacidad para abordar con profundidad diversos temas que incluyen desde la literatura y el arte hasta la política, la ética y la fotografía. Nació en Nueva York, pero pasó gran parte de su juventud en Arizona y California. Sontag ingresó a la Universidad de California, Berkeley, a los 16 años, pero se trasladó a la Universidad de Chicago donde completó su licenciatura. Más tarde estudió en Harvard, La Sorbona y Oxford, lo que cimentó su formación filosófica y literaria.

El pensamiento de Sontag estuvo marcado por su vasto conocimiento de la cultura europea y su afán por desentrañar las complejidades de la condición humana. A lo largo de su carrera escribió ensayos, novelas y crítica cultural y fue una figura destacada en la lucha por los derechos humanos y la igualdad. Sontag también fue una defensora apasionada del cine, la fotografía y las artes visuales. Es conocida por su estilo denso, desafiante y profundamente reflexivo, que explora las fronteras entre el arte, la política y la moralidad.

Sontag y su entorno

Sontag vivió en un período de grandes tensiones sociales y políticas que marcaron su obra. Desde el conflicto de Vietnam hasta la Guerra Fría, la intelectual neoyorquina se comprometió con causas progresistas, condenando las violaciones a los derechos humanos y el imperialismo.

Susan Sontag fue una de las mentes más brillantes de su época y una pensadora comprometida con su tiempo. Sus ensayos, siempre provocadores, invitan a reflexionar sobre cómo interactuamos con la cultura, el arte y la política. Sontag defendió el valor del pensamiento crítico, instando a la sociedad a no aceptar pasivamente la realidad, cuestionándola y analizándola. Su obra sigue siendo relevante hoy en día, en un mundo donde las imágenes y la información son omnipresentes y se consumen a un ritmo vertiginoso.

A lo largo de más de cuatro décadas de producción literaria, Sontag exploró la naturaleza de la representación cultural, la decadencia de la modernidad y la relación entre la vida y el arte. En sus ensayos fue capaz de expresar su mirada crítica sobre las costumbres contemporáneas y cuestionar las normas aceptadas, desafiando a sus lectores a repensar las formas en que entendían el mundo.

Obras destacadas de Susan Sontag

No voy a incluir sus diarios entre las obras escogidas, pero son imprescindibles para entender la magnitud de su personaje. A falta de la publicación del tercer volumen, retrasado por la imposible relación entre David Rieff (su hijo) y editores, “Renacida” y “La conciencia uncida a la carne” son textos imprescindibles para acercarse al pensamiento de Sontag.

«Contra la interpretación» (1966)

Este libro es uno de los más influyentes de Sontag. En el ensayo que da título a la colección, y que analizamos a continuación, Sontag desafía la crítica tradicional, además, sienta las bases de su posterior crítica a la teoría estética, proponiendo una forma más inmediata y emocional de relacionarse con el arte. Además del ensayo mencionado ,el volumen también incluye otros textos decisivos como “Notas sobre lo Camp” o “La muerte de la Tragedia”.

«Sobre la fotografía» (1977)

Sontag reflexiona sobre el papel de la fotografía en la cultura contemporánea y cómo ha transformado nuestra manera de ver el mundo. Argumenta que las fotografías no son solo representaciones objetivas de la realidad, sino que enmarcan y dan forma al modo en que experimentamos el mundo. Según Sontag, la fotografía tiene el poder de deshumanizar a las personas y los eventos que captura, convirtiéndolos en meros objetos de consumo visual.
También analiza el impacto de la fotografía en el sentido moral y estético de nuestra época, evaluando cómo se ha convertido en un medio omnipresente que influencia nuestra percepción de la violencia, la belleza y la política.

«La enfermedad y sus metáforas» (1978)

Las enfermedades son frecuentemente utilizadas como metáforas en nuestra cultura. Sontag explora el lenguaje que usamos para hablar sobre enfermedades, como el cáncer o la tuberculosis, y su carga de connotaciones morales y sociales. Estas metáforas, argumenta, no solo desinforman, también pueden ser dañinas para los pacientes al asociar la enfermedad con el estigma y la culpa. Sontag escribió este libro mientras luchaba contra el cáncer y su tono personal y urgente lo convierte en una obra muy poderosa.

«Bajo el signo de Saturno» (1980)

Esta colección de ensayos aborda figuras culturales que Sontag admiraba, desde el filósofo Walter Benjamin hasta el artista Antonin Artaud. Lo interesante en este caso es observar el análisis profundo que Sontag realiza de las personalidades que marcaron su propio pensamiento y cómo influyeron en su obra. A través de estos ensayos, Sontag evalúa la melancolía, el arte y la vida intelectual con su característico rigor y sensibilidad. En el ensayo sobre Benjamin, por ejemplo, Sontag ahonda en la relación del pensador con la historia y la memoria, dos temas que también marcarían la obra de la propia Sontag.

«El amante del volcán» (1992)

Esta novela histórica es una rareza dentro de la producción de Sontag, ya que se aparta de su usual estilo ensayístico para adentrarse en la ficción. Ambientada en el siglo XVIII, la novela gira en torno a la figura de William Hamilton, un diplomático británico y coleccionista de antigüedades que vivió en Nápoles, y su esposa Emma. A través de esta novela, Sontag trata temas como el poder, el deseo y la relación entre la cultura y la naturaleza.

«Ante el dolor de los demás» (2003)

En este ensayo, Sontag regresa al tema de la fotografía y la guerra, reflexionando sobre el papel que las imágenes de sufrimiento y violencia juegan en la cultura contemporánea. A diferencia de «Sobre la fotografía», en este libro Sontag es menos crítica con el poder de las imágenes y explora cómo las fotografías de guerra pueden despertar nuestra compasión y sentido de responsabilidad. Sin embargo, también se pregunta si la constante exposición a imágenes de violencia puede insensibilizarnos ante el sufrimiento ajeno.

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